Los dilemas del joven digital en el mundo real

Qué viven conectados. Qué todo lo solucionan con sus computadoras. Qué son proactivos, inteligentes, creativos. Qué su poder de indignación está cambiando el mundo. Qué están muy bien formados. La cosmovisión que el mundo adulto construye de las juventudes de hoy parece no estar coincidiendo con algunos aspectos de la realidad: las estadísticas de diversos países, de distintos continentes, están alertando sobre que el sistema económico mundial no está absorbiendo a los jóvenes tal como se esperaba ¿Un problema que no se quiere ver? ¿Una nueva burbuja que estalla?

Libros, ensayos y artículos recientes imaginan la inserción de las generaciones más jóvenes al mundo económico. Muchos, con discursos optimistas, intentan describir los principales desafíos para organizaciones con distintos fines. Casi todos, dan por hecho la inyección de vitalidad, creatividad, pragmatismo y dinamismo a las empresas e instituciones, mucho de lo cual se lo atribuyen al know how digital que los chicos llevan impreso en su ADN. Los jóvenes de la Generación Z (nacidos a principios del siglo XXI) “serán los primeros que habrán jugado en su infancia con dispositivos tecnológicos como el iPad y los smartphones, que pertenecen al mundo del trabajo. Así, los jóvenes Z tendrán ya una ventaja de capacitación y entrenamiento que anteriores generaciones”, dice Alejandro Mascó, socio de Oxford Partners.

Pero este mensaje optimista (que muchas veces contiene argumentos válidos) se fragiliza hoy ante la dura realidad. Lejos de los buenos pronósticos y los casos exitosos de jóvenes que en sus garages han sembrado la semilla de corporaciones multimillonarias, se encuentran miles de jóvenes que no han corrido con la misma suerte. La crisis económica desatada en 2007 ha afectado especialmente a los más jóvenes: según datos de la OIT el desempleo golpea en 2013 al 12,6% de la población juvenil mundial, llegando casi al 30% en oeste medio y al 18% en Europa; Asia ostenta los índices más bajos, en torno al 9%; Latinoamérica se acerca al 14%. La situación está lejos de mejorarPara todas las regiones, la OIT proyecta un incremento en 2017 del número de desempleo joven.

En Argentina, muchos jóvenes comienzan por internet, que es donde más seguros se sienten: cargan sus interesantes currículums vitae en la web, realizan entrevistas virtuales, aprovechan la fuerza de las redes sociales para sinergizar su perfil, tienen las condiciones, pero así mismo pasan meses sin conseguir el tan ansiado empleo. “Se sienten descorazonados por las respuestas que en cada entrevista a la que van. Para los jóvenes, el desempleo es un motivo de angustia y no le encuentran salida. Los jóvenes que buscan trabajo dicen que se encuentran ante un mercado que los rechaza”, relata un informe del suplemento iECO del diario Clarín.

Europa es quizás el lugar del planeta en dónde más debate se está dando en torno al problema del desempleo juvenil.  Una cuarta parte de los jóvenes entre 18 y 25 años en Amberes (Bélgica) está desempleada, un índice que era del 19% en 2008. En algunas partes de Bruselas, la rica capital de la Unión Europea (UE), el desempleo juvenil llega al 40%. En Francia, Gran Bretaña y Suecia, uno de cada cinco jóvenes está ahora sin empleo.  En España, donde el desempleo juvenil trepa al 50%, miles de jóvenes con Maestrías y Doctorados, entre otros títulos de alta cualificación, han iniciado un éxodo que los lleva a buscar trabajo en otros países más estables como Alemania, aunque también los empuja a buscar suerte en economías emergentes.

El problema de hoy puede tener un gran impacto en la Europa del futuro, revela un informe de La Nación. El Banco Mundial estima que la fuerza de trabajo del continente se reducirá en 50 millones de personas en los próximos 50 años. Se necesitarán nuevos trabajadores capacitados y con experiencia para mantener a una población envejecida. “La gente joven está siendo marginada, y eso conlleva enormes consecuencias económicas”, dijo Francis Robert, un experto en empleo en Bruselas.

En Italia, uno de los países más afectados por la crisis, el sector empresario ha advertido a través de una carta pública a los comisarios económicos de la UE que sin mayor trabajo para los jóvenes crecerá la rebelión popular. Y es que allí casi el 40% de los jóvenes entre 19 y 25 años no tiene trabajo. Y quien lo consigue tampoco está en una situación ejemplar: la paga media en Italia a las personas de este rango de edad no supera los 1.100 euros, 31% menos que la de un trabajador adulto.

Estados Unidos también siente el impacto de un problema que se globaliza. “En este país se espera que cada generación le vaya mejor que a la anterior. Ya no es así”, concluyó la investigadora Caroline Ratcliffe. Su análisis es a la luz de un informe que revela que los jóvenes norteamericanos están creando menos riqueza que sus padres.

La investigación, encargada por el Urban Institute, una institución de análisis sin fines de lucro de Washington, muestra cómo una suerte de tormenta perfecta de tendencias económicas golpea a los trabajadores jóvenes. Una es el derrumbe de la burbuja inmobiliaria; otra es el incremento de la deuda por préstamos de estudio, que ha seguido creciendo durante la recesión; y por último, los trabajadores jóvenes enfrentan un mercado laboral brutal desde hace cinco años, en donde casi el 8% de las personas de entre 25 y 34 años no tiene trabajo, un 3% más que el promedio.

“Un amplio espectro de factores económicos conspira para impedir la generación de riqueza de los trabajadores más jóvenes del país, que se encuentran ante sueldos estancados, además de enfrentar un derrumbe inmobiliario y una creciente deuda por créditos de estudio”, analiza Annie Lowrey en el New York Times. Pearl Brady, por ejemplo, gana unos 1.800 dólares por mes, pero paga parte de sus estudios de grado y posgrado con créditos que hasta ahora le cuestan alrededor de 400 dólares mensuales (el 22% de su paga). Esto lleva a que muchos jóvenes como ella, en Estados Unidos y en muchas partes del mundo, tengan que vivir en la casa de sus padres, ya que lo que ganan no alcanza para costear la emancipación.

La precarización laboral es otro flagelo que atenta contra la inserción de los jóvenes al mercado laboral. “Los que tienen veintitantos años están aprendiendo que largas jornadas y bajos sueldos caracterizan el inicio de una carrera en los campos creativos. La recesión en los Estados Unidos hace difícil conseguir un primer empleo, donde centenares de aspirantes compiten por pasantías no rentadas en las que se espera que estén a disposición, teléfono inteligente en mano, para twitear y representar a la compañía a todas horas”, comenta Teddy Wayne en el New York Times.

Según un informe de Pew, el promedio del patrimonio neto de menores de 35 años retrocedió el 68% entre 1984 y 2009, llegando a los 3.662 dólares. Esto contrasta con el aumento del 42% en el mismo periodo que registró el patrimonio de los mayores de 65 años.

Uno de los factores críticos en esta situación, según Wayne, es la prolongación de condiciones de trabajo que fueron concebidas en sus inicios como transitorias, pero que ya no lo son. “Las pasantías fueron alguna vez un compromiso a corto plazo, pero se han convertido en un rito de iniciación que suele prolongarse años”, concluye Teddy Wayne.

¿Hay lugar para el joven en el mundo laboral actual? ¿Es sólo un problema de coyuntura macroeconómica o el mundo adulto no está listo aún para dejar ingresar al mercado a las nuevas generaciones? ¿Condicionará esta situación el tan comentado impulso creativo juvenil? Preguntas a las que brevemente habrá que encontrar respuestas, o al menos confrontar con propuestas reales.

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El desafío de enseñar en tiempos de “San Internet”

Docentes de todos los niveles se han declarado en crisis: nunca antes han tenido tantos recursos para enseñar, tantas opciones de capacitación y actualización a su disposición y, sin embargo, nunca como ahora han tenido tantas dificultades para “conectar” con sus alumnos. Los profesores admiten que hoy su rol no está del todo claro y que tienen problemas para motivar a los chicos que confían más en Google y Wikipedia que en el ser humano que tienen delante a diario.

“No debe haber hoy trabajo más difícil que ser profesor y, al mismo tiempo, cada vez pagamos menos a los docentes y deterioramos sus condiciones de trabajo”, dijo Juan Carlos Tedesco, profesor e investigador de la Universidad General San Martín y ex ministro de Educación de la Nación, a un diario porteño, en una entrevista reciente.

Uno de los motivos que dificultan la tarea docente hoy – añade Jason Beech en un artículo publicado este año en La Nación – es la falta generalizada de certezas sobre qué es lo que se debe enseñar y qué es lo que se espera que sepa un joven.

“Cuando yo enseñaba, lo que decía el maestro era sagrado”, recuerda Marta Ochoa, una maestra del siglo pasado que este año cumplió 82. La experiencia de Marisa, su hija, de 48,  docente de música de cuarto a séptimo grado de primaria y profesora de estética y artes combinadas en el secundario, es muy diferente. “En un mismo grupo podés tener chicos cuyos padres esperan que su hijo aprenda lo mínimo y vienen y te dicen: “No le jodas la vida”, y otros que quieren que aprenda un montón de cosas”.

Para Jason Beech, director de la Escuela de Educación de la Universidad San Andrés, el desafío es pedagógico. “Hasta hace poco se usaban recursos puramente demostrativos. Se leían los datos de un libro de texto y se veían fotos. El niño era sujeto pasivo. Hoy se ve al niño como sujeto activo y se espera más una pedagogía centrada en el hacer; es decir, que se plantea que el chico piense, reflexione, vincule”.

Así lo entiende también Cecilia, la nieta de Marta Ochoa. “Hace algunos años di clases de geografía a un chico y estudiábamos con una página de internet con mapas interactivos. Es mucho más atractivo y menos aburrido”, dijo.

Con 17 años de experiencia docente, su madre, Marisa, comenta: “los niños ahora tienen la concepción de que antes que el maestro está San Internet. Si yo lo digo es cuestionable, pero si lo leyó en Wikipedia no lo dudan”.

El resultado frecuente: chicos aburridos y docentes frustrados. La naturalización de este problema alarma. Un estudio difundido por Poliarquía en octubre de 2012 revela que sólo el 11% de los sub-18 considera a la educación como un problema que afecte a los jóvenes.

La característica distintiva de esta generación sub-18 – dice el informe de La Nación – es estar atravesada por la tecnología. A esa conclusión llega el estudio de Poliarquía sobre los hábitos, actitudes y valores de los jóvenes encuestados (63% del Gran Buenos Aires y 37% de Capital Federal). Es que las horas frente a una pantalla de televisión quedaron superadas por las que pasan frente a las pantallas de una computadora, de una netbook o de un celular con conexión a internet.

“Algo distingue a los actuales adolescentes de las generaciones pasadas. No se trata del tiempo que le dedican y la pasión que tienen por la música, ni de su relación con las drogas y el alcohol. Lo que los hace diferentes es que Internet es un eje central de sus vidas” – opina Alejandro Catterberg -, una realidad que hasta suele ser mal vista y castigada por los docentes de generaciones anteriores.

El desafío pasa entonces por cómo integrar efectivamente el mundo digital al aula. Una tarea que muchos ensayan erróneamente de la mano de Power Point: las diapositivas por sí solas no solucionarán nada si se piensan con la misma lógica que una de esas clases que aburren a los chicos. Las TIC deben encuadrarse como real valor agregado y facilitar el aprendizaje; no vale decir lo mismo pero con espejitos de colores.

¿Subyace aquí un mero problema de conexión entre alumnos y docentes? Problemas de comunicación entre generaciones? O estamos hablando de mucho más que eso? Para Guillermina Tiramonti, coordinadora académica y profesora de la Maestría en Ciencias Sociales de FLACSO, “no hay aprendizaje posible si no se construye un vínculo con el alumno de respeto y de generosidad para enseñar. Hay chicos difíciles, pero también hay muchos más que esperan aprender y a un docente con voluntad de enseñarles”.

Verdades e ilusiones de un nativo digital: “estamos teniendo la conversación más grande de la historia”

Los jóvenes no solamente tienen voluntad de cambio, sino también de poder. Los jóvenes de verdad habitan en las redes sociales, en donde están protagonizando la conversación más grande de la historia. Los pensamientos se disparan de la mente acelerada de uno de los emprendedores más exitosos de la Argentina. Santiago Siri tiene 29 años y apuesta a la “ebullición creativa” de la web e imagina un futuro en el que el software amplíe y mejore la participación democrática.

La entrevista a Santiago publicada en el diario La Nación me llevó a dos lugares: una vieja sala de cine en dónde se proyectaban velozmente una saga de verdades en un lenguaje directo y sin rebusques (característico de las nuevas generaciones), y una isla desierta, con espejismos incluidos.

Empecemos por la sala de cine. Este emprendedor, que en sólo una década de juventud fundó una decena de iniciativas (actualmente lidera Grupo 42), cantó las cuarenta en una página entera que le dedicó el suplemento Enfoques, aunque a continuación sólo liste sólo siete de los comentarios que me parecieron más interesantes:

  • “Concebir internet con mentalidad del almacenero que quiere hacer plata es una interpretación muy burda. La economía basada en lo industrial, la economía del siglo XIX o XX, busca fundamentalmente ser eficiente porque los recursos eran escasos y la escasez requiere de eficacia. Pero en internet no hay recursos escasos. Al contrario, hay abundancia de información”.
  • “Van a surgir miles de Leonardos. Hoy entendemos que no es que el negocio es una cosa, el arte es otra y la ciencia es otra, sino que son los tres partes del mismo misterio”.
  • “Hubo un despertar generacional muy global a partir del uso de las redes sociales”.
  • Pensar que Axel Kicillof es un funcionario joven no tiene sentido. Kiciloff sólo es joven a los ojos de Cristina. Es un joven con patillas, una camisa que parece de Sandro y tiene 41 años. Es representante de lo que era la juventud de los 70, no de lo que es la juventud ahora. La Cámpora se inspira en un político que era un presidente en el año 73, hace 40 años. La juventud para mí, está en las redes sociales”.
  • “Los jóvenes de otras épocas -los hippies, los del Mayo Francés- tenían las ideas y las ganas, pero no tenían los instrumentos. Nuestra generación no solamente tiene la voluntad de cambio y el romanticismo inherente a la juventud sino que también tenemos el poder. Poder son las redes sociales. Nosotros las manejamos mejor que nadie“.
  • “La imprenta disrumpe cultura, economía y política como ningún otra. Pero es una tecnología de información de hace cinco siglos atrás. Ya no sirve más porque la realidad de hoy es mucho más dinámica. Por ejemplo, esta clase política está hecha en un 80% de abogados, porque el abogado es el hacker del viejo sistema. El abogado es el que entiende cómo manipular el contrato”.
  • “Un tuit es una unidad de pensamiento y, cuando retuitea, está “sinapsando” en una red de personas. Cada persona es una neurona en ese gran cerebro social. Estamos teniendo en Twitter la conversación más grande de la historia“.

Pero no todos fueron aciertos, según mi punto de vista. A veces, la pasión por algo lleva a pensar las cosas desde el pago chico y nos impide ver más allá. Eso sucede a menudo con quienes piensan velozmente el gran fenómeno que supone lo digital y el avance de lo inalámbrico. Así, en la isla me encontré sentado mirando al horizonte, con el sol apuntando directo a mis ojos. Encegecido.

La periodista que lo entrevistó lo describió como un “optimista del mundo en red”. Y realmente lo es. “Antes de que termine la década, internet y las redes sociales van a llegar al cien por ciento de la sociedad”, dijo. “Hay que expandir el ancho de banda de la participación democrática. Lo queremos hacer hackeando el sistema de una forma elegante, respetando las normas de lo que heredamos y disrrumpiéndolo de una forma sana”, sentenció. –¿No queda toda una sociedad que vive en condiciones más desesperantes fuera de todo esto?, preguntó Luciana Vázquez de La Nación. – “Eso es un mito. En Kenya se vendieron 350.000 smartphones en un día. El smartphone llega a lugares donde el Estado no llega y genera un acceso a la información, a la cultura. La idea de que la tecnología es lujo es una estupidez”, remató Siri. Y agregó después más optimista aún: “La penetración de smartphones en la Argentina está en el orden del 20 por ciento y se calcula que va a llegar al 70 por ciento para 2015”.

La realidad es que en Kenya, en donde la gente tiene una expectativa de vida de no más de 57 años, casi el 70% vive con menos de dos dólares por día (datos del Banco Mundial), difícilmente todo el mundo pueda comprar y mantener un smartphone. Hablamos de Kenya pero es la realidad de muchos otros países más.  Sin ir más lejos, en Argentina, mantener y usar a full un smartphone requiere como mínimo pagar un plan mensual de entre $150 y $200. Sinceramente no veo al 70% de la población pagando eso por mes y sólo en dos o tres años.

La verdad que muchas veces no se quiere ver es que así como internet y todas las tecnologías de la información despiertan nuevos fenómenos sociales y amplían las oportunidades de muchas personas, al mismo tiempo excluyen a otras tantas. Están en marcha muchas políticas inclusivas que buscan introducir las TIC en comunidades social y económicamente vulnerables, pero lo cierto es que la batalla aún está lejos de ganarse.

Odio pronunciar una frase adulta que otras veces me ha ofuscado, pero la creo conveniente a esta altura: hay una realidad muy distinta más allá de las pantallas.

Marcos, el pionero oculto

Es de acá. Pero pocos lo conocen. Tranquilamente podría ser el Mark Zuckerberg, el Pierre Omidyar o el Bill Gates (en el peor de los casos) de nuestros pagos, ¿podría tener una película con su nombre? … pero la prensa y el mercado local poca importancia le han otorgado a su nombre. De lo que hay certezas es sobre el impacto de su obra: el proyecto que se echó a rodar hace trece años ha cambiado la vida de muchos y reescribió, en cierta manera, el modo de comprar y vender en la Argentina y varios países de la región.

Ya he conocido al menos a cuatro personas que trabajan o trabajaron en Mercado Libre, el website de comercio electrónico más visitado y utilizado de la región. Todos coincidían: “Marcos es un genio de genios, pero en su país es dónde menos lo valoran”. Se referían a Marcos Galperín fundador y CEO de Mercado Libre, que opera hoy en trece países de América Latina, el octavo sitio de retail más visitado del mundo, cita el equipo de prensa de la empresa.

La leyenda, como en casi todos estos casos, comienza en un garage. Alumnos de un MBA en Standford, Marcos Galperín y Hernán Kazah, dos (por entonces) jóvenes argentinos sueltos en Estados Unidos propusieron un plan de negocio con la idea de replicar el modelo eBay en América Latina. Así, obtuvieron más de siete millones de dólares de un pool de inversores que incluyó al banco JP Morgan y Hicks, Muse, Tate & Furst. De hecho, se dice que Galperín convenció a John Muse, uno de los fundadores del fondo, durante un viaje en auto al aeropuerto, cita el sitio especializado Materia Biz.

En mayo de 2000, con la empresa ya en funcionamiento, consiguieron otros 46 millones de Goldman Sachs, GE Capital Equity y el Banco Santander. Mercado Libre logró superar el temporal y, en 2001, vendió el 19,5% de su paquete accionario a eBay, con quien construyó un acuerdo de partnership, aunque hoy extraña a propios y extraños el movimiento (¿desleal?) que el portal norteamericano ha realizado reciente con la incursión de Alamaula.

El proyecto atravesó años de veloz crecimiento, a medida que más latinoamericanos se conectaban a la web. Hoy Mercado Libre tiene más de 77 millones de usuarios y por cada segundo concreta dos compras, y al menos 1.000 búsquedas. Según The Nielsen Company más de 134.000 personas viven de Mercado Libre, generando todo o la mayor parte de sus ingresos a través del portal.

Lejos está el sitio de perder el brillo. Aún a pesar de la explosión de Facebook y otras redes sociales como espacio de intercambio, Mercado Libre sigue en el top de las preferencias de muchos usuarios. En 2012, el volumen de dinero transaccionado por productos vendidos superó los cuatro mil millones de dólares, representando un crecimiento del 20.4% en comparación al mismo período del 2011 (32.7% en moneda local). Y es más: la cantidad de artículos vendidos en MercadoLibre se incrementó 31.2% en relación al año pasado alcanzando los 48,4 millones de artículos.

La facturación de enero a septiembre de este año fue de U$S 269,8 (+27% y 42,2% en moneda local). Se hicieron 16,8 millones de operaciones a través de MercadoPago que representaron U$S 1.261,8 millones.

La empresa cotiza en NASDAQ desde 2007. Y la Escuela de Graduados de Standford difunde entre sus nuevos alumnos el exitoso caso de la satartup Mercado Libre. Aquí, en la patria chica, muchos siguen sin conocer a uno de los pioneros del comercio electrónico. Quizás haya elegido el perfil bajo, de hecho se dice que desde hace algunos años ha cambiado la ruidosa Buenos Aires por la calma de alguna ciudad uruguaya.

Algo extra (más allá del talento técnico y la habilidad comercial) tiene Marcos Galperín que despierta pasiones. Su gente se siente a gusto de hacer su trabajo. Todo el que trabaja en Mercado Libre se ha cruzado alguna vez con él. Sin divismos, ni excentricidades, así lo describen. Con los ojos abiertos, agregará un video institucional que resumen el espíritu de una empresa que sigue mirando al mercado con ojos de joven. Eso la mantiene viva y actual.

Cibermilitancia 2.0: la política de la antipolítica

En el año 2000 un actor genovés creó un blog de análisis crítico de la realidad en su país, la, por entonces, pujante y fuerte Italia. Recién nueve años después esta bitácora digital comenzó a hacer ruido y convocar a las masas. Claro, ya eran tiempos en los que la web había virado hacia un modelo más inclusivo, participativo, realmente interactivo. Fue la fuerza 2.0 la que convirtió a Giuseppe Beppe Grillo -el “Pepito Grillo Italiano”, según el Financial Times- en el fenómeno político más resonante del último año en Italia.

Actor, showman y bloguero, ácido crítico de la corrupción, Beppe Grillo creó un movimiento político que está atrayendo a los “indignados” italianos y ha logrado imponerse en Sicilia y Parma, y sigue avanzando en todo el país.

El Movimiento Cinco Estrellas (M5S), fundado apenas hace dos años, ya conquistó tres ciudades y tiene casi 250 representantes elegidos en diversos consejos municipales y regionales. En Sicilia es la primera fuerza política. “Si lograra los mismos resultados en las elecciones nacionales (es decir, el 18%), se convertiría en la segunda fuerza política del país”, codo a codo con el partido de Berlusconi (PDL), analiza en Lemonde Diplomatique el investigador Raffaele Laudani, del Departamento de Historia y Culturas Humanas de la Universidad de Bologna.

Grillo dio sus primeros pasos políticos en la sátira. Expulsado de la televisión pública a mediados de los ochenta por tratar de “ladrones” a los líderes del Partido Socialista Italiano, se volcó a las tablas y comenzó una nueva carrera en teatro. Desde hace más de veinte años, su aguda crítica a la realidad política de Italia atrae a hordas de seguidores en teatros, salas deportivas y estadios. Luego encontró en internet una caja de resonancia que le permitió dirigirse a las tripas de un público cuya indignación y frustración dice representar, a pesar de negarse a ser candidato a cualquier puesto político en su país.

“La democracia participativa promovida por el M5S a menudo reduce a un simulacro virtual basado en la movilización emocional de activistas cegados por su culto a internet. De acuerdo con la filosofía promovida por el M5S (…) internet es más que una herramienta de comunicación: es la condición necesaria y el horizonte de la nueva democracia global”, opina Laudani, autor de “Disobbedienza” (Il Mulino, Bolonia, 2011).

También en la Argentina, como en otros países del mundo, el ciberactivismo ha encontrado en internet un terreno fértil  para germinar y masificarse. “Una canal de expresión cuya potencia tomó por sorpresa a la clase política local. Un fenómeno que requiere ser mirado con primas nuevos”, analiza Lorena Oliva en el diario La Nación.

En el medio – continua Oliva – se produce un momento “decididamente inagural”, en el que parte de la ciudadanía abandona por primera ver la arena digital para salir a la calle a manifestarse en contra del gobierno nacional, tal como sucedió el 13 de septiembre (13S) y el 8 de noviembre (8N) últimos, en varias ciudades del país.

Aunque evitan identificarse como “organizadores”, lo cierto es que detrás de los cacerolazos existe una organización. “Se trata de gente que se conoce, que se reúne periódicamente, que está siempre en contacto y que ya tienen sus propias disputas y celos. Algunos hablan abiertamente, pero la mayoría sólo acepta comunicarse desde el teclado. Si o no a la exposición pública es uno de los motivos de pelea”, cuenta la periodista Paz Rodríguez Niell. La conexión entre ellos empezó en el cacerolazo del 14 de junio. Días después se hizo la primera reunión en una oficina de la Avenida Córdoba, en Buenos Aires.

¿Cuáles son los alcances de esta nueva militancia? Una clave está sin duda en la conectividad y el auge de las redes sociales, cada vez mayor en un país que contiene a unos 19 millones de usuarios de Facebook, otros 3,5 millones de usuarios activos en Twiter y unos 9 millones de de smartphones en el mercado, con previsiones de llegar hasta los 11 millones a finales de 2012, señala el informe de Oliva en el suplemento Enfoques de La Nación, hace un par de domingos atrás.

“En el plano político estamos viendo un periodo de transición entra las lógicas 1.0 y 2.0. Nos encaminamos hacia algo revolucionario, con ciudadanos capaces de alzar la voz para reclamar por sus derechos, con lógicas de organización que van por fuera de las instituciones. Todo el mundo sabe que se está organizando la marcha del 8N pero nadie sabe muy bien dónde”, analiza Ernesto Van Peborgh, especialista en redes colaborativas.

“La cibermilitancia es muy valorada hoy. Nosotros hacemos política, pero no somos como los militantes de los partidos. Ellos son fanáticos. Yo no me caso con nadie”, dice Mariana Torres, contadora, una de las administradoras de El AntiK, con unos 48.000 seguidores en Facebook, una de las páginas que convoca a los cacerolazos.

En los 70 pintábamos con cal y negro humo y hoy usamos Facebook“, replica desde la vereda del frente, Jorge Ottone, ciberactivista kirchnerista. Y agrega: “no me importan las cacerolas, aunque sean un millón, el tema es cómo se transforma eso en política real, que requiere votos”.

Pasar de la reacción a la acción implica todo un proceso, que para el sociólogo Gerardo Adrogué, aún no se ha producido. “Es necesario que la ciudadanía tenga en claro cuál es el sentido de lo que está haciendo, que tenga un objetivo político que se prolongue en el tiempo. Mucha gente mandando tuits, concentrándose y desvaneciéndose después nos habla de una necesidad de quejarse, de manifestarse. Pero eso no es una acción colectiva”, dice Adrogué.

En este sentido también escribe su crítica el académico italiano Raffaele Laudani: “El modelo que propone Grillo le debe mucho a la personalización extrema de la política de la era Berlusconi”; de hecho el M5S “tiene poco -o casi nada- para decir sobre la crisis económica, la influencia de la deuda y los acreedores o la precariedad laboral cada vez mayor” en Italia.

De Beppe Grillo a las cacerolas argentinas. De los “indignados” españoles a la efervescente “primavera árabe”. Distintos fenómenos sociales, con distintos finales, desarrollos y características, aunque todos atados a las cada vez más influyentes redes sociales.

La eficacia de internet en su versión 2.0 ha sido comprobada con creces en terrenos como el social, el filantrópico o el educativo. Pero es en la política donde todavía genera más preguntas que respuestas.

Too much, too soon: los chicos y las tecnologías de la información

Los pibes de hoy desarrollan una especial relación con las tecnologías de la información. Antes los jóvenes se emancipaban a través del trabajo, el estudio o el matrimonio. Ahora una nueva vía de escape se suma a las restantes: el consumo y la conectividad.

Mucho tiene que ver el entorno en el que crecieron y en el que siguen desarrollándose. La personalidad de los jóvenes de hoy (los adultos que vienen) está directamente relacionada con el niño que alguna vez fueron. Un niño hiperestimulado, hiperinformado, que tiene acceso a mucha tecnología muy pronto.

“Dicen los libros que la niñez termina cuando empieza la adolescencia. Hace un tiempo, esto era a los 14, 15 años. Ahora es mucho antes. Los chicos de 11 ya tienen nostalgia de la niñez … Parecería que en los tiempos que corren hay que correr. La celeridad imperante apura todo, hasta los procesos de crecimiento”, reflexiona la periodista Mariana Iglesias.

Con tanta estimulación, los chicos de hoy ya se sienten grandes. “Los expertos coinciden en que la edad de jugar con juguetes se acortó tres años en dos décadas”, agrega Iglesias en un informe publicado en el diario Clarín. ¿Que ha venido a suplantar a soldaditos y muñecas? Al momento de los regalos y los pedidos,  los chicos prefieren hoy celulares, computadoras, tablets. Todos chiches tecnológicos.

Y es que los padres de hoy sienten que estas tecnologías los ayudan a estar más cerca de sus hijos. No aggiornarse les puede costar problemas de comunicación en el futuro. De hecho una encuesta de D’Alessio IROL parece confirmar tal lógica: el 59% de los adultos confiesa que gracias a las nuevas herramientas digitales y las TIC el contacto que tienen con sus hijos es mayor al que tenían con sus respectivos padres en el pasado.

En este nuevo contexto – cita el informe de Iglesias – los padres 2.0 son mucho más afectivos y comprensivos con sus hijos y, en consecuencia, los chicos se identifican con ellos. Entrevistada por Clarín, la psicóloga Claudia Messing habla de “simetría inconciente”: es un cambio psíquico por el cual desde más temprana infancia los niños copian a sus padres como si estuvieran frente al espejo, se mimetizan con ellos, con sus emociones y sus historias. “Por eso les cuesta tanto madurar, poder registrar al otro como diferente y ponerse en su lugar. Quedan ubicados en un lugar de paridad con el adulto, de pseudoadultez y autosuficiencia imaginaria, de saber y poder, que los confunde, hiperexige y fragiliza. Los hijos copian a los padres pero no los internalizan como figuras protectoras, no se apoyan en ellos emocionalmente, y quedan solos, de ahí los temores y las fobias”, dice Messing.

A estos padres les encanta que sus hijos sean rapidísimos, que lean y escriban a los cuatro años – dice Juan Vasen, psiquiátra infantil. “Los chicos están hiperestimulados, hiperinformados, opinan de todo. La precocidad avanza, el crecimiento se acelera, pero el chico no puede manejarlo y por eso se pone ansioso y después lo medicamos”, sigue Vasen.

“Una patología de la época es que los padres desean que sus hijos sean exitosos. La felicidad no está ahí ni en los regalos, está en los vínculos”, concluye Andrés Rascovsky, presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina.