Rural y urbano: una diferenciación que ya no tiene sentido

La tecnología móvil, recientemente, ha permitido el ingreso de millones de personas al mundo interconectado. Las redes sociales cautivan a personas de todas las edades y geografías. La señal de internet se caza en cafés, plazas, colectivos, escuelas del campo y la ciudad, mientras nos movemos por una ruta, tranqueras adentro, en algunos casos. Es por eso que en el campo de las TIC (aunque también en muchos otros) buscar diferencias entre lo urbano y lo rural casi ya no tienen sentido.

La explosión de las conexiones a través de la Red no sólo ha cambiado la manera de interactuar en las grandes ciudades. También las zonas rurales están siendo transformadas por la aparición de estas nuevas herramientas tecnológicas, destaca un informe de la BBC.

Un indicio de la popularidad que adquirieron las redes sociales en el campo es la aparición de sitios específicamente pensados para productores agrarios.  A finales de 2011 el Cono Sur tuvo su propia red social rural: Sojabook, un sitio creado por el argentino Mariano Torrubiano, que mezcla modalidades de las dos redes sociales más populares del mundo, Facebook y Twitter. En sólo unos meses el sitio atrajo a más de 13.000 usuarios.

La feria virtual de productos, artesanías y servicios para la agrofamilia creada por el INTA de Corrientes; la red de intercambio de información Yo Agricultor, impulsada por el Gobierno de Chile, son otros dos ejemplos que se suman a una extensa lista de experiencias sostenidas en TIC’s que tienen como protagonista a los actores de la ruralidad.

Torrubiano dijo a BBC Mundo que redes sociales como la suya están transformado la vida de muchos productores rurales, permitiendo un contacto entre campesinos de todo el mundo que hace pocos años hubiera sido imposible y cambiando la forma de trabajar de muchos.

Hace dos semanas atrás, en un seminario sobre la vida digital, organizado en San Luis por el INTA y la Universidad Católica de Cuyo, aparecieron opiniones (ver video con testimonios) y debates que abonan la idea de borrar los límites entre lo urbano y lo rural.

“Antes de mi incorporación al mundo tecnológico, uno de los problemas que veía era el aislamiento que vivía el productor agropecuario al estar mucho tiempo en el campo. Ahora tenemos la posibilidad de estar trabajando online mediante el uso de estas tecnologías”, opinó Ricardo, un productor agropecuario del centro de la provincia de San Luis, que elige a la Blackberry como su tecnología favorita ya que le permite gestionar su explotación a distancia, sin importar por dónde se encuentre.

Con una mirada desde la urbe, una profesional opinó parecido: “Si tuviera que pensar en alguna limitación entre el acceso a las tecnologías de la gente que está en la ciudad y la gente que está en el campo en realidad creo que hoy el acceso a las tecnologías está dado para todos por igual”.

Como limitación aún vigente apareció la cobertura de internet y telefonía móvil aún deficientes en algunos sectores de la ruralidad. “Yo creo que dentro de algunos años (la vida digital) no se daría sólo en la ciudad sino que también en el campo, y todos utilizaríamos la mayor parte del tiempo estas tecnologías”, concluyó un profesional informático.

Lo rural en lo urbano, lo urbano en lo rural. Una dimensión impacta a la otra, generando nuevas relaciones, vínculos y concepciones intermedias y más inclusivas, como la denominada rurbanidad. Lo urbano como reservorio de la modernidad y lo rural como sinónimo del atraso, es otra mirada que también debe formar parte del pasado. El acceso y disponibilidad de las tecnologías es sólo un ejemplo de cuán errónea resulta dicha afirmación.

Una simbiosis que no nace exclusivamente a partir de las nuevas tecnologías sino que se inscribe en un marco más general que tiene que ver con una nueva ruralidad que viene emergiendo con fuerza en América Latina y otros rincones del mundo.

 

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