El desafío de enseñar en tiempos de “San Internet”

Docentes de todos los niveles se han declarado en crisis: nunca antes han tenido tantos recursos para enseñar, tantas opciones de capacitación y actualización a su disposición y, sin embargo, nunca como ahora han tenido tantas dificultades para “conectar” con sus alumnos. Los profesores admiten que hoy su rol no está del todo claro y que tienen problemas para motivar a los chicos que confían más en Google y Wikipedia que en el ser humano que tienen delante a diario.

“No debe haber hoy trabajo más difícil que ser profesor y, al mismo tiempo, cada vez pagamos menos a los docentes y deterioramos sus condiciones de trabajo”, dijo Juan Carlos Tedesco, profesor e investigador de la Universidad General San Martín y ex ministro de Educación de la Nación, a un diario porteño, en una entrevista reciente.

Uno de los motivos que dificultan la tarea docente hoy – añade Jason Beech en un artículo publicado este año en La Nación – es la falta generalizada de certezas sobre qué es lo que se debe enseñar y qué es lo que se espera que sepa un joven.

“Cuando yo enseñaba, lo que decía el maestro era sagrado”, recuerda Marta Ochoa, una maestra del siglo pasado que este año cumplió 82. La experiencia de Marisa, su hija, de 48,  docente de música de cuarto a séptimo grado de primaria y profesora de estética y artes combinadas en el secundario, es muy diferente. “En un mismo grupo podés tener chicos cuyos padres esperan que su hijo aprenda lo mínimo y vienen y te dicen: “No le jodas la vida”, y otros que quieren que aprenda un montón de cosas”.

Para Jason Beech, director de la Escuela de Educación de la Universidad San Andrés, el desafío es pedagógico. “Hasta hace poco se usaban recursos puramente demostrativos. Se leían los datos de un libro de texto y se veían fotos. El niño era sujeto pasivo. Hoy se ve al niño como sujeto activo y se espera más una pedagogía centrada en el hacer; es decir, que se plantea que el chico piense, reflexione, vincule”.

Así lo entiende también Cecilia, la nieta de Marta Ochoa. “Hace algunos años di clases de geografía a un chico y estudiábamos con una página de internet con mapas interactivos. Es mucho más atractivo y menos aburrido”, dijo.

Con 17 años de experiencia docente, su madre, Marisa, comenta: “los niños ahora tienen la concepción de que antes que el maestro está San Internet. Si yo lo digo es cuestionable, pero si lo leyó en Wikipedia no lo dudan”.

El resultado frecuente: chicos aburridos y docentes frustrados. La naturalización de este problema alarma. Un estudio difundido por Poliarquía en octubre de 2012 revela que sólo el 11% de los sub-18 considera a la educación como un problema que afecte a los jóvenes.

La característica distintiva de esta generación sub-18 – dice el informe de La Nación – es estar atravesada por la tecnología. A esa conclusión llega el estudio de Poliarquía sobre los hábitos, actitudes y valores de los jóvenes encuestados (63% del Gran Buenos Aires y 37% de Capital Federal). Es que las horas frente a una pantalla de televisión quedaron superadas por las que pasan frente a las pantallas de una computadora, de una netbook o de un celular con conexión a internet.

“Algo distingue a los actuales adolescentes de las generaciones pasadas. No se trata del tiempo que le dedican y la pasión que tienen por la música, ni de su relación con las drogas y el alcohol. Lo que los hace diferentes es que Internet es un eje central de sus vidas” – opina Alejandro Catterberg -, una realidad que hasta suele ser mal vista y castigada por los docentes de generaciones anteriores.

El desafío pasa entonces por cómo integrar efectivamente el mundo digital al aula. Una tarea que muchos ensayan erróneamente de la mano de Power Point: las diapositivas por sí solas no solucionarán nada si se piensan con la misma lógica que una de esas clases que aburren a los chicos. Las TIC deben encuadrarse como real valor agregado y facilitar el aprendizaje; no vale decir lo mismo pero con espejitos de colores.

¿Subyace aquí un mero problema de conexión entre alumnos y docentes? Problemas de comunicación entre generaciones? O estamos hablando de mucho más que eso? Para Guillermina Tiramonti, coordinadora académica y profesora de la Maestría en Ciencias Sociales de FLACSO, “no hay aprendizaje posible si no se construye un vínculo con el alumno de respeto y de generosidad para enseñar. Hay chicos difíciles, pero también hay muchos más que esperan aprender y a un docente con voluntad de enseñarles”.

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Too much, too soon: los chicos y las tecnologías de la información

Los pibes de hoy desarrollan una especial relación con las tecnologías de la información. Antes los jóvenes se emancipaban a través del trabajo, el estudio o el matrimonio. Ahora una nueva vía de escape se suma a las restantes: el consumo y la conectividad.

Mucho tiene que ver el entorno en el que crecieron y en el que siguen desarrollándose. La personalidad de los jóvenes de hoy (los adultos que vienen) está directamente relacionada con el niño que alguna vez fueron. Un niño hiperestimulado, hiperinformado, que tiene acceso a mucha tecnología muy pronto.

“Dicen los libros que la niñez termina cuando empieza la adolescencia. Hace un tiempo, esto era a los 14, 15 años. Ahora es mucho antes. Los chicos de 11 ya tienen nostalgia de la niñez … Parecería que en los tiempos que corren hay que correr. La celeridad imperante apura todo, hasta los procesos de crecimiento”, reflexiona la periodista Mariana Iglesias.

Con tanta estimulación, los chicos de hoy ya se sienten grandes. “Los expertos coinciden en que la edad de jugar con juguetes se acortó tres años en dos décadas”, agrega Iglesias en un informe publicado en el diario Clarín. ¿Que ha venido a suplantar a soldaditos y muñecas? Al momento de los regalos y los pedidos,  los chicos prefieren hoy celulares, computadoras, tablets. Todos chiches tecnológicos.

Y es que los padres de hoy sienten que estas tecnologías los ayudan a estar más cerca de sus hijos. No aggiornarse les puede costar problemas de comunicación en el futuro. De hecho una encuesta de D’Alessio IROL parece confirmar tal lógica: el 59% de los adultos confiesa que gracias a las nuevas herramientas digitales y las TIC el contacto que tienen con sus hijos es mayor al que tenían con sus respectivos padres en el pasado.

En este nuevo contexto – cita el informe de Iglesias – los padres 2.0 son mucho más afectivos y comprensivos con sus hijos y, en consecuencia, los chicos se identifican con ellos. Entrevistada por Clarín, la psicóloga Claudia Messing habla de “simetría inconciente”: es un cambio psíquico por el cual desde más temprana infancia los niños copian a sus padres como si estuvieran frente al espejo, se mimetizan con ellos, con sus emociones y sus historias. “Por eso les cuesta tanto madurar, poder registrar al otro como diferente y ponerse en su lugar. Quedan ubicados en un lugar de paridad con el adulto, de pseudoadultez y autosuficiencia imaginaria, de saber y poder, que los confunde, hiperexige y fragiliza. Los hijos copian a los padres pero no los internalizan como figuras protectoras, no se apoyan en ellos emocionalmente, y quedan solos, de ahí los temores y las fobias”, dice Messing.

A estos padres les encanta que sus hijos sean rapidísimos, que lean y escriban a los cuatro años – dice Juan Vasen, psiquiátra infantil. “Los chicos están hiperestimulados, hiperinformados, opinan de todo. La precocidad avanza, el crecimiento se acelera, pero el chico no puede manejarlo y por eso se pone ansioso y después lo medicamos”, sigue Vasen.

“Una patología de la época es que los padres desean que sus hijos sean exitosos. La felicidad no está ahí ni en los regalos, está en los vínculos”, concluye Andrés Rascovsky, presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina.