Con internet, es hora de replantear el horario de oficina

Internet ha cambiado muchas cosas, pero no todas. Algunas prácticas culturales, sociales y un largo etcétera se han acomodado a los tiempos digitales; otras simplemente permanecen estancas, impermeables a los cambios. Las extensas jornadas laborales que cientos de miles de trabajadores desarrollan en las oficinas ya no garantizan productividad. Y si bien internet y el teletrabajo podrían aportar una gran solución a este problema, la mayoría de las compañías miran hacia otro lado. Se aferran a las tecnologías, pero no tanto. No se atreven a dar el salto. En palabras de Gramsci (1996): se podría decir que son tiempos con preeminencias tecnológicas, donde lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer (Lardone, 2013).

Hace unos 2.500 años, el sabio chino Lao Tse escribió que “aquel que se aferra al trabajo no creará nada perdurable. Si quieres vivir según el Tao, limítate a hacer tu trabajo y después olvídate”. Pero es más fácil decirlo que hacerlo. En la antigua China no había internet ni actualizaciones instantáneas del mercado bursátil, dice Peter Catapano en un artículo de opinión publicado este año en el New York Times.

Recientes descubrimientos indican que la forma más eficiente de hacer las cosas podría ser dedicar más tiempo a hacer menos. “Un nuevo y creciente cuerpo de investigación multidisciplinaria indica que la renovación estratégica -que comprende ejercicio diurno, breves siestas por la tarde, más horas de sueño, más tiempo fuera de la oficina y vacaciones más largas y frecuentes- mejora la productividad, el desempeño laboral y, por supuesto, la salud, escribió en el NYTimes Tony Schwartz, un consultor de manejo del tiempo.

Los imperios se construyeron sobre la base de “más es más”. Schwartz y muchos otros -describe Catapano- no están de acuerdo con esto. Destaca que el exceso de trabajo, que suele derivar en muy poco sueño, no sólo afecta a los empleados sino también a las empresas en las que trabajan. Un reciente estudio de la Universidad de Harvard calculó que la falta de sueño de los empleados costaba a las empresas estadounidenses 63.200 millones de dólares por año en productividad perdida.

Otro trabajo determinó que las siestas aumentaban la productividad. En tanto una investigación de la Universidad del Estado de la Florida, encontró que quienes tenían un mejor desempeño -músicos, atletas y actores de elite- tendían a trabajar mejor en intervalos de noventa minutos, rara vez más de tres veces por día, con pausas regulares. En esta sintonía, la jornada laboral de doce horas ininterrumpidas no aparece como una opción razonable.

Estos resultados hablan a las claras de la necesidad de replantear los horarios laborales teniendo a disposición tantos aplicativos y tecnologías que permiten realizar lo mismo (y hasta mejor) sin necesidad de encerrarnos ocho, diez y hasta doce horas en un cuadrilatero de vidrio, cables, papeles, personas y pantallas. Internet como herramienta de teletrabajo no es un tema que haya modificado sustantivamente la vida corporativa, al menos en su dinámica interna.

Muchas compañías dicen estar a la vanguardia en materia de recursos humanos, otras ostentan los mejores espacios para trabajar, pero casi ninguna se atreve al gran salto que significa descentralizar y redefinir el trabajo presencial. La contradicción más grande es que compañías del mercado digital estén alimentando esta tendencia, tal el caso de Yahoo! Su flamante CEO de 37 años, Marissa Mayer, decidió eliminar el teletrabajo porque para ella es mejor trabajar cara a cara. “No creo que el agotamiento ocurra por la falta de sueño o por no hacer suficientes comidas adecuadas. Creo que el agotamiento proviene del resentimiento (?!). Es posible que trabajes demasiado, pero tiene que descubrir qué es lo que necesitas realmente para mantenerte activo, con energía, para no volverte resentido”, explicó.

“La libertad de trabajar fuera de una oficina fue una de las razones principales por las que dejé el mundo corporativo, hace ocho años (…) La idea de que todos los empleados deben permanecer sentados en el mismo lugar ocho horas al día, cinco días a la semana, me parecía ineficiente. Sabía que alcanzaba mi nivel máximo de productividad en ciertos momentos”, dijo Prerna Gupta al NYTimes.

La idea de que todo empleado debe estar en una oficina cinco días por semana se remonta a una época en la que los trabajadores no contaban con las herramientas adecuadas para trabajar desde su casa. Pero hoy en día, vivimos en un mundo muy diferente. Gupta está convencida de que en el mundo actual, en el que estamos constantemente conectados, la oficina debe ser reconcebida como un lugar de reunión para comunicar ideas y reforzar los vínculos personales.

En su empresa (Kush – comprada luego por Smule) los empleados van a la oficina tres días a la semana, durante cinco horas al día, más o menos a partir del mediodía. Todo el resto del trabajo lo hacen desde su casa, un café, una plaza, o cualquier otro sitio donde exista una conexión a internet.

Y añade: “a los empleados se les debe dar el respeto y la responsabilidad de administrar sus propios horarios y completar su trabajo en su propio tiempo (…) Las personas inteligentes siguen teniendo un mejor desempeño cuando pueden escoger cuándo y dónde trabajan (…) Las compañías deben desarrollar estrategias para eliminar los obstáculos restantes para trabajar desde casa”.

 

 

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El desafío de enseñar en tiempos de “San Internet”

Docentes de todos los niveles se han declarado en crisis: nunca antes han tenido tantos recursos para enseñar, tantas opciones de capacitación y actualización a su disposición y, sin embargo, nunca como ahora han tenido tantas dificultades para “conectar” con sus alumnos. Los profesores admiten que hoy su rol no está del todo claro y que tienen problemas para motivar a los chicos que confían más en Google y Wikipedia que en el ser humano que tienen delante a diario.

“No debe haber hoy trabajo más difícil que ser profesor y, al mismo tiempo, cada vez pagamos menos a los docentes y deterioramos sus condiciones de trabajo”, dijo Juan Carlos Tedesco, profesor e investigador de la Universidad General San Martín y ex ministro de Educación de la Nación, a un diario porteño, en una entrevista reciente.

Uno de los motivos que dificultan la tarea docente hoy – añade Jason Beech en un artículo publicado este año en La Nación – es la falta generalizada de certezas sobre qué es lo que se debe enseñar y qué es lo que se espera que sepa un joven.

“Cuando yo enseñaba, lo que decía el maestro era sagrado”, recuerda Marta Ochoa, una maestra del siglo pasado que este año cumplió 82. La experiencia de Marisa, su hija, de 48,  docente de música de cuarto a séptimo grado de primaria y profesora de estética y artes combinadas en el secundario, es muy diferente. “En un mismo grupo podés tener chicos cuyos padres esperan que su hijo aprenda lo mínimo y vienen y te dicen: “No le jodas la vida”, y otros que quieren que aprenda un montón de cosas”.

Para Jason Beech, director de la Escuela de Educación de la Universidad San Andrés, el desafío es pedagógico. “Hasta hace poco se usaban recursos puramente demostrativos. Se leían los datos de un libro de texto y se veían fotos. El niño era sujeto pasivo. Hoy se ve al niño como sujeto activo y se espera más una pedagogía centrada en el hacer; es decir, que se plantea que el chico piense, reflexione, vincule”.

Así lo entiende también Cecilia, la nieta de Marta Ochoa. “Hace algunos años di clases de geografía a un chico y estudiábamos con una página de internet con mapas interactivos. Es mucho más atractivo y menos aburrido”, dijo.

Con 17 años de experiencia docente, su madre, Marisa, comenta: “los niños ahora tienen la concepción de que antes que el maestro está San Internet. Si yo lo digo es cuestionable, pero si lo leyó en Wikipedia no lo dudan”.

El resultado frecuente: chicos aburridos y docentes frustrados. La naturalización de este problema alarma. Un estudio difundido por Poliarquía en octubre de 2012 revela que sólo el 11% de los sub-18 considera a la educación como un problema que afecte a los jóvenes.

La característica distintiva de esta generación sub-18 – dice el informe de La Nación – es estar atravesada por la tecnología. A esa conclusión llega el estudio de Poliarquía sobre los hábitos, actitudes y valores de los jóvenes encuestados (63% del Gran Buenos Aires y 37% de Capital Federal). Es que las horas frente a una pantalla de televisión quedaron superadas por las que pasan frente a las pantallas de una computadora, de una netbook o de un celular con conexión a internet.

“Algo distingue a los actuales adolescentes de las generaciones pasadas. No se trata del tiempo que le dedican y la pasión que tienen por la música, ni de su relación con las drogas y el alcohol. Lo que los hace diferentes es que Internet es un eje central de sus vidas” – opina Alejandro Catterberg -, una realidad que hasta suele ser mal vista y castigada por los docentes de generaciones anteriores.

El desafío pasa entonces por cómo integrar efectivamente el mundo digital al aula. Una tarea que muchos ensayan erróneamente de la mano de Power Point: las diapositivas por sí solas no solucionarán nada si se piensan con la misma lógica que una de esas clases que aburren a los chicos. Las TIC deben encuadrarse como real valor agregado y facilitar el aprendizaje; no vale decir lo mismo pero con espejitos de colores.

¿Subyace aquí un mero problema de conexión entre alumnos y docentes? Problemas de comunicación entre generaciones? O estamos hablando de mucho más que eso? Para Guillermina Tiramonti, coordinadora académica y profesora de la Maestría en Ciencias Sociales de FLACSO, “no hay aprendizaje posible si no se construye un vínculo con el alumno de respeto y de generosidad para enseñar. Hay chicos difíciles, pero también hay muchos más que esperan aprender y a un docente con voluntad de enseñarles”.

Malas noticias para Facebook: ¿burbuja 2.0?

Usuarios aburridos, menos sociables y amigables, números rojos y sangría de seguidores. Hace algunos años a Facebook le llovían flores de colores. Hoy se intercalan ramos enteros de espinosas rosas.

¿Buenos tiempos eran los de antes? Miles de personas adhiriéndose por día, millones de dólares ingresando en los bolsillos de Mark Zuckerberg y asociados. Académicos y analistas maravillados con el fenómeno no tardaron en ponderar el boom del social-media y la “revolución de las audiencias” contra esos medios masivos tradicionales que los venían oprimiendo desde hace décadas con un modelo de interacción lineal y poco participativo. La revista Time lo eligió primero al usuario de internet y luego al “inventor” de Facebook como personajes del año. La Academia de Cine de Estados Unidos nominó a la versión fílmica del fenómeno Facebook a los Oscars. Un viaje meteórico hacia la fama.

Facebook pasó de ser un divertimento de jóvenes de Harvard a una multinacional de comunicación masiva.  Y con el cambio de escala aparecieron los primeros grandes problemas.

– El modelo de gestión del portal se contradice con el modelo de comunicación que propulsa: los usuarios se sienten muchas contrariados y molestos con los cambios de seguridad, cambios de diseño y hasta de funcionalidad de algunas operaciones básicas dentro de la red social. Me da la impresión que muchos esperan la consulta previa, es decir auguran que estos cambios sean consensuados antes de ser operativizados, siguiendo la filosofía 2.0. Pero no, parece que para algunas cosas prima la lógica 1.0.

– El olor a nuevo ya se ha ido. Y los usuarios ya no sienten la misma pasión que antes. Siguen manteniendo su cuenta y revisándola con cierta frecuencia pero pasan menos tiempos en la red social. Así lo confirma una encuesta de Reuters / Ipsos: el 34% de los usuarios de Facebook pasa menos tiempo que a principios de año. Las razones son “aburrido”, “no pertinente”, “no útil”. Solo en tercer lugar aparece la preocupación por la privacidad.

– También afecta el incremento de la competencia. Twitter no sólo viene creciendo sino que ha establecido una mejor simbiosis con la telefonía móvil que su competidor, lo cual simplifica al extremo la experiencia. En momentos en los que el teléfono celular es uno de los reyes de las nuevas tecnologías y determina la nueva convergencia de medios, navegar Facebook en el móvil aún sigue un poco complicado.

– El usuario tiende cada vez más a cerrar su círculo a personas conocidas, más que nada por seguridad. Así, estas redes se consolidan como un soporte que acompaña el desarrollo de la amistad en la vida real. Los amigos nuevos, sólo conocidos por la red, requieren una visa de entrada que muy difícilmente logran adquirir. En consecuencia la gente en las redes sociales está cada vez menos sociable y amigable.

– Una investigación de Pew Internet & American Life Project destaca que ya sea borrando personas de sus listas, restringiendo comentarios en el muro o limitando el acceso a su perfiles, los norteamericanos está protegiendo mucho más su perfil de Facebook ahora que antes. Una tendencia que también comienza a extenderse a otros países y regiones del mundo. Respecto a los amigos, dos terceras partes de los encuestados afirman haber borrado personas entre sus contactos durante el pasado año, frente al 56% de 2009. Esta tendencia puede indicarnos que el boom de ser amigos de cualquiera o tener cientos de contactos innecesarios ha quedado desfasado, destaca un artículo de Puro Marketing.

– Este y otros patrones de comportamiento, explican la enorme sangría de usuarios en los países más industrializados: sólo en Estados Unidos más de seis millones de sujetos ya dejaron en el olvido su perfil. En Canadá 1 millón y medio de personas le dijeron adiós a Facebook. En tanto, en Inglaterra se registraron 100.000 bajas.

– La red social crece por el contrario en los países emergentes. Facebook obtiene sus mejores resultados en América latina, donde Brasil se sitúa a la cabeza del crecimiento de la red social, al pasar de 17,1 millones de usuarios, en abril, a 19 millones de usuarios, en mayo. Le sigue México, que pasó de 23,7 millones de usuarios a 25,6, así como la Argentina y Colombia, donde aumenta la popularidad de la red social. Fuera de América latina, Facebook gana peso en la India, donde pasó de 24,9 millones de usuarios a 26,6 en mayo

– Los anuncios, el corazón del negocio económico de Facebook, no causan el efecto deseado y las empresas inversoras ya cayeron en la cuenta de que la publicidad online en el portal no es la panacea. Según Reuter / Ipsos, cuatro de cada cinco usuarios de Facebook nunca han comprado un producto o un servicio como resultado de la publicidad o de los comentarios en la red social.

– La reciente llegada a los mercados bursátiles le suma más incertidumbre a la cuestión. Según CNN, los inversores restaron 10.000 millones de dólares al valor de mercado de Facebook en julio, al llevar a las acciones recientemente emitidas en la Bolsa a nuevos mínimos, después de que la red social no ofreció proyecciones sobre asuntos clave como su estrategia para dispositivos móviles. A dos meses de comenzar a cotizar en la Bolsa de Nueva York, las acciones de la red social se han hundido casi el 12%.

– El jueves pasado la firma de Mark Zuckerberg publicó una pérdida de 157 millones de dólares en el segundo trimestre, contra una ganancia de 159 millones en el igual periodo del año anterior. La pérdida se explica por el manejo contable de las opciones sobre acciones acordadas a los empleados, destacó el diario Clarín en su edición impresa del sábado pasado.

 

Sobre todo a partir de la fallida salida a la bolsa, ya existen quienes hablan de Facebook como la burbuja del 2.0 a punto de estallar; la segunda gran burbuja, luego del estoico fallido financiero de las punto-com hace un par de años atrás.

El tiempo dirá cómo evoluciona la red social de los 900 millones de usuarios, expuesta ahora a los grandes problemas y amenazas, propios de la gran escala. El que quiere celeste …

El estado físico no se gana jugando

Alguna vez quise engañarme y autojustificar la compra de una consola de videojuegos para hacer ejercicios y reducir mis medidas. Hacer más activa una actividad tan sedentaria como venían siendo el videojuego hasta la aparición de Wii de Nintendo, Move de Playstation y Kinectic de Xbox, que comenzaron a ofrecer la experiencia virtual de jugar al golf, tener un personal trainner en el TV de casa o correr una maratón, a partir de los sensores que detectan los movimientos de nuestro cuerpo y los incluyen dentro de la experiencia de juego.

Sucede que ahora he encontrado la excusa ideal para no sentir más culpa y seguir jugando a mis juegos sedentarios favoritos. Una reciente investigación ha revelado que los videojuegos “activos” no mejoran en realidad el estado físico de sus usuarios.

El estudio fue revelado en la publicación oficial de la Academia de Pediatría de Estados Unidos –Pediatrics-, pero yo me enteré del hallazgo en un ensayo reciente de Randall Stross, de la Universidad de San Jose, publicado en el New York Times.

El Centro de Investigaciones en Nutrición Infantil del Baylor College Of Medicine, en Houston, se percató primero que adultos y chicos que usaban videojuegos actividos en un entorno de laboratorio ideal realizaban una actividad física moderada y hasta enérgica durante un tiempo breve.

De la investigación participaron chicos de entre nueve y doce años, con un índice de masa corporal por encima del promedio y en cuyos hogares no había con anterioridad una consola de juegos. A cada uno se le entregó una consola Wii. Al azar, se asignó que una mitad del grupo podía elegir entre los cinco juegos más exigentes en el plano físico. La otra mitad podía elegir entre los juegos pasivos más populares.

Los participantes utilizaron medidores de aceleración para registrar su actividad física durante trece semanas. El estudio “no halló pruebas de que los chicos que recibieron los videjuegos de esfuerzo tuvieran una mayor actividad en general, ni en ningún momento específico que los que recibieron los videojuegos pasivos”, cita Stross en su artículo del NYT.

“Cuando se recomienda una mayor actividad física, la actividad en general sigue siendo la misma porque se la compensa mediante la reducción de otras actividades físicas”, opinó Anthony Barnett, participante de la experiencia y consultor de la Universidad de Hong Kong.

Cambiar la conducta sedentaria es difícil, señala el doctor Charles T. Cappetta, miembro del comité ejecutivo del Consejo de Medicina del Deporte de la Academia de Pediatría de Estados Unidos. “Puede parecer que los videojuegos activos son una solución más fácil para sacar a los chicos del sofá, pero como lo demuestra este estudio y otros, no lo consiguen”, dice el médico. En su opinión, los deportes fuera de casa siguen siendo los mejores en términos cardiovasculares.

Otra investigación, pero de hace más de un año, ya había demostrado algo parecido. Scott Owens y sus colegas de la Universidad de Mississippi entregaron juegos Wii Fit a ocho familias. Uno de los hallazgos más importantes fue la drástica disminución del uso pasada las primeras seis semanas. Toda la familia uso el videojuego un promedio de 22 minutos diarios durante las primeras seis semanas, pero sólo cuatro minutos por día en las seis semanas siguientes. Los registros de estado físico no arrojaron cambio alguno.

Marketing: de las 4P a las 4R

Desde los años 60 y por décadas, el esquema que ha reinado en el marketing es el de las 4 P´s: precio, producto, plaza (o lugar) y promoción. Con internet y las redes sociales, el marketing sigue siendo asunto de las marcas, pero de una manera diferente a como lo era hace años.

Según un estudio publicado por The Boston Consulting Group en Argentina – cita un informe del Banco de la Nación – el aporte de las operaciones económicas producidas en internet equivalieron al 2% del PBI en 2010 y se estima que ese aporte será del 3,3% para el año 2016. En el mismo informe se destaca que las ventas online en 2010 fueron el 1,4% del total de ventas (alrededor de $2 mil millones) y se estima que para el año 2016 representará el 2,9% del total de ventas.

Siguiendo el informe del BNA, para esquematizar este cambio, Mike Bloxham propone el modelo de las 4 R’s:

• Reach (Alcance)
Gracias a las redes sociales, las marcas pueden llegar a un mayor número de personas y definir un público objetivo más amplio con un menor gasto. Quien pueda llegar al mayor número, tendrá mayores posibilidades de manejar el mercado. Es necesario aclarar que esto ha sido siempre así, pero ahora se añaden importantes variables como la interactividad y la movilidad de los nuevos medios.

• Receptivity (Receptividad)
La receptividad consiste en llegar al público objetivo en el momento más adecuado en función de los objetivos de la marca y de los del cliente. Para lograr el mayor índice de receptividad, las marcas deben apostar por el contenido emocional y práctico, las herramientas de ubicación y equipos móviles ayudan mucho en este objetivo.

• Resonance (Resonancia)
El objetivo es motivar la compra o introducir un mensaje claro en la mente del consumidor. Si se ha fabricado un buen mensaje –de la manera más efectiva posible- y se utilizan las plataformas más convenientes respecto del público objetivo, la campaña debe alcanzar un alto nivel de resonancia entre la audiencia. Mediante la resonancia, las marcas buscan por parte del cliente, o una respuesta física (“Compra ahora”) o una respuesta emocional (“Confía en la marca”).

• Relationship of choice (Relación de elección)
Las empresas deben ser conscientes, de que el cliente NO es propiedad exclusiva de la marca, pues puede tener una estupenda relación con los principales competidores de un producto al mismo tiempo. Él cliente tiene la capacidad de elegir con qué marca quiere estar en cada momento.

“El modelo de las 4R’s muestra una nueva realidad para las empresas de cara a los cambios tecnológicos del siglo 21. Además, estas variables son viables tanto en grandes como en pequeñas empresas, siendo estas últimas las que más se pueden beneficiar dado su gran posibilidad de adaptación”, concluye el informe del BNA.