Too much, too soon: los chicos y las tecnologías de la información

Los pibes de hoy desarrollan una especial relación con las tecnologías de la información. Antes los jóvenes se emancipaban a través del trabajo, el estudio o el matrimonio. Ahora una nueva vía de escape se suma a las restantes: el consumo y la conectividad.

Mucho tiene que ver el entorno en el que crecieron y en el que siguen desarrollándose. La personalidad de los jóvenes de hoy (los adultos que vienen) está directamente relacionada con el niño que alguna vez fueron. Un niño hiperestimulado, hiperinformado, que tiene acceso a mucha tecnología muy pronto.

“Dicen los libros que la niñez termina cuando empieza la adolescencia. Hace un tiempo, esto era a los 14, 15 años. Ahora es mucho antes. Los chicos de 11 ya tienen nostalgia de la niñez … Parecería que en los tiempos que corren hay que correr. La celeridad imperante apura todo, hasta los procesos de crecimiento”, reflexiona la periodista Mariana Iglesias.

Con tanta estimulación, los chicos de hoy ya se sienten grandes. “Los expertos coinciden en que la edad de jugar con juguetes se acortó tres años en dos décadas”, agrega Iglesias en un informe publicado en el diario Clarín. ¿Que ha venido a suplantar a soldaditos y muñecas? Al momento de los regalos y los pedidos,  los chicos prefieren hoy celulares, computadoras, tablets. Todos chiches tecnológicos.

Y es que los padres de hoy sienten que estas tecnologías los ayudan a estar más cerca de sus hijos. No aggiornarse les puede costar problemas de comunicación en el futuro. De hecho una encuesta de D’Alessio IROL parece confirmar tal lógica: el 59% de los adultos confiesa que gracias a las nuevas herramientas digitales y las TIC el contacto que tienen con sus hijos es mayor al que tenían con sus respectivos padres en el pasado.

En este nuevo contexto – cita el informe de Iglesias – los padres 2.0 son mucho más afectivos y comprensivos con sus hijos y, en consecuencia, los chicos se identifican con ellos. Entrevistada por Clarín, la psicóloga Claudia Messing habla de “simetría inconciente”: es un cambio psíquico por el cual desde más temprana infancia los niños copian a sus padres como si estuvieran frente al espejo, se mimetizan con ellos, con sus emociones y sus historias. “Por eso les cuesta tanto madurar, poder registrar al otro como diferente y ponerse en su lugar. Quedan ubicados en un lugar de paridad con el adulto, de pseudoadultez y autosuficiencia imaginaria, de saber y poder, que los confunde, hiperexige y fragiliza. Los hijos copian a los padres pero no los internalizan como figuras protectoras, no se apoyan en ellos emocionalmente, y quedan solos, de ahí los temores y las fobias”, dice Messing.

A estos padres les encanta que sus hijos sean rapidísimos, que lean y escriban a los cuatro años – dice Juan Vasen, psiquiátra infantil. “Los chicos están hiperestimulados, hiperinformados, opinan de todo. La precocidad avanza, el crecimiento se acelera, pero el chico no puede manejarlo y por eso se pone ansioso y después lo medicamos”, sigue Vasen.

“Una patología de la época es que los padres desean que sus hijos sean exitosos. La felicidad no está ahí ni en los regalos, está en los vínculos”, concluye Andrés Rascovsky, presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

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Aquí están, estos son los jóvenes de la generación Ni-Ni

Leyendo el libro de Alejandro Shujman caí en la cuenta de que Andrés Goddzer de Graduados, la tira más vista en Argentina, con 2,4 millones de televidentes todas las noches, en promedio, sólo en Buenos Aires, es uno de esos jóvenes de la generación Ni-Ni: jóvenes sin proyectos que ni estudian, ni trabajan.

“Ni-Ni no se nace, se hace”, define el psicólogo que desde hace varios años se dedica al tratamiento de niños, adolescentes y familias, especializándose en el área de orientación a padres. Y agrega que se refiere específicamente a hombres y mujeres de entre 17 y 30 años, que viven aún con sus padres, abuelos o tíos, sin proyectos de trabajo, vocación, ni perspectivas de crecimiento personales. Los describe además como temerosos, indecisos, paralizados en su proceso de crecimiento, sin capacidad de tomar decisiones, instalados en el confort del hogar familiar.

“Andy”, el famoso Ni-Ni de los millones de seguidores, puede encuadrarse dentro de la categoría mixta, que define Shujman. Se trata de hombres y mujeres que han concluido algún estudio y tienen empleo que quizás les permitiría independizarse de la familia, “pero no lo hacen ni lo sueñan”, cita el autor, y agrega: “suelen justificar su estancamiento en cuestiones organizativas de su vida, proyectos que quieren concretar antes de invertir en el despegue”.

La investigación de Shujman, reveló que el término Ni-Ni surgió hace aproximadamente dos años en España, a partir de un estudio del Instituto Nacional de Estadística, en donde una encuesta sobre la población activa contabilizó a unos 710.000 dentro de la categoría Ni-Ni. En Argentina, el autor calcula la existencia de unos 900.000 jóvenes Ni-Ni. “Son el resultado de múltiples variables, y en particular son fundamentales la ausencia de políticas sociales y las serias dificultades de los padres a la hora de dejar y marcar el rumbo”, concluye.

El autor del libro “Generación Ni-Ni” (Lumen, 2011, 176 págs.), considera a los mundos virtuales como tierra fértil para la actitud Ni-Ni. “Los Ni-Nis no estudian de manera sostenida, no trabajan de forma consistente, ni tampoco suelen formar vínculos estables y duraderos”, dice. El actual panorama que abren las redes sociales – considera Shujman – no hacen otra cosa que tercerizar la industria del encuentro, abonar una pandemia de soledades y favorecer la indefinición de los Ni-Ni.

“Los amigos virtuales son en realidad la ilusión de la pertenencia”, “La hiperconexión engaña”, sentencia el psicólogo y concluye: “El problema se presenta cuando esta vía suplanta otras que tienen que ver con el encuentro genuino”.

La realidad muestra algo distinto al oscuro panorama planteado por Shujman. De hecho una reciente investigación del Ministerio de Educación de la Nación desestima tales conclusiones y confirma que aún en pleno auge de las tecnologías, el 65% de los jóvenes argentinos prefiere salir con sus amigos ante que cualquier otra actividad de esparcimiento u ocio.

Según el estudio coordinado por Roxana Morduchowicz, el chateo no anula ni sustituye la vida social de los jóvenes, ya que los chicos usan la computadora para chatear con quienes más eligen “salir con amigos” como primera opción para un día divertido (el 70% frente al 50% de quienes no chatean). “La sociabilidad directa y la electrónica, entonces, se complementan. La gente joven que usa frecuentemente Internet sigue igualmente frecuentando la calle, gozando la fiesta de fin de semana y prefiriendo la compañía al aislamiento”, afirma Morduchowicz en su libro “La generación multimedia” (Paidós, 2008, 128 págs.)

Intentar comprender las dinámicas y culturas juveniles – de los Ni-Ni y los Ni-tanto – nos exige, al menos, despojarnos de moralismos innecesarios. Las tecnologías ni convierten en androides a las personas ni tampoco son la panacea. Son parte del mundo hoy, caracterizan el actual modo de comunicarse de muchas personas. Renegar contra eso puede conducirnos a un callejón sin salida. La idea – aconseja Morduchowicz – es pensar y analizar al joven a partir del lugar que ellos se encuentran y no desde dónde la sociedad cree que están o pretende que estén. “Posiblemente ésta sea una manera diferente de acercarse a la cultura de las nuevas generaciones”, remata.