La paradoja de la conectividad

Comparto una reflexión de Radamés Camargo a propósito de la conectividad y la configuración de nuevas barreras, desplazados y analfabetismos emergentes detrás de la falta de acceso.

La Paradoja de la Conectividad Radamés Camargo radames.camargo@theciu.com En la década del sesenta la sociedad mexicana fue referida como la de “Los Dos Méxicos”, en donde contrastaban uno moderno, industrializado y urbano, beneficiario de las grandes obras de infraestructura y materializado en la creciente clase media. El otro, eminentemente rural, marginado, carente sobre […]

a través de 13,340 Radamés Camargo, La Paradoja de la Conectividad — Blog de Octavio Islas

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Lecciones de la India: el people-centric impulsa una nueva ola de inclusión digital

La India es un coloso de casi 1.310 millones de personas que ha vivido el último medio siglo con muchos sobresaltos. Desde su independencia del Reino Unido en 1947, la nueva república ha enfrentado desde repetidas y severas crisis geopolíticas – algunas internas pero también con sus vecinos (China, Pakistán, Sri Lanka) – que casi la llevan a conflictos nucleares, hasta ataques terroristas que provocaron el asesinato de tres de los 18 primeros ministros que ha tenido el país, entre ellos el mítico Mahatma Gandhi, líder del movimiento político que terminó por consolidar la independencia.

Setenta años después de separarse de los británicos (el próximo 15 de agosto habrá festejos en todo el país), la India es un país que – a pesar de la gran desorganización que la atraviesa y  los problemas estructurales que la acechan – ha comenzado a resolver con simpleza algunos dilemas de la inclusión digital.

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El tráfico de todos los días en Hyderabad, la cuarta ciudad más grande de la India.

La India es como una autopista (muy congestionada por cierto) de varios pisos, en donde todo fluye pero mezclado y de un modo caótico. En la calle conviven animales, motos, autos, camionetas, “tuk tuk” y mucha (pero mucha) gente. A ello sumamos la complejidad que implican las más de 20 lenguas que coexisten (más no siempre conviven) en todo el país.

Como el tránsito, nada es tan simple de lograr en la India: desde querer tomar un taxi hasta pedir algo en la calle, mucho más aún lidiar con la burocracia estatal o la empresaria, puede llevar, a quien lo intente, a una especie de odisea hacia el espacio.

No hace mucho, algunos líderes políticos se dieron cuenta que este desorden tenía un alto costo para el país, tanto en el frente interno como el externo, y no sólo en términos monetarios. Las tecnologías digitales – muchas veces demonizadas y temidas por éste como otros gobiernos de la región – aparecieron como una solución rápida y accesible para intentar domar el caos.

Fue así que el Gobierno central decidió en 2015 impulsar una plataforma de conectividad, inclusión y alfabetización tecnológica, denominada Digital India, que en sus primeros años ya ha demandado una inversión superior a los 3.300 millones de dólares, a la vez que ha logrado captar no sólo el interés del sector privado – incluyendo a gigantes mundiales de la tecnología – sino también a las comunidades y el tercer sector.

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El Primer Ministro indio,  Narendra Modi, presenta el programa Digital India en San Jose, California (26 de septiembre de 2015). Fuente: Prensa PM Modi.

En este escenario emergió con más fuerza el hub tecnológico del sur indio, conocido como el Silicon Valley Triangle, integrado por Bangalore (a la cabeza), Hyderabad y Chennai. Allí, Google, Facebook, Microsoft, Amazon, Oracle, IBM, Apple, junto al gigante nacional Infosys, y otras empresas de diversa envergadura, impulsan una suerte de incubadoras de ideas y proyectos, a través de cientos de startups y decenas de proyectos de inversión que incluso están trascendiendo las fronteras del país.

Las administraciones públicas regionales no se han quedado al margen de este impulso de lo digital. Pude conocer personalmente los avances de los gobiernos de Andhra Pradesh,  Telangana y Karnataka – en el sur del país -, Estados que han desarrollado novedosas estrategias de e-governament incluyendo la participación activa de los ciudadanos en distintas etapas del proceso, una fortaleza que ha terminado por expandir el espectro de acción internet en actividades cotidianas a la vez que ha permitido el ingreso al mundo digital de millones de indios en la última década.

Recientemente la fiebre por el Big Data ha despertado el interés de los organismos públicos por aprovechar el potencial de los datos que producen a diario las millones de personas que se han conectado a la red en la última década. Así, no sólo empresas sino también algunos gobiernos regionales ya están experimentando con el Deep Planning, sostenido ya no únicamente en análisis predictivos de usuarios sino también en modelos prescriptivos de acción anticipada, a partir de sistemas que aprenden del comportamiento de los seres humanos y actúan en consecuencia.

Así se produce un desplazamiento interesante en el modelo digital de algunas oficinas de gobierno, que ya están transitando un pasaje que va del clásico e-governament (enfoque centrado en aplicativos y servicios) al Smart Governance, un sistema dinámico que integra diversas fuentes y herramientas para comprender mejor a los ciudadanos y actuar en tiempo real.

Estos programas – apoyados desde el gobierno central a partir de Digital India – abrazan la filosofía del people-centric, que propone el diseño de sistemas y aplicativos que giren en torno a necesidades reales de la gente, a un costo bajo, sobre la base del uso de dispositivos de acceso masivo. En oposición a la tecnología que gira en torno a los aparatos (thing-centric), la propuesta es ir hacia una “internet de la gente“, en palabras de Fernando Boavida (2015).

“Mobile phones are increasingly more powerful and disseminated. On the other hand, social networks and virtual worlds are experiencing an exploding popularity and have millions of users. These low-cost technologies can now be used to create an Internet of People (IoP), a dynamically configurable integration platform of connected smart objects that allows enhanced, people-centric applications”. Boavida, F. (2015)

En la India – explica el profesor Madhava Rao del National Institute of Rural Development (NIRD) con base en Hyderabad – internet ha venido a solucionar el grave problema que el país tiene con la gestión de los recursos (de todo tipo) para su enorme población, que según algunas proyecciones podría superar a la china en poco más de cinco años. El impulso digital “nos está ayudando a reducir los costos y tomar decisiones más efectivas; gracias a que la gente está comprendiendo de a poco que esta es una buena herramienta para cambiar lo que está mal. La infraestructura de telecomunicaciones puede hacer las cosas posible pero es la gente la que puede hacer que esas transformaciones ocurran”, concluye.

Los que gestionan las instituciones públicas ven en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) una oportunidad histórica para transformar para siembre la forma de hacer gobierno. “Para ser exitosos con la incursión de internet, tenemos que simplificar los procesos a los ciudadanos. Sabemos que si diseñamos procedimientos complejos produciremos el efecto contrario. Alentamos a que las administraciones públicas integren y simplifiquen sus plataformas en una sola ventana, es decir que la gente tenga que ir a un solo lugar para resolver el proceso”, me explicó el Dr. B. Murali del Departamento de Tecnologías de la Información del Gobierno de la India.

La brecha digital ya no puede entenderse sólo a partir del dilema del acceso; necesita problematizarse además en términos de usabilidad. “Internet tiene que cambiar la naturaleza del intercambio entre la gente y las empresas con el gobierno. Para ello es necesario descentralizar, diseñar experiencias de usuario centradas en sus necesidades, ir hacia una ‘citizen interface’ y así minimizar la brecha digital”, opina R. Chakradhar del Center for Good Governance 

El programa federal de impulso digital busca optimizar los servicios de gobierno pero al mismo tiempo favorecer el empoderamiento ciudadano de lo digital. Un pilar clave que integra esas dos dimensiones es la infraestructura de conectividad para lo cual los Estados se están sirviendo de alianzas con el sector privado para llevar telefonía, internet y datos móviles (principalmente) a los lugares que aún no tienen acceso.

El resultado de esta alianza no está resultando del todo bien. Usuarios de distintos ambientes con los que pude hablar mencionan que – al igual que en Sudamérica – las empresas sólo están conectado aquellos sitios que garantizan cierta rentabilidad, quedando las zonas rurales relegadas. Datos oficiales calculan que unas 43.000 pequeñas localidades en toda la India aún no poseen cobertura móvil, en un país en donde el 65% de la población vive en zonas rurales. Una mayor proporción aún ni tiene acceso a la electricidad: unos 150.000 pueblos en todo el país, calculan entes nacionales.

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A pesar de los desbalances, la conectividad móvil sigue extendiéndose en la India, aunque con marcos tarifarios costosos para la población promedio. Los planes tienen muchos minutos de voz pero pocos GB de datos. La “internet móvil ilimitada” vale oro en este país y no es comúnmente ofertada por los prestadores. 

En las zonas rurales el foco está en convencer a millones de personas sobre que internet puede hacer más fácil las cosas, cuestión que no resulta tan simple de lograr. Allí – en donde viven unos 851 millones, lo mismo que resultaría de sumar la gente que vive en Europa, Oceanía y América Central – el desafío pasa por entender los miedos de los pobladores y proyectar luego aplicaciones simples y concretas.

En este escenario los desarrolladores se están topando con los desafíos de la diversidad multilingüe del país y la grave pobreza que aún persiste (sin quitar mérito a los grandes avances en su mitigación), a la vez que con la necesidad de diseñar sistemas híbridos que logren desempeñarse en ambientes de conectividad inestable como así también capaces de integrarse con tecnologías anteriores como el SMS y dispositivos rústicos, adultos mayores en un mercado dominado por los smartphones. El desafìo está pasando – entonces – por impulsar la inclusividad digital de la mano de la gestión y el respeto de la diversidad cultural.

El gobierno de Telangana viene trabajando en esta línea y en los últimos años ha instalado unos 4.500 centros de acceso a internet y generado unos 600 servicios online a disposición de sus pobladores. Esto los ha llevado a ser el Estado con más transacciones online cada mil habitantes de toda India.

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Las mujeres vienen protagonizando muchas de las transformaciones recientes en la agricultura familiar de la India; incluso en el plano de lo digital. 

 

Si bien el fenómeno es relativamente reciente, me aventuro a pensar que la India ha experimentado una de las expansiones más importantes de internet en los últimos años.

Los datos de Internet Live Stats muestran de hecho un salto gigantesco: de 5.5 millones de personas conectadas en el año 2000 a los 462.1 millones actuales (más que toda la población de Sudamérica). En términos de porcentaje esto significa una evolución de la penetración del 0,5% al 35% de la población en menos de dos décadas.

A esta postal hay que sumar el panorama de la telefonía móvil, que sigue su avance vertiginoso y ya ha superado las 1.000 millones de suscripciones, de las cuales unas 371 millones incluyen acceso a la red (lo que equivale al 80% de todos los usuarios que se conectan en el país). Los números fantásticos no terminan aquí; por citar sólo dos más: sólo en el último año (2016) India sumó 65 millones de nuevos usuarios de internet móvil; un año antes, en 2015, los negocios despacharon unos 95 millones de smartphones nuevos.

“Tenemos que amalgamar el conocimiento local incubado en estos años por la comunidad con las herramientas digitales. Hay que avanzar pero conscientes de que las TIC ofrecen sólo una parte de la solución; debemos conectar la tecnología con los problemas, necesidades y posibilidades reales de nuestra gente para que esta transformación aspire a un mediano plazo”, explica Kathiresan Chinnusamy, coordinador de un proyecto de agricultura de precisión que combina IoT, inteligencia artificial y prototipos de conectividad rural.

En su contacto con productores agropecuarios, Kathiresan aprendió una lección que se encuentra en el corazón del modelo people-centric que está marcando a fuego una nueva ola de inclusión digital en la India: “la tecnología tiene que gozar de credibilidad del usuario; por más que nosotros estemos convencidos de que internet puede cambiarlo todo, la credibilidad social en los dispositivos que diseñemos determinará, en definitiva, la usabilidad y la utilidad social de la tecnología”, concluye.

Desafíos por delante? Muchos. Por sólo mencionar algunos:

  • No darse por satisfecho y continuar trabajando para incluir a un porcentaje mayor de la población.
  • La enorme población que no para de crecer es cada vez más voraz de datos, lo cual demanda la necesidad de encontrar alternativas de almacenaje y gestión de datos a costos que el país pueda afrontar.
  • La conectividad rural necesita incrementarse de la mano de una regulación estatal más intensa.
  • Las altas tarifas están impidiendo el aprovechamiento de las enormes potencialidades de internet en una importante porción de la sociedad conectada.
  • Con tanta gente conectada en tan poco tiempo, la ciberseguridad necesita incrementarse y pensarse como un componente más de la alfabetización digital.
  • Es necesario mejorar la calidad en la captura, proceso y publicación de la información.
  • Generar contenidos diversificados es una de las grandes deudas del programa de incentivo digital, que en esta etapa está más preocupado en el acceso y los servicios.
  • El Gobierno indio bloquea actualmente algunos sitios por considerarlos inapropiados. No hay ninguna política digital que pueda prevalecer a largo plazo sobre la base de la censura previa.
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En los últimos años se han abierto cientos de centros de formación vinculados a las TIC, sobre todo en el sur de la India. Este es el ejemplo de un instituto del NIRD que se dedica a fortalecer las capacidades de profesionales vinculados al desarrollo agropecuario y rural del país. 

Con las TIC, los jóvenes impulsan algunos cambios en la agricultura familiar

Traduccion del original

El trabajo familiar es un modo de trabajo muy común en la agricultura de muchos países, con mas de 500 millones de unidades productivas en el mundo entero, de acuerdo a la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO), institución que en 2014 esta promocionando el año de la agricultura familiar.

Esta particular forma de hacer agricultura se caracteriza por emprendimientos gestionados por miembros de una familia, generalmente de escala pequeña o mediana, tanto en tamaño como en productividad.

Por mucho tiempo, muchos imaginaron a los productores agropecuarios y a los pobladores rurales como desconectados del “mundo moderno”. Este modo de pensar a los campesinos y la ruralidad concibe a las ciudades, en donde la modernidad ocurre, y el campo, marcado por el atraso, como dos espacios completamente opuestos.

En las ultimas décadas, algunas instituciones comenzaron a estudiar este escenario y descubrieron todo lo contrario. La globalización, la evolución de los mercados y el trabajo y los nuevos flujos poblacionales, entre muchos otros factores, ayudan a entender que lo rural y lo urbano son dos espacios que están más conectados de lo que mucha gente piensa.

Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) están jugando un rol clave en esta situación. Las nuevas generaciones de productores agropecuarios no sólo incorporan estas tecnologías a su actividad, cambiando incluso muchos de los modos tradicionales de hacer agricultura, sino que también conciben a estos dos “espacios” como complementarios. Los teléfonos móviles, en especial, se constituyen como una excelente plataforma para conectar la “rurbanidad”, un nuevo (y clave) concepto que ayuda a entender este tipo de espacios híbridos en donde la ciudad y el campo son parte de una misma realidad social.

La investigación que me encuentro desarrollando en Argentina, Estados Unidos y Europa, busca comprender mejor cómo las TIC están impactando en la agricultura familiar, focalizando en el rol que está jugando la juventud en un escenario complejo donde las transformaciones sociales están reconceptualizando las formas de hacer agricultura y redefiniendo trayectorias sociales, económicas y culturales de las sociedades en contextos híbridos.

Algunos hallazgos preliminares del trabajo realizado en el Estado de Washington (Estados Unidos) permiten comprender mejor el tipo de apropiaciones que se están observando en las practicas de la agricultura familiar. Por primer vez, los campesinos tienen la oportunidad de contar su propia historia a través de los medios sociales o la web, espacios creados y gestionados por ellos mismos. En consecuencia, las narrativas de la agricultura familiar se renuevan, toman nuevas formas y son re-imaginadas.

Los jóvenes son actores críticos en este proceso. A través de sus experiencias, podemos comprender mejor las transformaciones de la agricultura familiar, en tanto sus estilos de vida y decisiones están formateando la agricultura del futuro.

Mas información sobre este avance de investigación en el post original, publicado en la web del Technology & Social Change Group de la Universidad de Washington (incluye presentación con hallazgos preliminares de investigación):

http://tascha.uw.edu/2014/08/young-farmers-and-icts-new-research-from-tascha-visitor/

 

 

Rural y urbano: una diferenciación que ya no tiene sentido

La tecnología móvil, recientemente, ha permitido el ingreso de millones de personas al mundo interconectado. Las redes sociales cautivan a personas de todas las edades y geografías. La señal de internet se caza en cafés, plazas, colectivos, escuelas del campo y la ciudad, mientras nos movemos por una ruta, tranqueras adentro, en algunos casos. Es por eso que en el campo de las TIC (aunque también en muchos otros) buscar diferencias entre lo urbano y lo rural casi ya no tienen sentido.

La explosión de las conexiones a través de la Red no sólo ha cambiado la manera de interactuar en las grandes ciudades. También las zonas rurales están siendo transformadas por la aparición de estas nuevas herramientas tecnológicas, destaca un informe de la BBC.

Un indicio de la popularidad que adquirieron las redes sociales en el campo es la aparición de sitios específicamente pensados para productores agrarios.  A finales de 2011 el Cono Sur tuvo su propia red social rural: Sojabook, un sitio creado por el argentino Mariano Torrubiano, que mezcla modalidades de las dos redes sociales más populares del mundo, Facebook y Twitter. En sólo unos meses el sitio atrajo a más de 13.000 usuarios.

La feria virtual de productos, artesanías y servicios para la agrofamilia creada por el INTA de Corrientes; la red de intercambio de información Yo Agricultor, impulsada por el Gobierno de Chile, son otros dos ejemplos que se suman a una extensa lista de experiencias sostenidas en TIC’s que tienen como protagonista a los actores de la ruralidad.

Torrubiano dijo a BBC Mundo que redes sociales como la suya están transformado la vida de muchos productores rurales, permitiendo un contacto entre campesinos de todo el mundo que hace pocos años hubiera sido imposible y cambiando la forma de trabajar de muchos.

Hace dos semanas atrás, en un seminario sobre la vida digital, organizado en San Luis por el INTA y la Universidad Católica de Cuyo, aparecieron opiniones (ver video con testimonios) y debates que abonan la idea de borrar los límites entre lo urbano y lo rural.

“Antes de mi incorporación al mundo tecnológico, uno de los problemas que veía era el aislamiento que vivía el productor agropecuario al estar mucho tiempo en el campo. Ahora tenemos la posibilidad de estar trabajando online mediante el uso de estas tecnologías”, opinó Ricardo, un productor agropecuario del centro de la provincia de San Luis, que elige a la Blackberry como su tecnología favorita ya que le permite gestionar su explotación a distancia, sin importar por dónde se encuentre.

Con una mirada desde la urbe, una profesional opinó parecido: “Si tuviera que pensar en alguna limitación entre el acceso a las tecnologías de la gente que está en la ciudad y la gente que está en el campo en realidad creo que hoy el acceso a las tecnologías está dado para todos por igual”.

Como limitación aún vigente apareció la cobertura de internet y telefonía móvil aún deficientes en algunos sectores de la ruralidad. “Yo creo que dentro de algunos años (la vida digital) no se daría sólo en la ciudad sino que también en el campo, y todos utilizaríamos la mayor parte del tiempo estas tecnologías”, concluyó un profesional informático.

Lo rural en lo urbano, lo urbano en lo rural. Una dimensión impacta a la otra, generando nuevas relaciones, vínculos y concepciones intermedias y más inclusivas, como la denominada rurbanidad. Lo urbano como reservorio de la modernidad y lo rural como sinónimo del atraso, es otra mirada que también debe formar parte del pasado. El acceso y disponibilidad de las tecnologías es sólo un ejemplo de cuán errónea resulta dicha afirmación.

Una simbiosis que no nace exclusivamente a partir de las nuevas tecnologías sino que se inscribe en un marco más general que tiene que ver con una nueva ruralidad que viene emergiendo con fuerza en América Latina y otros rincones del mundo.