El estado físico no se gana jugando

Alguna vez quise engañarme y autojustificar la compra de una consola de videojuegos para hacer ejercicios y reducir mis medidas. Hacer más activa una actividad tan sedentaria como venían siendo el videojuego hasta la aparición de Wii de Nintendo, Move de Playstation y Kinectic de Xbox, que comenzaron a ofrecer la experiencia virtual de jugar al golf, tener un personal trainner en el TV de casa o correr una maratón, a partir de los sensores que detectan los movimientos de nuestro cuerpo y los incluyen dentro de la experiencia de juego.

Sucede que ahora he encontrado la excusa ideal para no sentir más culpa y seguir jugando a mis juegos sedentarios favoritos. Una reciente investigación ha revelado que los videojuegos “activos” no mejoran en realidad el estado físico de sus usuarios.

El estudio fue revelado en la publicación oficial de la Academia de Pediatría de Estados Unidos –Pediatrics-, pero yo me enteré del hallazgo en un ensayo reciente de Randall Stross, de la Universidad de San Jose, publicado en el New York Times.

El Centro de Investigaciones en Nutrición Infantil del Baylor College Of Medicine, en Houston, se percató primero que adultos y chicos que usaban videojuegos actividos en un entorno de laboratorio ideal realizaban una actividad física moderada y hasta enérgica durante un tiempo breve.

De la investigación participaron chicos de entre nueve y doce años, con un índice de masa corporal por encima del promedio y en cuyos hogares no había con anterioridad una consola de juegos. A cada uno se le entregó una consola Wii. Al azar, se asignó que una mitad del grupo podía elegir entre los cinco juegos más exigentes en el plano físico. La otra mitad podía elegir entre los juegos pasivos más populares.

Los participantes utilizaron medidores de aceleración para registrar su actividad física durante trece semanas. El estudio “no halló pruebas de que los chicos que recibieron los videjuegos de esfuerzo tuvieran una mayor actividad en general, ni en ningún momento específico que los que recibieron los videojuegos pasivos”, cita Stross en su artículo del NYT.

“Cuando se recomienda una mayor actividad física, la actividad en general sigue siendo la misma porque se la compensa mediante la reducción de otras actividades físicas”, opinó Anthony Barnett, participante de la experiencia y consultor de la Universidad de Hong Kong.

Cambiar la conducta sedentaria es difícil, señala el doctor Charles T. Cappetta, miembro del comité ejecutivo del Consejo de Medicina del Deporte de la Academia de Pediatría de Estados Unidos. “Puede parecer que los videojuegos activos son una solución más fácil para sacar a los chicos del sofá, pero como lo demuestra este estudio y otros, no lo consiguen”, dice el médico. En su opinión, los deportes fuera de casa siguen siendo los mejores en términos cardiovasculares.

Otra investigación, pero de hace más de un año, ya había demostrado algo parecido. Scott Owens y sus colegas de la Universidad de Mississippi entregaron juegos Wii Fit a ocho familias. Uno de los hallazgos más importantes fue la drástica disminución del uso pasada las primeras seis semanas. Toda la familia uso el videojuego un promedio de 22 minutos diarios durante las primeras seis semanas, pero sólo cuatro minutos por día en las seis semanas siguientes. Los registros de estado físico no arrojaron cambio alguno.

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