La paradoja de la conectividad

Comparto una reflexión de Radamés Camargo a propósito de la conectividad y la configuración de nuevas barreras, desplazados y analfabetismos emergentes detrás de la falta de acceso.

La Paradoja de la Conectividad Radamés Camargo radames.camargo@theciu.com En la década del sesenta la sociedad mexicana fue referida como la de “Los Dos Méxicos”, en donde contrastaban uno moderno, industrializado y urbano, beneficiario de las grandes obras de infraestructura y materializado en la creciente clase media. El otro, eminentemente rural, marginado, carente sobre […]

a través de 13,340 Radamés Camargo, La Paradoja de la Conectividad — Blog de Octavio Islas

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El nuevo club de los mil millones, con algunas lecciones aprendidas

La cantidad de emprendimientos privados de Silicon valley que valen más de mil millones de dólares sorprende hasta los propios ejecutivos que los dirigen. “Pensaba que eramos especiales”, dice Phil Libin, CEO de Evernote, un servicio online para el almacenamiento de recortes, fotos e información. En realidad se trata de un club cada vez menos exclusivo, aunque más consciente que años atrás de lo endeble y efímero que puede resultar el éxito en el mundo de internet.

Airbnb, Pinterest, Survey-Monkey y Spotify se cuentan entre las compañías que no cotizan en bolsa más conocidas que han llegado a los 1.000 millones de dólares, relata Quentin Hardy en un artículo publicado en febrero de este año en el New York Times.

Muchas más, con nombres menos familiares, también se alistan un lugar en el club de los mil millones, hasta hace un tiempo reservado para grandes compañías. “Dentro de un año podrían ser cien”, dijo al NYT Jim Goetz, ligado a una firma de capital de riesgo. Es parte de lo que llama “un cambio permanente” de la forma en que la gente hace crecer sus empresas.

El primer día que Microsoft vendió acciones al público en 1986 tenía once años de creada y valía “apenas” 778 millones de dólares (ajustada por inflación, la suma sería de 1.600 millones). Para los nuevos jugadores del mercado, principalmente ligados a las redes sociales, el camino parece ser más corto. En enero, el valor de Twitter, que inició sus actividades en 2006, llegó a los 9.000 millones de dólares. Más rauda fue la cosecha de Pinterest, una red social de recortes que no tiene ingresos, que pasó a valer 1.500 millones de dólares en menos de tres años.

Los emprendedores de Sillicon valley sostienen que la espiral de precios no puede atribuirse a una nueva burbuja tecnológica, pero el temor de una réplica es inevitable. Los precios altos son razonables, dice el informe del editor de tecnología del NYT, Quentin Hardy, ya que innovaciones como los smartphones y la computación de nube están reorganizando un sector que ya vale centenares de miles de millones de dólares.

El valor en alza de estas empresas se debe en parte a que entre ellas existe un vínculo sinérgico que hace que una participe en la generación de ingresos de la otra, es decir se retroalimentan. Por cada Dropbox, que ofrece almacenamiento de datos online y cotiza unos 4.000 millones en el mercado, hay dos compañías discretas como Zscaler (proveedora de seguridad) y Palantir (análisis de datos).

Los CEOs de las actuales integrantes del Club de los mil millones tienen entre manos algunas lecciones aprendidas y saben lo incierto y efímero que puede resultar este espiral de dinero. Es que muchos de ellos son veteranos de la burbuja de internet de fines de los años 90 y temen que tal vez las cosas no sean tan diferentes esta vez.

Una muestra de esa cautela es la que muestra Robert Tinker, CEO de Mobileiron, que produce software para compañías que manejan teléfonos inteligentes y tablets. El ejecutivo tiene 43 años y maneja una Ford Explorer de 1995 con 426.000 kilómetros encima. “La realidad es que obtenido 94 millones de dólares de inversores y aún no hemos empezado a cotizar en bolsa. Siento esa responsabilidad todos los días”, dijo al NYT.

Crece el temor a que el club de los más de mil millones de dólares se esté llenando de compañías parecidas, opina Quentin Hardy. En realidad lo que preocupa es que las valuaciones – que se convierten en ganancia sólo si la compañía cotiza en bolsa con éxito o se vende a un precio alto – puedan caer.

Phil Libin se hizo millonario al vender su primera compañía (Engine 5) en el año 2000. “Empecé con relojes”, dijo al NYT. Su actual compañía Evernote comenzó al estallar la crisis financiera actual. “Una noche me encontré casi en la quiebra otra vez”, contó, “y ahí estaba el equipo de relojería burlándose de mí en un estante”.

Controversia 2.0: ideologías y poder de una web que cada vez se parece más a nosotros

“Tenemos tanto miedo de lo que nos puede hacer la web ¿Pero por qué hemos cedido ese poder?”, se preguntó Aleks Krotoski, periodista de la BBC y columnista de The Guardian sobre el mundo de las tecnologías de la información y la interactividad contemporánea, en su reciente paso por la Argentina.

Aleks vino con el patrocino de la Fundación Osde para ofrecer dos conferencias en el país, una en Buenos Aires (el 23 de agosto) y otra en Córdoba. (cinco días después) En los primeros minutos de su exposición en la capital argentina se presentó como una investigadora obsesiva por la supuesta neutralidad de la web.

“La web ha evolucionado desde un espacio de reproducción a un espacio de expresión. En realidad la web no nos ha transformado, no ha cambiado nuestras necesidades más fundamentales. Sí se comporta como un laboratorio de identidades, ya que nunca como antes estuvimos tan enganchados a la web como con las redes sociales”, dijo la además integrante del Oxford Internet Institute.

C0n el auge de una internet más social tenemos la sensación de ser reales productores y decisores de nuestra propia experiencia online. Krotoski enciende algunas luces amarillas en este sentido. “Comprendemos cómo funciona el poder en el mundo físico, pero aún no tenemos un entendimiento cabal de cómo funciona el poder en el mundo digital. Las tecnologías están teñidas de la ideología de sus creadores. No son ni buenas, ni malas, pero tampoco son neutras”, citó.

La gente avanza hacia el tecno-fundamentalismo: acepta casi ciegamente lo que la web le ofrece. Sin ánimo de alimentar teorías conspirativas – dijo la periodista británica , creadora de la serie The Virtual Revolution, emitida por la BBC -, hemos dejado que Google se meta en nuestras vidas sin preguntarnos. Hoy, al intentar realizar cualquier búsqueda, el sitio más visitado del mundo sabe quiénes somos y qué queremos. Por eso identifica nuestra ubicación geográfica, rastrea patrones de consumo de información residentes en la red, cruza información, prioriza y decide por nosotros. Y todo el mundo queda contento, maravillado por lo que mágicamente Google hace por nosotros, cuando en realidad estamos frente a una “ventana de facto hacia el conocimiento”, definió Aleks.

Google no nos da información independiente. Nadie en la web lo hace. “La web está producida por seres humanos y ha sido pensada por personas que están en el norte de California”, sostuvo Krotoski. Cada uno de estos desarrolladores tiene una ideología que imprime en los programas y productos que difunde por la red de redes. Y nosotros (los usuarios) “no somos tan críticos con la web, porque sentimos que es el testimonio de nuestra humanidad. Tenemos más elección que antes pero seguimos reducidos aún al código binario”, analizó.

Hay que comenzar a preguntarnos más acerca de lo que la web está haciendo con nosotros. Así de abierto fue el final que planteó Aleks Krotoski en su paso por Buenos Aires.