Internet: diez predicciones para 2018

Enero suele ser tiempo de reflecciones, balances y proyecciones. El director de la Plataforma de Internet de Ginebra – GIP, por su sigla en inglés, un espacio multisectorial en el que convergen muchos de los debates mundiales sobre las tecnologías digitales y la gobernanza de internet hoy – ha realizado un análisis del año que se fue y sobre esa base formuló una proyección de lo que puede venir.

Cierta inercia en el sector ha permitido el crecimiento de Internet durante más de una década de manera sostenida. Sin embargo, la inercia puede a veces no funcionar bien, ya que las políticas actuales son más propensas que antes a favorecer intereses nacionales y comerciales particulares.

Las preguntas que nos haremos sobre el espacio digital en este año continuarán espejando nuestro espacio real: muchas de las discusiones pendientes e irresueltas como regulaciones, alcances y limitaciones de las políticas públicas y comerciales, implicancias geopolíticas, comercialización, economía, derechos, inequidades, por mencionar algunas,  volverán a estar sobre la mesa, aunque con una marcada tendencia hacia ciertas preocupaciones que se consolidarán año tras año como centrales y transversales, como por ejemplo la ciberseguridad, la articulación multistakeholder o el Big Data.

Las posibilidades de fragmentación y conflicto de Internet serán mayores que hace unos años. En este sentido, durante el año 2018 la gobernanza de internet llegará a un punto de inflexión, define Jovan Kurbalija, director del GIP.

Si bien el ímpetu por la fragmentación es fuerte, para la mayoría de los actores -gobiernos, empresas y sociedad civil (usuarios) – la desintegración de internet sería muy perjudicial. Cualquier convergencia posible deberá nutrirse de actores que acuerden y dialoguen en el campo de la política digital. Las unilateralidades conducirán a más conflicto y desencanto social.

Es en este contexto que las predicciones revelan lo que podemos esperar de la política digital en este 2018 que recién comienza. En un reciente artículo publicado en el portal Diplomacy, podemos rescatar las siguientes diez tendencias que Jovan identifica como influyentes en estos doce meses que nos quedan por delante:

1. Seguirá la preocupación por el uso de los datos. Se destacan tópicos vinculados al valor económico de la información, la proliferación de estrategias opacas de recolección y uso de datos, el rumbo del Big Data, las regulaciones, entre otras.

2. La búsqueda de nuevos mecanismos de gobernanza para la ciberseguridad. A fines de 2017, Internet era menos segura que el año anterior. Las vulnerabilidades críticas se explotan con mayor frecuencia ahora, lo que aumenta los riesgos para la sociedad. Será crítico articular estrategias multinivel, esto es aunar esfuerzos en los planos local, nacional e internacional.

3. Renovar los enfoques sobre el comercio electrónico y la economía de internet. El comercio electrónico ocupó un lugar destacado en las prioridades temáticas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) a lo largo del año pasado. A pesar de estas prioridades, la Conferencia Ministerial de la OMC realizada en nuestro país el pasado diciembre no produjo una declaración final ni acordó una actualización del programa de trabajo que ya tiene unos 20 años de antiguedad: fue aprobado en 1998 cuando ni siquiera existían Facebook, Uber o Alibaba. En este sentido, es necesario avanzar hacia marcos y enfoques renovados de acción.

4. El establecimiento de reglas y mecanismos legales en la era digital. Temas como el derecho al olvido y la protección de la privacidad volverán a preocupar en el 2018. También los dilemas en torno a los derechos a la propiedad en la que usuarios, gobiernos y empresas se encuentran enfrentados, tales como los bloqueos a Uber o las limitaciones a Airbnb.

5. La controversia en torno a la inteligencia artificial (IA). Mucho se viene hablando sobre el avance de la IA, el crecimiento de la Internet de las Cosas (IoT), las vulnerabilidades y limitaciones que ello implica no sólo en términos de seguridad sino también en la dinámica del mercado labora, con la preocupación central acerca de la suplantación de mano de obra humana por máquinas. Este año será clave iniciar una búsqueda de equilibrios entre las consideraciones ético-filosóficas y las implicancias prácticas del fenómeno.

6. El avance de las criptomonedas. En 2017, una de las principales sorpresas fue el rápido crecimiento del mercado de criptomonedas. La primera y más prominente, el Bitcoin, aumentó de USD 970 por unidad el 1 de enero a USD 13.700 el 31 de diciembre de 2017. La pregunta principal para 2018 es: ¿continuará el auge o estallará la burbuja?

7. Contenidos en la mira. Diseminar noticias falsas, junto con contenido de extremismo violento, es una cuestión de política de contenido, y podría tener implicaciones significativas para el papel de las compañías de internet como intermediarios, así como para la libertad de expresión. En 2018, los gobiernos aumentarán sin duda la presión sobre las plataformas de internet para que asuman la responsabilidad del contenido que albergan.

8. Los impactos globales de las recientes regulaciones norteamericanas que ponen fin a la neutralidad de la red. Donal Trump ha dado un paso atrás en las reglamentaciones promovidas por el Gobierno de Obama. La medida, pedida por los grandes proveedores, acaba con la igualdad de los usuarios en internet y permitirá imponer un sistema de diferentes velocidades. Seguramente habrá réplicas de esta decisión en otros puntos del globo, promovidas por las grandes compañías, lo cual generará rechazo social y revivirá el conflicto.

9. Presión creciente en torno a la encriptación de datosEn 2018, es muy probable que los gobiernos aumenten la presión sobre las compañías de internet para que proporcionen acceso al backdoor de los datos de los usuarios o reduzcan los niveles de encriptación principalmente para lidiar con grandes riesgos terroristas como fue sugerido por el comunicado conjunto de los “Cinco Ojos” en 2017.

10. Se renueva el debate sobre las identidades digitales, las jurisdicciones en tiempos de internet, la gobernanza … El año pasado fue un año bastante tranquilo para ICANN, la Corporación de  Asignación de Nombres y Números en Internet. Si bien la marea sigue calma, las tensiones subyacentes se mantienen alrededor de tres problemas principales que pueden resurgir en 2018: políticas de identidad en línea, jurisdicción y ambigüedades de gobernanza.

Una versión ampliada de cada una de esta proyecciones puede consultarse en el articulo que publicó Jovan Kurbalija en el portal Diplomacy, que está disponible sólo en inglés; clic aquí para acceder.

Más información también puede consultarse en el GIP Digital Watch Observatory, en donde además es posible suscribirse a un interesante y nutrido newsletter con las principales novedades sobre la industria digital y la gobernanza de internet.-

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Davos y la transformación digital: ¿fábula, sueño de un futuro probable o realidad?

A propósito de la cumbre en Davos, uno de los temas de la agenda de este año en el World Economic Forum (WEF) es el futuro de internet. ¿Internet tiene el potencial suficiente para beneficiar a la raza humana? ¿La transformación digital es tal o sólo un buen cuento para irse a dormir más tranquilos y esperanzados? ¿Todos los cambios que experimentamos cotidianamente son lo suficientemente profundos como para pensar que el mundo ha cambiado a partir de las TIC, que la economía ya no volverá a ser la misma sin estos dispositivos y aplicativos? En definitiva: internet ¿fábula, sueño de un futuro probable o realidad? Cómo si tuviera que dar una respuesta rápida a mi pequeña hija, les diría que sí a las tres opciones (simultáneamente).

Que las tecnologías han introducido cambios, no es ninguna novedad. Ahora, la duda es cuán generalizadas y profundas son las transformaciones derivadas de una tecnología que tiene ya varias décadas de vida.

Si le peguntamos a las organizaciones globales, aparecen las respuestas más alentadoras. Un reporte reciente del WEF sostiene que internet no sólo ha cambiado la forma de vivir y trabajar, sino que también ha modificado para siempre la forma de producir y consumir.

“The internet is changing the way we live, work, produce and consume. With such extensive reach, digital technologies cannot help but disrupt many of our existing models of business and government.” (WEF, 2016)

El Foro de Davos ha construido una agenda con cinco puntos clave (acertados) a los que deberíamos prestar atención cuando planteamos la relación entre internet, desarrollo y sociedad: la gobernanza digital, el cyber-crimen, el acceso a la red de todos los seres humanos, el mejoramiento de la información disponible para una optimización de la toma de decisiones y la transformación digital de las industrias. Cinco puntos que sin duda son los grandes desafíos aún pendientes de resolver por los distintos actores involucrados: no sólo los gobiernos, sino también las empresas, el tercer sector y la población civil.

“As a society, we are entering uncharted territory – a new world in which governments, business leaders, the scientific community and citizens need to work together to define the paths that direct these technologies at improving the human condition and minimizing the risks”. Marc Benioff – “The digital transformation of industries” Panel (WEF, 2016)

Los empresarios globales insisten en que asistimos a una Cuarta Revolución Industrial de la mano de las tecnologías digitales. Los ejecutivos reunidos en Davos coincidieron en que se aproxima una nueva gran ola de innovaciones que profundizarán más aún la digitalización del comercio, la industria y la producción. En esta etapa (como en muchas otras encrucijadas que suele plantear la globalización) no habrá mucha opción o salidas alternativas como se venían planteando hasta ahora: no subirse al tren de la automatización y la digitalización tendrá drásticas consecuencias para todo tipo de compañías, advierten los expertos.
Este año el interés de muchos empresarios y gobiernos fue debatir en concreto cuáles son los desafíos del sector productivo ante un mundo que cada vez será más digital. En el panel “The digital transformation of industries“, se habló de siete tecnologías clave para responder a esta incógnita: el computing en su más amplio espectro, el célebre big data, la salud digital, las impresiones 3D, los sensores y la automatización digital, las cadenas de producción interconectadas y los artículos cotidianos conectados a internet (la vestimenta es la gran novedad).
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Imagen: World Economic Forum (2016)

“From intelligent robots and self-driving cars to gene editing and 3D printing, dramatic technological change is happening at lightning speed all around us. The Fourth Industrial Revolution is being driven by a staggering range of new technologies that are blurring the boundaries between people, the internet and the physical world. It’s a convergence of the digital, physical and biological spheres. It’s a transformation in the way we live, work and relate to one another in the coming years, affecting entire industries and economies, and even challenging our notion of what it means to be human.” –Fulvia Montresor, Director, Head of Technology Pioneers for the World Economic Forum (WEF, 2016)

Como contraparte, hay que pensar en que millones de personas siguen aún sin acceso a la red, y ese es el gran desafío de quienes quieren impulsar una real digitalización de las sociedades. No es que quiera negar los beneficios que las TIC han desplegado en distintos niveles de la vida humana, sino que invito a tener una mirada que vaya más allá de las comodidades, los beneficios, los mercados y utilidades que posibilitan las tecnologías hoy, integrando los grandes y complejos desafíos aún pendientes.

Como alguna vez advirtió Dominique Wolton, la digitalización aumenta, cambian ciertas prácticas, pero los grandes problemas de la humanidad subsisten, con las guerras y sus muertos inocentes, el daño ambiental en crecimiento permanente, millones de pobres repartidos en todas las latitudes, corrupción latente y un sinfín de desigualdades más. ¿Qué ha aportado internet y sus maravillas para cambiar estos problemas de fondo? Si enfocamos la mirada hacia este rincón, pues los cambios de la “revolución digital” no han sido tan revolucionarios.

Igualmente, algunos avances se van notando: cifras reveladas el año pasado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) muestran que la penetración de internet a nivel global creció siete veces en los últimos quince años. La cobertura de internet móvil es la que más rápido se está propagando, menciona el informe: el 3G pasó del 45% de cobertura en 2011 al 69% en 2015.

Es innegable también el avance en sectores como el de la salud, donde la transformación digital “es dramática”, advirtió Bernard Tyson en Davos, pues ahorra preciados minutos y segundos que ayudan a salvar vidas (en serio): desde la atención temprana de urgencias médicas vía Twitter (una experiencia que lleva a cabo con gran éxito la Universidad Católica de Chile) hasta la nanomedicina que permite encontrar soluciones nunca antes vistas.

En sectores marginados de la economía formal, las TIC están aportando algunas soluciones interesantes. Un estudio reciente realizado en México, que coincide parcialmente con otros desarrollados en Barcelona, Londres y Madrid, analiza cómo los jóvenes emprendedores culturales encuentran en el arte, el diseño y la comunicación una salida no tradicional a los mercados que tienden a excluirlos o tomarlos en precarias condiciones. Los llamados trendsetter hábiles para combinar el capitalismo conectivo y la incertidumbre, se destacan por sus modos novedosos de desplazarse del consumo al acceso, de la realización de carreras a proyectos inestables.

Algunos especialistas inscriben este fenómeno en el marco de la irrupción de una “economía creativa”, que en Estados Unidos y Europa llega a contener al 25% o 30% de la fuerza laboral (García Canclini y Urteaga, 2012). La mutación es comparada con la que se vivió al pasar de una economía agrícola a una industrial, sobre la base de una transformación que algunos pensadores contemporáneos asocian a la inteligencia del conocimiento y la creatividad.

La otra cara de estos cambios repercute en la economía tradicional. Un ejemplo simple que lo he podido observar en mi contexto local, cotidiano. En San Luis, centro-oeste de la Argentina, las ventas navideñas no fueron las esperadas. Una amiga que trabajaba desde hace diez años en una de las cadenas líderes de venta de electrodomésticos con presencia en la capital de la Provincia se quedó sin trabajo este fin de año: la marca nacional en cuestión le ofreció un nuevo contrato que en su bolsillo repercutía drásticamente, significando hasta el 50% menos de lo que habitualmente ganaba con sus comisiones por ventas. El motivo: las ventas de la cadena se realizan en su mayoría por internet y la empresa necesita reconvertir su negocio reduciendo el personal de las tiendas físicas que en esta Navidad vendieron hasta un 30% menos que el año pasado, según pudo constatar personalmente en el balance temporario del local.

Tensiones como las que se plantearon en esta tienda de una ciudad de 200 mil habitantes, sumado a lo debatido hasta hoy en Davos, me hacen terminar esta reflexión con la sensación (y preocupación) de que en las próximas horas, meses, años la transición del sistema tradicional al digital, el tránsito hacia la digitalización plena de la economía y la producción se acelerará severamente dejando nuevos desplazados. Cueste lo que cueste.

 

El nuevo club de los mil millones, con algunas lecciones aprendidas

La cantidad de emprendimientos privados de Silicon valley que valen más de mil millones de dólares sorprende hasta los propios ejecutivos que los dirigen. “Pensaba que eramos especiales”, dice Phil Libin, CEO de Evernote, un servicio online para el almacenamiento de recortes, fotos e información. En realidad se trata de un club cada vez menos exclusivo, aunque más consciente que años atrás de lo endeble y efímero que puede resultar el éxito en el mundo de internet.

Airbnb, Pinterest, Survey-Monkey y Spotify se cuentan entre las compañías que no cotizan en bolsa más conocidas que han llegado a los 1.000 millones de dólares, relata Quentin Hardy en un artículo publicado en febrero de este año en el New York Times.

Muchas más, con nombres menos familiares, también se alistan un lugar en el club de los mil millones, hasta hace un tiempo reservado para grandes compañías. “Dentro de un año podrían ser cien”, dijo al NYT Jim Goetz, ligado a una firma de capital de riesgo. Es parte de lo que llama “un cambio permanente” de la forma en que la gente hace crecer sus empresas.

El primer día que Microsoft vendió acciones al público en 1986 tenía once años de creada y valía “apenas” 778 millones de dólares (ajustada por inflación, la suma sería de 1.600 millones). Para los nuevos jugadores del mercado, principalmente ligados a las redes sociales, el camino parece ser más corto. En enero, el valor de Twitter, que inició sus actividades en 2006, llegó a los 9.000 millones de dólares. Más rauda fue la cosecha de Pinterest, una red social de recortes que no tiene ingresos, que pasó a valer 1.500 millones de dólares en menos de tres años.

Los emprendedores de Sillicon valley sostienen que la espiral de precios no puede atribuirse a una nueva burbuja tecnológica, pero el temor de una réplica es inevitable. Los precios altos son razonables, dice el informe del editor de tecnología del NYT, Quentin Hardy, ya que innovaciones como los smartphones y la computación de nube están reorganizando un sector que ya vale centenares de miles de millones de dólares.

El valor en alza de estas empresas se debe en parte a que entre ellas existe un vínculo sinérgico que hace que una participe en la generación de ingresos de la otra, es decir se retroalimentan. Por cada Dropbox, que ofrece almacenamiento de datos online y cotiza unos 4.000 millones en el mercado, hay dos compañías discretas como Zscaler (proveedora de seguridad) y Palantir (análisis de datos).

Los CEOs de las actuales integrantes del Club de los mil millones tienen entre manos algunas lecciones aprendidas y saben lo incierto y efímero que puede resultar este espiral de dinero. Es que muchos de ellos son veteranos de la burbuja de internet de fines de los años 90 y temen que tal vez las cosas no sean tan diferentes esta vez.

Una muestra de esa cautela es la que muestra Robert Tinker, CEO de Mobileiron, que produce software para compañías que manejan teléfonos inteligentes y tablets. El ejecutivo tiene 43 años y maneja una Ford Explorer de 1995 con 426.000 kilómetros encima. “La realidad es que obtenido 94 millones de dólares de inversores y aún no hemos empezado a cotizar en bolsa. Siento esa responsabilidad todos los días”, dijo al NYT.

Crece el temor a que el club de los más de mil millones de dólares se esté llenando de compañías parecidas, opina Quentin Hardy. En realidad lo que preocupa es que las valuaciones – que se convierten en ganancia sólo si la compañía cotiza en bolsa con éxito o se vende a un precio alto – puedan caer.

Phil Libin se hizo millonario al vender su primera compañía (Engine 5) en el año 2000. “Empecé con relojes”, dijo al NYT. Su actual compañía Evernote comenzó al estallar la crisis financiera actual. “Una noche me encontré casi en la quiebra otra vez”, contó, “y ahí estaba el equipo de relojería burlándose de mí en un estante”.

Marcos, el pionero oculto

Es de acá. Pero pocos lo conocen. Tranquilamente podría ser el Mark Zuckerberg, el Pierre Omidyar o el Bill Gates (en el peor de los casos) de nuestros pagos, ¿podría tener una película con su nombre? … pero la prensa y el mercado local poca importancia le han otorgado a su nombre. De lo que hay certezas es sobre el impacto de su obra: el proyecto que se echó a rodar hace trece años ha cambiado la vida de muchos y reescribió, en cierta manera, el modo de comprar y vender en la Argentina y varios países de la región.

Ya he conocido al menos a cuatro personas que trabajan o trabajaron en Mercado Libre, el website de comercio electrónico más visitado y utilizado de la región. Todos coincidían: “Marcos es un genio de genios, pero en su país es dónde menos lo valoran”. Se referían a Marcos Galperín fundador y CEO de Mercado Libre, que opera hoy en trece países de América Latina, el octavo sitio de retail más visitado del mundo, cita el equipo de prensa de la empresa.

La leyenda, como en casi todos estos casos, comienza en un garage. Alumnos de un MBA en Standford, Marcos Galperín y Hernán Kazah, dos (por entonces) jóvenes argentinos sueltos en Estados Unidos propusieron un plan de negocio con la idea de replicar el modelo eBay en América Latina. Así, obtuvieron más de siete millones de dólares de un pool de inversores que incluyó al banco JP Morgan y Hicks, Muse, Tate & Furst. De hecho, se dice que Galperín convenció a John Muse, uno de los fundadores del fondo, durante un viaje en auto al aeropuerto, cita el sitio especializado Materia Biz.

En mayo de 2000, con la empresa ya en funcionamiento, consiguieron otros 46 millones de Goldman Sachs, GE Capital Equity y el Banco Santander. Mercado Libre logró superar el temporal y, en 2001, vendió el 19,5% de su paquete accionario a eBay, con quien construyó un acuerdo de partnership, aunque hoy extraña a propios y extraños el movimiento (¿desleal?) que el portal norteamericano ha realizado reciente con la incursión de Alamaula.

El proyecto atravesó años de veloz crecimiento, a medida que más latinoamericanos se conectaban a la web. Hoy Mercado Libre tiene más de 77 millones de usuarios y por cada segundo concreta dos compras, y al menos 1.000 búsquedas. Según The Nielsen Company más de 134.000 personas viven de Mercado Libre, generando todo o la mayor parte de sus ingresos a través del portal.

Lejos está el sitio de perder el brillo. Aún a pesar de la explosión de Facebook y otras redes sociales como espacio de intercambio, Mercado Libre sigue en el top de las preferencias de muchos usuarios. En 2012, el volumen de dinero transaccionado por productos vendidos superó los cuatro mil millones de dólares, representando un crecimiento del 20.4% en comparación al mismo período del 2011 (32.7% en moneda local). Y es más: la cantidad de artículos vendidos en MercadoLibre se incrementó 31.2% en relación al año pasado alcanzando los 48,4 millones de artículos.

La facturación de enero a septiembre de este año fue de U$S 269,8 (+27% y 42,2% en moneda local). Se hicieron 16,8 millones de operaciones a través de MercadoPago que representaron U$S 1.261,8 millones.

La empresa cotiza en NASDAQ desde 2007. Y la Escuela de Graduados de Standford difunde entre sus nuevos alumnos el exitoso caso de la satartup Mercado Libre. Aquí, en la patria chica, muchos siguen sin conocer a uno de los pioneros del comercio electrónico. Quizás haya elegido el perfil bajo, de hecho se dice que desde hace algunos años ha cambiado la ruidosa Buenos Aires por la calma de alguna ciudad uruguaya.

Algo extra (más allá del talento técnico y la habilidad comercial) tiene Marcos Galperín que despierta pasiones. Su gente se siente a gusto de hacer su trabajo. Todo el que trabaja en Mercado Libre se ha cruzado alguna vez con él. Sin divismos, ni excentricidades, así lo describen. Con los ojos abiertos, agregará un video institucional que resumen el espíritu de una empresa que sigue mirando al mercado con ojos de joven. Eso la mantiene viva y actual.