Davos y la transformación digital: ¿fábula, sueño de un futuro probable o realidad?

A propósito de la cumbre en Davos, uno de los temas de la agenda de este año en el World Economic Forum (WEF) es el futuro de internet. ¿Internet tiene el potencial suficiente para beneficiar a la raza humana? ¿La transformación digital es tal o sólo un buen cuento para irse a dormir más tranquilos y esperanzados? ¿Todos los cambios que experimentamos cotidianamente son lo suficientemente profundos como para pensar que el mundo ha cambiado a partir de las TIC, que la economía ya no volverá a ser la misma sin estos dispositivos y aplicativos? En definitiva: internet ¿fábula, sueño de un futuro probable o realidad? Cómo si tuviera que dar una respuesta rápida a mi pequeña hija, les diría que sí a las tres opciones (simultáneamente).

Que las tecnologías han introducido cambios, no es ninguna novedad. Ahora, la duda es cuán generalizadas y profundas son las transformaciones derivadas de una tecnología que tiene ya varias décadas de vida.

Si le peguntamos a las organizaciones globales, aparecen las respuestas más alentadoras. Un reporte reciente del WEF sostiene que internet no sólo ha cambiado la forma de vivir y trabajar, sino que también ha modificado para siempre la forma de producir y consumir.

“The internet is changing the way we live, work, produce and consume. With such extensive reach, digital technologies cannot help but disrupt many of our existing models of business and government.” (WEF, 2016)

El Foro de Davos ha construido una agenda con cinco puntos clave (acertados) a los que deberíamos prestar atención cuando planteamos la relación entre internet, desarrollo y sociedad: la gobernanza digital, el cyber-crimen, el acceso a la red de todos los seres humanos, el mejoramiento de la información disponible para una optimización de la toma de decisiones y la transformación digital de las industrias. Cinco puntos que sin duda son los grandes desafíos aún pendientes de resolver por los distintos actores involucrados: no sólo los gobiernos, sino también las empresas, el tercer sector y la población civil.

“As a society, we are entering uncharted territory – a new world in which governments, business leaders, the scientific community and citizens need to work together to define the paths that direct these technologies at improving the human condition and minimizing the risks”. Marc Benioff – “The digital transformation of industries” Panel (WEF, 2016)

Los empresarios globales insisten en que asistimos a una Cuarta Revolución Industrial de la mano de las tecnologías digitales. Los ejecutivos reunidos en Davos coincidieron en que se aproxima una nueva gran ola de innovaciones que profundizarán más aún la digitalización del comercio, la industria y la producción. En esta etapa (como en muchas otras encrucijadas que suele plantear la globalización) no habrá mucha opción o salidas alternativas como se venían planteando hasta ahora: no subirse al tren de la automatización y la digitalización tendrá drásticas consecuencias para todo tipo de compañías, advierten los expertos.
Este año el interés de muchos empresarios y gobiernos fue debatir en concreto cuáles son los desafíos del sector productivo ante un mundo que cada vez será más digital. En el panel “The digital transformation of industries“, se habló de siete tecnologías clave para responder a esta incógnita: el computing en su más amplio espectro, el célebre big data, la salud digital, las impresiones 3D, los sensores y la automatización digital, las cadenas de producción interconectadas y los artículos cotidianos conectados a internet (la vestimenta es la gran novedad).
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Imagen: World Economic Forum (2016)

“From intelligent robots and self-driving cars to gene editing and 3D printing, dramatic technological change is happening at lightning speed all around us. The Fourth Industrial Revolution is being driven by a staggering range of new technologies that are blurring the boundaries between people, the internet and the physical world. It’s a convergence of the digital, physical and biological spheres. It’s a transformation in the way we live, work and relate to one another in the coming years, affecting entire industries and economies, and even challenging our notion of what it means to be human.” –Fulvia Montresor, Director, Head of Technology Pioneers for the World Economic Forum (WEF, 2016)

Como contraparte, hay que pensar en que millones de personas siguen aún sin acceso a la red, y ese es el gran desafío de quienes quieren impulsar una real digitalización de las sociedades. No es que quiera negar los beneficios que las TIC han desplegado en distintos niveles de la vida humana, sino que invito a tener una mirada que vaya más allá de las comodidades, los beneficios, los mercados y utilidades que posibilitan las tecnologías hoy, integrando los grandes y complejos desafíos aún pendientes.

Como alguna vez advirtió Dominique Wolton, la digitalización aumenta, cambian ciertas prácticas, pero los grandes problemas de la humanidad subsisten, con las guerras y sus muertos inocentes, el daño ambiental en crecimiento permanente, millones de pobres repartidos en todas las latitudes, corrupción latente y un sinfín de desigualdades más. ¿Qué ha aportado internet y sus maravillas para cambiar estos problemas de fondo? Si enfocamos la mirada hacia este rincón, pues los cambios de la “revolución digital” no han sido tan revolucionarios.

Igualmente, algunos avances se van notando: cifras reveladas el año pasado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) muestran que la penetración de internet a nivel global creció siete veces en los últimos quince años. La cobertura de internet móvil es la que más rápido se está propagando, menciona el informe: el 3G pasó del 45% de cobertura en 2011 al 69% en 2015.

Es innegable también el avance en sectores como el de la salud, donde la transformación digital “es dramática”, advirtió Bernard Tyson en Davos, pues ahorra preciados minutos y segundos que ayudan a salvar vidas (en serio): desde la atención temprana de urgencias médicas vía Twitter (una experiencia que lleva a cabo con gran éxito la Universidad Católica de Chile) hasta la nanomedicina que permite encontrar soluciones nunca antes vistas.

En sectores marginados de la economía formal, las TIC están aportando algunas soluciones interesantes. Un estudio reciente realizado en México, que coincide parcialmente con otros desarrollados en Barcelona, Londres y Madrid, analiza cómo los jóvenes emprendedores culturales encuentran en el arte, el diseño y la comunicación una salida no tradicional a los mercados que tienden a excluirlos o tomarlos en precarias condiciones. Los llamados trendsetter hábiles para combinar el capitalismo conectivo y la incertidumbre, se destacan por sus modos novedosos de desplazarse del consumo al acceso, de la realización de carreras a proyectos inestables.

Algunos especialistas inscriben este fenómeno en el marco de la irrupción de una “economía creativa”, que en Estados Unidos y Europa llega a contener al 25% o 30% de la fuerza laboral (García Canclini y Urteaga, 2012). La mutación es comparada con la que se vivió al pasar de una economía agrícola a una industrial, sobre la base de una transformación que algunos pensadores contemporáneos asocian a la inteligencia del conocimiento y la creatividad.

La otra cara de estos cambios repercute en la economía tradicional. Un ejemplo simple que lo he podido observar en mi contexto local, cotidiano. En San Luis, centro-oeste de la Argentina, las ventas navideñas no fueron las esperadas. Una amiga que trabajaba desde hace diez años en una de las cadenas líderes de venta de electrodomésticos con presencia en la capital de la Provincia se quedó sin trabajo este fin de año: la marca nacional en cuestión le ofreció un nuevo contrato que en su bolsillo repercutía drásticamente, significando hasta el 50% menos de lo que habitualmente ganaba con sus comisiones por ventas. El motivo: las ventas de la cadena se realizan en su mayoría por internet y la empresa necesita reconvertir su negocio reduciendo el personal de las tiendas físicas que en esta Navidad vendieron hasta un 30% menos que el año pasado, según pudo constatar personalmente en el balance temporario del local.

Tensiones como las que se plantearon en esta tienda de una ciudad de 200 mil habitantes, sumado a lo debatido hasta hoy en Davos, me hacen terminar esta reflexión con la sensación (y preocupación) de que en las próximas horas, meses, años la transición del sistema tradicional al digital, el tránsito hacia la digitalización plena de la economía y la producción se acelerará severamente dejando nuevos desplazados. Cueste lo que cueste.

 

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Con internet, es hora de replantear el horario de oficina

Internet ha cambiado muchas cosas, pero no todas. Algunas prácticas culturales, sociales y un largo etcétera se han acomodado a los tiempos digitales; otras simplemente permanecen estancas, impermeables a los cambios. Las extensas jornadas laborales que cientos de miles de trabajadores desarrollan en las oficinas ya no garantizan productividad. Y si bien internet y el teletrabajo podrían aportar una gran solución a este problema, la mayoría de las compañías miran hacia otro lado. Se aferran a las tecnologías, pero no tanto. No se atreven a dar el salto. En palabras de Gramsci (1996): se podría decir que son tiempos con preeminencias tecnológicas, donde lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer (Lardone, 2013).

Hace unos 2.500 años, el sabio chino Lao Tse escribió que “aquel que se aferra al trabajo no creará nada perdurable. Si quieres vivir según el Tao, limítate a hacer tu trabajo y después olvídate”. Pero es más fácil decirlo que hacerlo. En la antigua China no había internet ni actualizaciones instantáneas del mercado bursátil, dice Peter Catapano en un artículo de opinión publicado este año en el New York Times.

Recientes descubrimientos indican que la forma más eficiente de hacer las cosas podría ser dedicar más tiempo a hacer menos. “Un nuevo y creciente cuerpo de investigación multidisciplinaria indica que la renovación estratégica -que comprende ejercicio diurno, breves siestas por la tarde, más horas de sueño, más tiempo fuera de la oficina y vacaciones más largas y frecuentes- mejora la productividad, el desempeño laboral y, por supuesto, la salud, escribió en el NYTimes Tony Schwartz, un consultor de manejo del tiempo.

Los imperios se construyeron sobre la base de “más es más”. Schwartz y muchos otros -describe Catapano- no están de acuerdo con esto. Destaca que el exceso de trabajo, que suele derivar en muy poco sueño, no sólo afecta a los empleados sino también a las empresas en las que trabajan. Un reciente estudio de la Universidad de Harvard calculó que la falta de sueño de los empleados costaba a las empresas estadounidenses 63.200 millones de dólares por año en productividad perdida.

Otro trabajo determinó que las siestas aumentaban la productividad. En tanto una investigación de la Universidad del Estado de la Florida, encontró que quienes tenían un mejor desempeño -músicos, atletas y actores de elite- tendían a trabajar mejor en intervalos de noventa minutos, rara vez más de tres veces por día, con pausas regulares. En esta sintonía, la jornada laboral de doce horas ininterrumpidas no aparece como una opción razonable.

Estos resultados hablan a las claras de la necesidad de replantear los horarios laborales teniendo a disposición tantos aplicativos y tecnologías que permiten realizar lo mismo (y hasta mejor) sin necesidad de encerrarnos ocho, diez y hasta doce horas en un cuadrilatero de vidrio, cables, papeles, personas y pantallas. Internet como herramienta de teletrabajo no es un tema que haya modificado sustantivamente la vida corporativa, al menos en su dinámica interna.

Muchas compañías dicen estar a la vanguardia en materia de recursos humanos, otras ostentan los mejores espacios para trabajar, pero casi ninguna se atreve al gran salto que significa descentralizar y redefinir el trabajo presencial. La contradicción más grande es que compañías del mercado digital estén alimentando esta tendencia, tal el caso de Yahoo! Su flamante CEO de 37 años, Marissa Mayer, decidió eliminar el teletrabajo porque para ella es mejor trabajar cara a cara. “No creo que el agotamiento ocurra por la falta de sueño o por no hacer suficientes comidas adecuadas. Creo que el agotamiento proviene del resentimiento (?!). Es posible que trabajes demasiado, pero tiene que descubrir qué es lo que necesitas realmente para mantenerte activo, con energía, para no volverte resentido”, explicó.

“La libertad de trabajar fuera de una oficina fue una de las razones principales por las que dejé el mundo corporativo, hace ocho años (…) La idea de que todos los empleados deben permanecer sentados en el mismo lugar ocho horas al día, cinco días a la semana, me parecía ineficiente. Sabía que alcanzaba mi nivel máximo de productividad en ciertos momentos”, dijo Prerna Gupta al NYTimes.

La idea de que todo empleado debe estar en una oficina cinco días por semana se remonta a una época en la que los trabajadores no contaban con las herramientas adecuadas para trabajar desde su casa. Pero hoy en día, vivimos en un mundo muy diferente. Gupta está convencida de que en el mundo actual, en el que estamos constantemente conectados, la oficina debe ser reconcebida como un lugar de reunión para comunicar ideas y reforzar los vínculos personales.

En su empresa (Kush – comprada luego por Smule) los empleados van a la oficina tres días a la semana, durante cinco horas al día, más o menos a partir del mediodía. Todo el resto del trabajo lo hacen desde su casa, un café, una plaza, o cualquier otro sitio donde exista una conexión a internet.

Y añade: “a los empleados se les debe dar el respeto y la responsabilidad de administrar sus propios horarios y completar su trabajo en su propio tiempo (…) Las personas inteligentes siguen teniendo un mejor desempeño cuando pueden escoger cuándo y dónde trabajan (…) Las compañías deben desarrollar estrategias para eliminar los obstáculos restantes para trabajar desde casa”.

 

 

El desafío de enseñar en tiempos de “San Internet”

Docentes de todos los niveles se han declarado en crisis: nunca antes han tenido tantos recursos para enseñar, tantas opciones de capacitación y actualización a su disposición y, sin embargo, nunca como ahora han tenido tantas dificultades para “conectar” con sus alumnos. Los profesores admiten que hoy su rol no está del todo claro y que tienen problemas para motivar a los chicos que confían más en Google y Wikipedia que en el ser humano que tienen delante a diario.

“No debe haber hoy trabajo más difícil que ser profesor y, al mismo tiempo, cada vez pagamos menos a los docentes y deterioramos sus condiciones de trabajo”, dijo Juan Carlos Tedesco, profesor e investigador de la Universidad General San Martín y ex ministro de Educación de la Nación, a un diario porteño, en una entrevista reciente.

Uno de los motivos que dificultan la tarea docente hoy – añade Jason Beech en un artículo publicado este año en La Nación – es la falta generalizada de certezas sobre qué es lo que se debe enseñar y qué es lo que se espera que sepa un joven.

“Cuando yo enseñaba, lo que decía el maestro era sagrado”, recuerda Marta Ochoa, una maestra del siglo pasado que este año cumplió 82. La experiencia de Marisa, su hija, de 48,  docente de música de cuarto a séptimo grado de primaria y profesora de estética y artes combinadas en el secundario, es muy diferente. “En un mismo grupo podés tener chicos cuyos padres esperan que su hijo aprenda lo mínimo y vienen y te dicen: “No le jodas la vida”, y otros que quieren que aprenda un montón de cosas”.

Para Jason Beech, director de la Escuela de Educación de la Universidad San Andrés, el desafío es pedagógico. “Hasta hace poco se usaban recursos puramente demostrativos. Se leían los datos de un libro de texto y se veían fotos. El niño era sujeto pasivo. Hoy se ve al niño como sujeto activo y se espera más una pedagogía centrada en el hacer; es decir, que se plantea que el chico piense, reflexione, vincule”.

Así lo entiende también Cecilia, la nieta de Marta Ochoa. “Hace algunos años di clases de geografía a un chico y estudiábamos con una página de internet con mapas interactivos. Es mucho más atractivo y menos aburrido”, dijo.

Con 17 años de experiencia docente, su madre, Marisa, comenta: “los niños ahora tienen la concepción de que antes que el maestro está San Internet. Si yo lo digo es cuestionable, pero si lo leyó en Wikipedia no lo dudan”.

El resultado frecuente: chicos aburridos y docentes frustrados. La naturalización de este problema alarma. Un estudio difundido por Poliarquía en octubre de 2012 revela que sólo el 11% de los sub-18 considera a la educación como un problema que afecte a los jóvenes.

La característica distintiva de esta generación sub-18 – dice el informe de La Nación – es estar atravesada por la tecnología. A esa conclusión llega el estudio de Poliarquía sobre los hábitos, actitudes y valores de los jóvenes encuestados (63% del Gran Buenos Aires y 37% de Capital Federal). Es que las horas frente a una pantalla de televisión quedaron superadas por las que pasan frente a las pantallas de una computadora, de una netbook o de un celular con conexión a internet.

“Algo distingue a los actuales adolescentes de las generaciones pasadas. No se trata del tiempo que le dedican y la pasión que tienen por la música, ni de su relación con las drogas y el alcohol. Lo que los hace diferentes es que Internet es un eje central de sus vidas” – opina Alejandro Catterberg -, una realidad que hasta suele ser mal vista y castigada por los docentes de generaciones anteriores.

El desafío pasa entonces por cómo integrar efectivamente el mundo digital al aula. Una tarea que muchos ensayan erróneamente de la mano de Power Point: las diapositivas por sí solas no solucionarán nada si se piensan con la misma lógica que una de esas clases que aburren a los chicos. Las TIC deben encuadrarse como real valor agregado y facilitar el aprendizaje; no vale decir lo mismo pero con espejitos de colores.

¿Subyace aquí un mero problema de conexión entre alumnos y docentes? Problemas de comunicación entre generaciones? O estamos hablando de mucho más que eso? Para Guillermina Tiramonti, coordinadora académica y profesora de la Maestría en Ciencias Sociales de FLACSO, “no hay aprendizaje posible si no se construye un vínculo con el alumno de respeto y de generosidad para enseñar. Hay chicos difíciles, pero también hay muchos más que esperan aprender y a un docente con voluntad de enseñarles”.

El nuevo club de los mil millones, con algunas lecciones aprendidas

La cantidad de emprendimientos privados de Silicon valley que valen más de mil millones de dólares sorprende hasta los propios ejecutivos que los dirigen. “Pensaba que eramos especiales”, dice Phil Libin, CEO de Evernote, un servicio online para el almacenamiento de recortes, fotos e información. En realidad se trata de un club cada vez menos exclusivo, aunque más consciente que años atrás de lo endeble y efímero que puede resultar el éxito en el mundo de internet.

Airbnb, Pinterest, Survey-Monkey y Spotify se cuentan entre las compañías que no cotizan en bolsa más conocidas que han llegado a los 1.000 millones de dólares, relata Quentin Hardy en un artículo publicado en febrero de este año en el New York Times.

Muchas más, con nombres menos familiares, también se alistan un lugar en el club de los mil millones, hasta hace un tiempo reservado para grandes compañías. “Dentro de un año podrían ser cien”, dijo al NYT Jim Goetz, ligado a una firma de capital de riesgo. Es parte de lo que llama “un cambio permanente” de la forma en que la gente hace crecer sus empresas.

El primer día que Microsoft vendió acciones al público en 1986 tenía once años de creada y valía “apenas” 778 millones de dólares (ajustada por inflación, la suma sería de 1.600 millones). Para los nuevos jugadores del mercado, principalmente ligados a las redes sociales, el camino parece ser más corto. En enero, el valor de Twitter, que inició sus actividades en 2006, llegó a los 9.000 millones de dólares. Más rauda fue la cosecha de Pinterest, una red social de recortes que no tiene ingresos, que pasó a valer 1.500 millones de dólares en menos de tres años.

Los emprendedores de Sillicon valley sostienen que la espiral de precios no puede atribuirse a una nueva burbuja tecnológica, pero el temor de una réplica es inevitable. Los precios altos son razonables, dice el informe del editor de tecnología del NYT, Quentin Hardy, ya que innovaciones como los smartphones y la computación de nube están reorganizando un sector que ya vale centenares de miles de millones de dólares.

El valor en alza de estas empresas se debe en parte a que entre ellas existe un vínculo sinérgico que hace que una participe en la generación de ingresos de la otra, es decir se retroalimentan. Por cada Dropbox, que ofrece almacenamiento de datos online y cotiza unos 4.000 millones en el mercado, hay dos compañías discretas como Zscaler (proveedora de seguridad) y Palantir (análisis de datos).

Los CEOs de las actuales integrantes del Club de los mil millones tienen entre manos algunas lecciones aprendidas y saben lo incierto y efímero que puede resultar este espiral de dinero. Es que muchos de ellos son veteranos de la burbuja de internet de fines de los años 90 y temen que tal vez las cosas no sean tan diferentes esta vez.

Una muestra de esa cautela es la que muestra Robert Tinker, CEO de Mobileiron, que produce software para compañías que manejan teléfonos inteligentes y tablets. El ejecutivo tiene 43 años y maneja una Ford Explorer de 1995 con 426.000 kilómetros encima. “La realidad es que obtenido 94 millones de dólares de inversores y aún no hemos empezado a cotizar en bolsa. Siento esa responsabilidad todos los días”, dijo al NYT.

Crece el temor a que el club de los más de mil millones de dólares se esté llenando de compañías parecidas, opina Quentin Hardy. En realidad lo que preocupa es que las valuaciones – que se convierten en ganancia sólo si la compañía cotiza en bolsa con éxito o se vende a un precio alto – puedan caer.

Phil Libin se hizo millonario al vender su primera compañía (Engine 5) en el año 2000. “Empecé con relojes”, dijo al NYT. Su actual compañía Evernote comenzó al estallar la crisis financiera actual. “Una noche me encontré casi en la quiebra otra vez”, contó, “y ahí estaba el equipo de relojería burlándose de mí en un estante”.

Verdades e ilusiones de un nativo digital: “estamos teniendo la conversación más grande de la historia”

Los jóvenes no solamente tienen voluntad de cambio, sino también de poder. Los jóvenes de verdad habitan en las redes sociales, en donde están protagonizando la conversación más grande de la historia. Los pensamientos se disparan de la mente acelerada de uno de los emprendedores más exitosos de la Argentina. Santiago Siri tiene 29 años y apuesta a la “ebullición creativa” de la web e imagina un futuro en el que el software amplíe y mejore la participación democrática.

La entrevista a Santiago publicada en el diario La Nación me llevó a dos lugares: una vieja sala de cine en dónde se proyectaban velozmente una saga de verdades en un lenguaje directo y sin rebusques (característico de las nuevas generaciones), y una isla desierta, con espejismos incluidos.

Empecemos por la sala de cine. Este emprendedor, que en sólo una década de juventud fundó una decena de iniciativas (actualmente lidera Grupo 42), cantó las cuarenta en una página entera que le dedicó el suplemento Enfoques, aunque a continuación sólo liste sólo siete de los comentarios que me parecieron más interesantes:

  • “Concebir internet con mentalidad del almacenero que quiere hacer plata es una interpretación muy burda. La economía basada en lo industrial, la economía del siglo XIX o XX, busca fundamentalmente ser eficiente porque los recursos eran escasos y la escasez requiere de eficacia. Pero en internet no hay recursos escasos. Al contrario, hay abundancia de información”.
  • “Van a surgir miles de Leonardos. Hoy entendemos que no es que el negocio es una cosa, el arte es otra y la ciencia es otra, sino que son los tres partes del mismo misterio”.
  • “Hubo un despertar generacional muy global a partir del uso de las redes sociales”.
  • Pensar que Axel Kicillof es un funcionario joven no tiene sentido. Kiciloff sólo es joven a los ojos de Cristina. Es un joven con patillas, una camisa que parece de Sandro y tiene 41 años. Es representante de lo que era la juventud de los 70, no de lo que es la juventud ahora. La Cámpora se inspira en un político que era un presidente en el año 73, hace 40 años. La juventud para mí, está en las redes sociales”.
  • “Los jóvenes de otras épocas -los hippies, los del Mayo Francés- tenían las ideas y las ganas, pero no tenían los instrumentos. Nuestra generación no solamente tiene la voluntad de cambio y el romanticismo inherente a la juventud sino que también tenemos el poder. Poder son las redes sociales. Nosotros las manejamos mejor que nadie“.
  • “La imprenta disrumpe cultura, economía y política como ningún otra. Pero es una tecnología de información de hace cinco siglos atrás. Ya no sirve más porque la realidad de hoy es mucho más dinámica. Por ejemplo, esta clase política está hecha en un 80% de abogados, porque el abogado es el hacker del viejo sistema. El abogado es el que entiende cómo manipular el contrato”.
  • “Un tuit es una unidad de pensamiento y, cuando retuitea, está “sinapsando” en una red de personas. Cada persona es una neurona en ese gran cerebro social. Estamos teniendo en Twitter la conversación más grande de la historia“.

Pero no todos fueron aciertos, según mi punto de vista. A veces, la pasión por algo lleva a pensar las cosas desde el pago chico y nos impide ver más allá. Eso sucede a menudo con quienes piensan velozmente el gran fenómeno que supone lo digital y el avance de lo inalámbrico. Así, en la isla me encontré sentado mirando al horizonte, con el sol apuntando directo a mis ojos. Encegecido.

La periodista que lo entrevistó lo describió como un “optimista del mundo en red”. Y realmente lo es. “Antes de que termine la década, internet y las redes sociales van a llegar al cien por ciento de la sociedad”, dijo. “Hay que expandir el ancho de banda de la participación democrática. Lo queremos hacer hackeando el sistema de una forma elegante, respetando las normas de lo que heredamos y disrrumpiéndolo de una forma sana”, sentenció. –¿No queda toda una sociedad que vive en condiciones más desesperantes fuera de todo esto?, preguntó Luciana Vázquez de La Nación. – “Eso es un mito. En Kenya se vendieron 350.000 smartphones en un día. El smartphone llega a lugares donde el Estado no llega y genera un acceso a la información, a la cultura. La idea de que la tecnología es lujo es una estupidez”, remató Siri. Y agregó después más optimista aún: “La penetración de smartphones en la Argentina está en el orden del 20 por ciento y se calcula que va a llegar al 70 por ciento para 2015”.

La realidad es que en Kenya, en donde la gente tiene una expectativa de vida de no más de 57 años, casi el 70% vive con menos de dos dólares por día (datos del Banco Mundial), difícilmente todo el mundo pueda comprar y mantener un smartphone. Hablamos de Kenya pero es la realidad de muchos otros países más.  Sin ir más lejos, en Argentina, mantener y usar a full un smartphone requiere como mínimo pagar un plan mensual de entre $150 y $200. Sinceramente no veo al 70% de la población pagando eso por mes y sólo en dos o tres años.

La verdad que muchas veces no se quiere ver es que así como internet y todas las tecnologías de la información despiertan nuevos fenómenos sociales y amplían las oportunidades de muchas personas, al mismo tiempo excluyen a otras tantas. Están en marcha muchas políticas inclusivas que buscan introducir las TIC en comunidades social y económicamente vulnerables, pero lo cierto es que la batalla aún está lejos de ganarse.

Odio pronunciar una frase adulta que otras veces me ha ofuscado, pero la creo conveniente a esta altura: hay una realidad muy distinta más allá de las pantallas.

Marcos, el pionero oculto

Es de acá. Pero pocos lo conocen. Tranquilamente podría ser el Mark Zuckerberg, el Pierre Omidyar o el Bill Gates (en el peor de los casos) de nuestros pagos, ¿podría tener una película con su nombre? … pero la prensa y el mercado local poca importancia le han otorgado a su nombre. De lo que hay certezas es sobre el impacto de su obra: el proyecto que se echó a rodar hace trece años ha cambiado la vida de muchos y reescribió, en cierta manera, el modo de comprar y vender en la Argentina y varios países de la región.

Ya he conocido al menos a cuatro personas que trabajan o trabajaron en Mercado Libre, el website de comercio electrónico más visitado y utilizado de la región. Todos coincidían: “Marcos es un genio de genios, pero en su país es dónde menos lo valoran”. Se referían a Marcos Galperín fundador y CEO de Mercado Libre, que opera hoy en trece países de América Latina, el octavo sitio de retail más visitado del mundo, cita el equipo de prensa de la empresa.

La leyenda, como en casi todos estos casos, comienza en un garage. Alumnos de un MBA en Standford, Marcos Galperín y Hernán Kazah, dos (por entonces) jóvenes argentinos sueltos en Estados Unidos propusieron un plan de negocio con la idea de replicar el modelo eBay en América Latina. Así, obtuvieron más de siete millones de dólares de un pool de inversores que incluyó al banco JP Morgan y Hicks, Muse, Tate & Furst. De hecho, se dice que Galperín convenció a John Muse, uno de los fundadores del fondo, durante un viaje en auto al aeropuerto, cita el sitio especializado Materia Biz.

En mayo de 2000, con la empresa ya en funcionamiento, consiguieron otros 46 millones de Goldman Sachs, GE Capital Equity y el Banco Santander. Mercado Libre logró superar el temporal y, en 2001, vendió el 19,5% de su paquete accionario a eBay, con quien construyó un acuerdo de partnership, aunque hoy extraña a propios y extraños el movimiento (¿desleal?) que el portal norteamericano ha realizado reciente con la incursión de Alamaula.

El proyecto atravesó años de veloz crecimiento, a medida que más latinoamericanos se conectaban a la web. Hoy Mercado Libre tiene más de 77 millones de usuarios y por cada segundo concreta dos compras, y al menos 1.000 búsquedas. Según The Nielsen Company más de 134.000 personas viven de Mercado Libre, generando todo o la mayor parte de sus ingresos a través del portal.

Lejos está el sitio de perder el brillo. Aún a pesar de la explosión de Facebook y otras redes sociales como espacio de intercambio, Mercado Libre sigue en el top de las preferencias de muchos usuarios. En 2012, el volumen de dinero transaccionado por productos vendidos superó los cuatro mil millones de dólares, representando un crecimiento del 20.4% en comparación al mismo período del 2011 (32.7% en moneda local). Y es más: la cantidad de artículos vendidos en MercadoLibre se incrementó 31.2% en relación al año pasado alcanzando los 48,4 millones de artículos.

La facturación de enero a septiembre de este año fue de U$S 269,8 (+27% y 42,2% en moneda local). Se hicieron 16,8 millones de operaciones a través de MercadoPago que representaron U$S 1.261,8 millones.

La empresa cotiza en NASDAQ desde 2007. Y la Escuela de Graduados de Standford difunde entre sus nuevos alumnos el exitoso caso de la satartup Mercado Libre. Aquí, en la patria chica, muchos siguen sin conocer a uno de los pioneros del comercio electrónico. Quizás haya elegido el perfil bajo, de hecho se dice que desde hace algunos años ha cambiado la ruidosa Buenos Aires por la calma de alguna ciudad uruguaya.

Algo extra (más allá del talento técnico y la habilidad comercial) tiene Marcos Galperín que despierta pasiones. Su gente se siente a gusto de hacer su trabajo. Todo el que trabaja en Mercado Libre se ha cruzado alguna vez con él. Sin divismos, ni excentricidades, así lo describen. Con los ojos abiertos, agregará un video institucional que resumen el espíritu de una empresa que sigue mirando al mercado con ojos de joven. Eso la mantiene viva y actual.