Los dilemas del joven digital en el mundo real

Qué viven conectados. Qué todo lo solucionan con sus computadoras. Qué son proactivos, inteligentes, creativos. Qué su poder de indignación está cambiando el mundo. Qué están muy bien formados. La cosmovisión que el mundo adulto construye de las juventudes de hoy parece no estar coincidiendo con algunos aspectos de la realidad: las estadísticas de diversos países, de distintos continentes, están alertando sobre que el sistema económico mundial no está absorbiendo a los jóvenes tal como se esperaba ¿Un problema que no se quiere ver? ¿Una nueva burbuja que estalla?

Libros, ensayos y artículos recientes imaginan la inserción de las generaciones más jóvenes al mundo económico. Muchos, con discursos optimistas, intentan describir los principales desafíos para organizaciones con distintos fines. Casi todos, dan por hecho la inyección de vitalidad, creatividad, pragmatismo y dinamismo a las empresas e instituciones, mucho de lo cual se lo atribuyen al know how digital que los chicos llevan impreso en su ADN. Los jóvenes de la Generación Z (nacidos a principios del siglo XXI) “serán los primeros que habrán jugado en su infancia con dispositivos tecnológicos como el iPad y los smartphones, que pertenecen al mundo del trabajo. Así, los jóvenes Z tendrán ya una ventaja de capacitación y entrenamiento que anteriores generaciones”, dice Alejandro Mascó, socio de Oxford Partners.

Pero este mensaje optimista (que muchas veces contiene argumentos válidos) se fragiliza hoy ante la dura realidad. Lejos de los buenos pronósticos y los casos exitosos de jóvenes que en sus garages han sembrado la semilla de corporaciones multimillonarias, se encuentran miles de jóvenes que no han corrido con la misma suerte. La crisis económica desatada en 2007 ha afectado especialmente a los más jóvenes: según datos de la OIT el desempleo golpea en 2013 al 12,6% de la población juvenil mundial, llegando casi al 30% en oeste medio y al 18% en Europa; Asia ostenta los índices más bajos, en torno al 9%; Latinoamérica se acerca al 14%. La situación está lejos de mejorarPara todas las regiones, la OIT proyecta un incremento en 2017 del número de desempleo joven.

En Argentina, muchos jóvenes comienzan por internet, que es donde más seguros se sienten: cargan sus interesantes currículums vitae en la web, realizan entrevistas virtuales, aprovechan la fuerza de las redes sociales para sinergizar su perfil, tienen las condiciones, pero así mismo pasan meses sin conseguir el tan ansiado empleo. “Se sienten descorazonados por las respuestas que en cada entrevista a la que van. Para los jóvenes, el desempleo es un motivo de angustia y no le encuentran salida. Los jóvenes que buscan trabajo dicen que se encuentran ante un mercado que los rechaza”, relata un informe del suplemento iECO del diario Clarín.

Europa es quizás el lugar del planeta en dónde más debate se está dando en torno al problema del desempleo juvenil.  Una cuarta parte de los jóvenes entre 18 y 25 años en Amberes (Bélgica) está desempleada, un índice que era del 19% en 2008. En algunas partes de Bruselas, la rica capital de la Unión Europea (UE), el desempleo juvenil llega al 40%. En Francia, Gran Bretaña y Suecia, uno de cada cinco jóvenes está ahora sin empleo.  En España, donde el desempleo juvenil trepa al 50%, miles de jóvenes con Maestrías y Doctorados, entre otros títulos de alta cualificación, han iniciado un éxodo que los lleva a buscar trabajo en otros países más estables como Alemania, aunque también los empuja a buscar suerte en economías emergentes.

El problema de hoy puede tener un gran impacto en la Europa del futuro, revela un informe de La Nación. El Banco Mundial estima que la fuerza de trabajo del continente se reducirá en 50 millones de personas en los próximos 50 años. Se necesitarán nuevos trabajadores capacitados y con experiencia para mantener a una población envejecida. “La gente joven está siendo marginada, y eso conlleva enormes consecuencias económicas”, dijo Francis Robert, un experto en empleo en Bruselas.

En Italia, uno de los países más afectados por la crisis, el sector empresario ha advertido a través de una carta pública a los comisarios económicos de la UE que sin mayor trabajo para los jóvenes crecerá la rebelión popular. Y es que allí casi el 40% de los jóvenes entre 19 y 25 años no tiene trabajo. Y quien lo consigue tampoco está en una situación ejemplar: la paga media en Italia a las personas de este rango de edad no supera los 1.100 euros, 31% menos que la de un trabajador adulto.

Estados Unidos también siente el impacto de un problema que se globaliza. “En este país se espera que cada generación le vaya mejor que a la anterior. Ya no es así”, concluyó la investigadora Caroline Ratcliffe. Su análisis es a la luz de un informe que revela que los jóvenes norteamericanos están creando menos riqueza que sus padres.

La investigación, encargada por el Urban Institute, una institución de análisis sin fines de lucro de Washington, muestra cómo una suerte de tormenta perfecta de tendencias económicas golpea a los trabajadores jóvenes. Una es el derrumbe de la burbuja inmobiliaria; otra es el incremento de la deuda por préstamos de estudio, que ha seguido creciendo durante la recesión; y por último, los trabajadores jóvenes enfrentan un mercado laboral brutal desde hace cinco años, en donde casi el 8% de las personas de entre 25 y 34 años no tiene trabajo, un 3% más que el promedio.

“Un amplio espectro de factores económicos conspira para impedir la generación de riqueza de los trabajadores más jóvenes del país, que se encuentran ante sueldos estancados, además de enfrentar un derrumbe inmobiliario y una creciente deuda por créditos de estudio”, analiza Annie Lowrey en el New York Times. Pearl Brady, por ejemplo, gana unos 1.800 dólares por mes, pero paga parte de sus estudios de grado y posgrado con créditos que hasta ahora le cuestan alrededor de 400 dólares mensuales (el 22% de su paga). Esto lleva a que muchos jóvenes como ella, en Estados Unidos y en muchas partes del mundo, tengan que vivir en la casa de sus padres, ya que lo que ganan no alcanza para costear la emancipación.

La precarización laboral es otro flagelo que atenta contra la inserción de los jóvenes al mercado laboral. “Los que tienen veintitantos años están aprendiendo que largas jornadas y bajos sueldos caracterizan el inicio de una carrera en los campos creativos. La recesión en los Estados Unidos hace difícil conseguir un primer empleo, donde centenares de aspirantes compiten por pasantías no rentadas en las que se espera que estén a disposición, teléfono inteligente en mano, para twitear y representar a la compañía a todas horas”, comenta Teddy Wayne en el New York Times.

Según un informe de Pew, el promedio del patrimonio neto de menores de 35 años retrocedió el 68% entre 1984 y 2009, llegando a los 3.662 dólares. Esto contrasta con el aumento del 42% en el mismo periodo que registró el patrimonio de los mayores de 65 años.

Uno de los factores críticos en esta situación, según Wayne, es la prolongación de condiciones de trabajo que fueron concebidas en sus inicios como transitorias, pero que ya no lo son. “Las pasantías fueron alguna vez un compromiso a corto plazo, pero se han convertido en un rito de iniciación que suele prolongarse años”, concluye Teddy Wayne.

¿Hay lugar para el joven en el mundo laboral actual? ¿Es sólo un problema de coyuntura macroeconómica o el mundo adulto no está listo aún para dejar ingresar al mercado a las nuevas generaciones? ¿Condicionará esta situación el tan comentado impulso creativo juvenil? Preguntas a las que brevemente habrá que encontrar respuestas, o al menos confrontar con propuestas reales.

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Con internet, es hora de replantear el horario de oficina

Internet ha cambiado muchas cosas, pero no todas. Algunas prácticas culturales, sociales y un largo etcétera se han acomodado a los tiempos digitales; otras simplemente permanecen estancas, impermeables a los cambios. Las extensas jornadas laborales que cientos de miles de trabajadores desarrollan en las oficinas ya no garantizan productividad. Y si bien internet y el teletrabajo podrían aportar una gran solución a este problema, la mayoría de las compañías miran hacia otro lado. Se aferran a las tecnologías, pero no tanto. No se atreven a dar el salto. En palabras de Gramsci (1996): se podría decir que son tiempos con preeminencias tecnológicas, donde lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer (Lardone, 2013).

Hace unos 2.500 años, el sabio chino Lao Tse escribió que “aquel que se aferra al trabajo no creará nada perdurable. Si quieres vivir según el Tao, limítate a hacer tu trabajo y después olvídate”. Pero es más fácil decirlo que hacerlo. En la antigua China no había internet ni actualizaciones instantáneas del mercado bursátil, dice Peter Catapano en un artículo de opinión publicado este año en el New York Times.

Recientes descubrimientos indican que la forma más eficiente de hacer las cosas podría ser dedicar más tiempo a hacer menos. “Un nuevo y creciente cuerpo de investigación multidisciplinaria indica que la renovación estratégica -que comprende ejercicio diurno, breves siestas por la tarde, más horas de sueño, más tiempo fuera de la oficina y vacaciones más largas y frecuentes- mejora la productividad, el desempeño laboral y, por supuesto, la salud, escribió en el NYTimes Tony Schwartz, un consultor de manejo del tiempo.

Los imperios se construyeron sobre la base de “más es más”. Schwartz y muchos otros -describe Catapano- no están de acuerdo con esto. Destaca que el exceso de trabajo, que suele derivar en muy poco sueño, no sólo afecta a los empleados sino también a las empresas en las que trabajan. Un reciente estudio de la Universidad de Harvard calculó que la falta de sueño de los empleados costaba a las empresas estadounidenses 63.200 millones de dólares por año en productividad perdida.

Otro trabajo determinó que las siestas aumentaban la productividad. En tanto una investigación de la Universidad del Estado de la Florida, encontró que quienes tenían un mejor desempeño -músicos, atletas y actores de elite- tendían a trabajar mejor en intervalos de noventa minutos, rara vez más de tres veces por día, con pausas regulares. En esta sintonía, la jornada laboral de doce horas ininterrumpidas no aparece como una opción razonable.

Estos resultados hablan a las claras de la necesidad de replantear los horarios laborales teniendo a disposición tantos aplicativos y tecnologías que permiten realizar lo mismo (y hasta mejor) sin necesidad de encerrarnos ocho, diez y hasta doce horas en un cuadrilatero de vidrio, cables, papeles, personas y pantallas. Internet como herramienta de teletrabajo no es un tema que haya modificado sustantivamente la vida corporativa, al menos en su dinámica interna.

Muchas compañías dicen estar a la vanguardia en materia de recursos humanos, otras ostentan los mejores espacios para trabajar, pero casi ninguna se atreve al gran salto que significa descentralizar y redefinir el trabajo presencial. La contradicción más grande es que compañías del mercado digital estén alimentando esta tendencia, tal el caso de Yahoo! Su flamante CEO de 37 años, Marissa Mayer, decidió eliminar el teletrabajo porque para ella es mejor trabajar cara a cara. “No creo que el agotamiento ocurra por la falta de sueño o por no hacer suficientes comidas adecuadas. Creo que el agotamiento proviene del resentimiento (?!). Es posible que trabajes demasiado, pero tiene que descubrir qué es lo que necesitas realmente para mantenerte activo, con energía, para no volverte resentido”, explicó.

“La libertad de trabajar fuera de una oficina fue una de las razones principales por las que dejé el mundo corporativo, hace ocho años (…) La idea de que todos los empleados deben permanecer sentados en el mismo lugar ocho horas al día, cinco días a la semana, me parecía ineficiente. Sabía que alcanzaba mi nivel máximo de productividad en ciertos momentos”, dijo Prerna Gupta al NYTimes.

La idea de que todo empleado debe estar en una oficina cinco días por semana se remonta a una época en la que los trabajadores no contaban con las herramientas adecuadas para trabajar desde su casa. Pero hoy en día, vivimos en un mundo muy diferente. Gupta está convencida de que en el mundo actual, en el que estamos constantemente conectados, la oficina debe ser reconcebida como un lugar de reunión para comunicar ideas y reforzar los vínculos personales.

En su empresa (Kush – comprada luego por Smule) los empleados van a la oficina tres días a la semana, durante cinco horas al día, más o menos a partir del mediodía. Todo el resto del trabajo lo hacen desde su casa, un café, una plaza, o cualquier otro sitio donde exista una conexión a internet.

Y añade: “a los empleados se les debe dar el respeto y la responsabilidad de administrar sus propios horarios y completar su trabajo en su propio tiempo (…) Las personas inteligentes siguen teniendo un mejor desempeño cuando pueden escoger cuándo y dónde trabajan (…) Las compañías deben desarrollar estrategias para eliminar los obstáculos restantes para trabajar desde casa”.

 

 

El nuevo club de los mil millones, con algunas lecciones aprendidas

La cantidad de emprendimientos privados de Silicon valley que valen más de mil millones de dólares sorprende hasta los propios ejecutivos que los dirigen. “Pensaba que eramos especiales”, dice Phil Libin, CEO de Evernote, un servicio online para el almacenamiento de recortes, fotos e información. En realidad se trata de un club cada vez menos exclusivo, aunque más consciente que años atrás de lo endeble y efímero que puede resultar el éxito en el mundo de internet.

Airbnb, Pinterest, Survey-Monkey y Spotify se cuentan entre las compañías que no cotizan en bolsa más conocidas que han llegado a los 1.000 millones de dólares, relata Quentin Hardy en un artículo publicado en febrero de este año en el New York Times.

Muchas más, con nombres menos familiares, también se alistan un lugar en el club de los mil millones, hasta hace un tiempo reservado para grandes compañías. “Dentro de un año podrían ser cien”, dijo al NYT Jim Goetz, ligado a una firma de capital de riesgo. Es parte de lo que llama “un cambio permanente” de la forma en que la gente hace crecer sus empresas.

El primer día que Microsoft vendió acciones al público en 1986 tenía once años de creada y valía “apenas” 778 millones de dólares (ajustada por inflación, la suma sería de 1.600 millones). Para los nuevos jugadores del mercado, principalmente ligados a las redes sociales, el camino parece ser más corto. En enero, el valor de Twitter, que inició sus actividades en 2006, llegó a los 9.000 millones de dólares. Más rauda fue la cosecha de Pinterest, una red social de recortes que no tiene ingresos, que pasó a valer 1.500 millones de dólares en menos de tres años.

Los emprendedores de Sillicon valley sostienen que la espiral de precios no puede atribuirse a una nueva burbuja tecnológica, pero el temor de una réplica es inevitable. Los precios altos son razonables, dice el informe del editor de tecnología del NYT, Quentin Hardy, ya que innovaciones como los smartphones y la computación de nube están reorganizando un sector que ya vale centenares de miles de millones de dólares.

El valor en alza de estas empresas se debe en parte a que entre ellas existe un vínculo sinérgico que hace que una participe en la generación de ingresos de la otra, es decir se retroalimentan. Por cada Dropbox, que ofrece almacenamiento de datos online y cotiza unos 4.000 millones en el mercado, hay dos compañías discretas como Zscaler (proveedora de seguridad) y Palantir (análisis de datos).

Los CEOs de las actuales integrantes del Club de los mil millones tienen entre manos algunas lecciones aprendidas y saben lo incierto y efímero que puede resultar este espiral de dinero. Es que muchos de ellos son veteranos de la burbuja de internet de fines de los años 90 y temen que tal vez las cosas no sean tan diferentes esta vez.

Una muestra de esa cautela es la que muestra Robert Tinker, CEO de Mobileiron, que produce software para compañías que manejan teléfonos inteligentes y tablets. El ejecutivo tiene 43 años y maneja una Ford Explorer de 1995 con 426.000 kilómetros encima. “La realidad es que obtenido 94 millones de dólares de inversores y aún no hemos empezado a cotizar en bolsa. Siento esa responsabilidad todos los días”, dijo al NYT.

Crece el temor a que el club de los más de mil millones de dólares se esté llenando de compañías parecidas, opina Quentin Hardy. En realidad lo que preocupa es que las valuaciones – que se convierten en ganancia sólo si la compañía cotiza en bolsa con éxito o se vende a un precio alto – puedan caer.

Phil Libin se hizo millonario al vender su primera compañía (Engine 5) en el año 2000. “Empecé con relojes”, dijo al NYT. Su actual compañía Evernote comenzó al estallar la crisis financiera actual. “Una noche me encontré casi en la quiebra otra vez”, contó, “y ahí estaba el equipo de relojería burlándose de mí en un estante”.

Marcos, el pionero oculto

Es de acá. Pero pocos lo conocen. Tranquilamente podría ser el Mark Zuckerberg, el Pierre Omidyar o el Bill Gates (en el peor de los casos) de nuestros pagos, ¿podría tener una película con su nombre? … pero la prensa y el mercado local poca importancia le han otorgado a su nombre. De lo que hay certezas es sobre el impacto de su obra: el proyecto que se echó a rodar hace trece años ha cambiado la vida de muchos y reescribió, en cierta manera, el modo de comprar y vender en la Argentina y varios países de la región.

Ya he conocido al menos a cuatro personas que trabajan o trabajaron en Mercado Libre, el website de comercio electrónico más visitado y utilizado de la región. Todos coincidían: “Marcos es un genio de genios, pero en su país es dónde menos lo valoran”. Se referían a Marcos Galperín fundador y CEO de Mercado Libre, que opera hoy en trece países de América Latina, el octavo sitio de retail más visitado del mundo, cita el equipo de prensa de la empresa.

La leyenda, como en casi todos estos casos, comienza en un garage. Alumnos de un MBA en Standford, Marcos Galperín y Hernán Kazah, dos (por entonces) jóvenes argentinos sueltos en Estados Unidos propusieron un plan de negocio con la idea de replicar el modelo eBay en América Latina. Así, obtuvieron más de siete millones de dólares de un pool de inversores que incluyó al banco JP Morgan y Hicks, Muse, Tate & Furst. De hecho, se dice que Galperín convenció a John Muse, uno de los fundadores del fondo, durante un viaje en auto al aeropuerto, cita el sitio especializado Materia Biz.

En mayo de 2000, con la empresa ya en funcionamiento, consiguieron otros 46 millones de Goldman Sachs, GE Capital Equity y el Banco Santander. Mercado Libre logró superar el temporal y, en 2001, vendió el 19,5% de su paquete accionario a eBay, con quien construyó un acuerdo de partnership, aunque hoy extraña a propios y extraños el movimiento (¿desleal?) que el portal norteamericano ha realizado reciente con la incursión de Alamaula.

El proyecto atravesó años de veloz crecimiento, a medida que más latinoamericanos se conectaban a la web. Hoy Mercado Libre tiene más de 77 millones de usuarios y por cada segundo concreta dos compras, y al menos 1.000 búsquedas. Según The Nielsen Company más de 134.000 personas viven de Mercado Libre, generando todo o la mayor parte de sus ingresos a través del portal.

Lejos está el sitio de perder el brillo. Aún a pesar de la explosión de Facebook y otras redes sociales como espacio de intercambio, Mercado Libre sigue en el top de las preferencias de muchos usuarios. En 2012, el volumen de dinero transaccionado por productos vendidos superó los cuatro mil millones de dólares, representando un crecimiento del 20.4% en comparación al mismo período del 2011 (32.7% en moneda local). Y es más: la cantidad de artículos vendidos en MercadoLibre se incrementó 31.2% en relación al año pasado alcanzando los 48,4 millones de artículos.

La facturación de enero a septiembre de este año fue de U$S 269,8 (+27% y 42,2% en moneda local). Se hicieron 16,8 millones de operaciones a través de MercadoPago que representaron U$S 1.261,8 millones.

La empresa cotiza en NASDAQ desde 2007. Y la Escuela de Graduados de Standford difunde entre sus nuevos alumnos el exitoso caso de la satartup Mercado Libre. Aquí, en la patria chica, muchos siguen sin conocer a uno de los pioneros del comercio electrónico. Quizás haya elegido el perfil bajo, de hecho se dice que desde hace algunos años ha cambiado la ruidosa Buenos Aires por la calma de alguna ciudad uruguaya.

Algo extra (más allá del talento técnico y la habilidad comercial) tiene Marcos Galperín que despierta pasiones. Su gente se siente a gusto de hacer su trabajo. Todo el que trabaja en Mercado Libre se ha cruzado alguna vez con él. Sin divismos, ni excentricidades, así lo describen. Con los ojos abiertos, agregará un video institucional que resumen el espíritu de una empresa que sigue mirando al mercado con ojos de joven. Eso la mantiene viva y actual.