Lecciones de la India: el people-centric impulsa una nueva ola de inclusión digital

La India es un coloso de casi 1.310 millones de personas que ha vivido el último medio siglo con muchos sobresaltos. Desde su independencia del Reino Unido en 1947, la nueva república ha enfrentado desde repetidas y severas crisis geopolíticas – algunas internas pero también con sus vecinos (China, Pakistán, Sri Lanka) – que casi la llevan a conflictos nucleares, hasta ataques terroristas que provocaron el asesinato de tres de los 18 primeros ministros que ha tenido el país, entre ellos el mítico Mahatma Gandhi, líder del movimiento político que terminó por consolidar la independencia.

Setenta años después de separarse de los británicos (el próximo 15 de agosto habrá festejos en todo el país), la India es un país que – a pesar de la gran desorganización que la atraviesa y  los problemas estructurales que la acechan – ha comenzado a resolver con simpleza algunos dilemas de la inclusión digital.

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El tráfico de todos los días en Hyderabad, la cuarta ciudad más grande de la India.

La India es como una autopista (muy congestionada por cierto) de varios pisos, en donde todo fluye pero mezclado y de un modo caótico. En la calle conviven animales, motos, autos, camionetas, “tuk tuk” y mucha (pero mucha) gente. A ello sumamos la complejidad que implican las más de 20 lenguas que coexisten (más no siempre conviven) en todo el país.

Como el tránsito, nada es tan simple de lograr en la India: desde querer tomar un taxi hasta pedir algo en la calle, mucho más aún lidiar con la burocracia estatal o la empresaria, puede llevar, a quien lo intente, a una especie de odisea hacia el espacio.

No hace mucho, algunos líderes políticos se dieron cuenta que este desorden tenía un alto costo para el país, tanto en el frente interno como el externo, y no sólo en términos monetarios. Las tecnologías digitales – muchas veces demonizadas y temidas por éste como otros gobiernos de la región – aparecieron como una solución rápida y accesible para intentar domar el caos.

Fue así que el Gobierno central decidió en 2015 impulsar una plataforma de conectividad, inclusión y alfabetización tecnológica, denominada Digital India, que en sus primeros años ya ha demandado una inversión superior a los 3.300 millones de dólares, a la vez que ha logrado captar no sólo el interés del sector privado – incluyendo a gigantes mundiales de la tecnología – sino también a las comunidades y el tercer sector.

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El Primer Ministro indio,  Narendra Modi, presenta el programa Digital India en San Jose, California (26 de septiembre de 2015). Fuente: Prensa PM Modi.

En este escenario emergió con más fuerza el hub tecnológico del sur indio, conocido como el Silicon Valley Triangle, integrado por Bangalore (a la cabeza), Hyderabad y Chennai. Allí, Google, Facebook, Microsoft, Amazon, Oracle, IBM, Apple, junto al gigante nacional Infosys, y otras empresas de diversa envergadura, impulsan una suerte de incubadoras de ideas y proyectos, a través de cientos de startups y decenas de proyectos de inversión que incluso están trascendiendo las fronteras del país.

Las administraciones públicas regionales no se han quedado al margen de este impulso de lo digital. Pude conocer personalmente los avances de los gobiernos de Andhra Pradesh,  Telangana y Karnataka – en el sur del país -, Estados que han desarrollado novedosas estrategias de e-governament incluyendo la participación activa de los ciudadanos en distintas etapas del proceso, una fortaleza que ha terminado por expandir el espectro de acción internet en actividades cotidianas a la vez que ha permitido el ingreso al mundo digital de millones de indios en la última década.

Recientemente la fiebre por el Big Data ha despertado el interés de los organismos públicos por aprovechar el potencial de los datos que producen a diario las millones de personas que se han conectado a la red en la última década. Así, no sólo empresas sino también algunos gobiernos regionales ya están experimentando con el Deep Planning, sostenido ya no únicamente en análisis predictivos de usuarios sino también en modelos prescriptivos de acción anticipada, a partir de sistemas que aprenden del comportamiento de los seres humanos y actúan en consecuencia.

Así se produce un desplazamiento interesante en el modelo digital de algunas oficinas de gobierno, que ya están transitando un pasaje que va del clásico e-governament (enfoque centrado en aplicativos y servicios) al Smart Governance, un sistema dinámico que integra diversas fuentes y herramientas para comprender mejor a los ciudadanos y actuar en tiempo real.

Estos programas – apoyados desde el gobierno central a partir de Digital India – abrazan la filosofía del people-centric, que propone el diseño de sistemas y aplicativos que giren en torno a necesidades reales de la gente, a un costo bajo, sobre la base del uso de dispositivos de acceso masivo. En oposición a la tecnología que gira en torno a los aparatos (thing-centric), la propuesta es ir hacia una “internet de la gente“, en palabras de Fernando Boavida (2015).

“Mobile phones are increasingly more powerful and disseminated. On the other hand, social networks and virtual worlds are experiencing an exploding popularity and have millions of users. These low-cost technologies can now be used to create an Internet of People (IoP), a dynamically configurable integration platform of connected smart objects that allows enhanced, people-centric applications”. Boavida, F. (2015)

En la India – explica el profesor Madhava Rao del National Institute of Rural Development (NIRD) con base en Hyderabad – internet ha venido a solucionar el grave problema que el país tiene con la gestión de los recursos (de todo tipo) para su enorme población, que según algunas proyecciones podría superar a la china en poco más de cinco años. El impulso digital “nos está ayudando a reducir los costos y tomar decisiones más efectivas; gracias a que la gente está comprendiendo de a poco que esta es una buena herramienta para cambiar lo que está mal. La infraestructura de telecomunicaciones puede hacer las cosas posible pero es la gente la que puede hacer que esas transformaciones ocurran”, concluye.

Los que gestionan las instituciones públicas ven en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) una oportunidad histórica para transformar para siembre la forma de hacer gobierno. “Para ser exitosos con la incursión de internet, tenemos que simplificar los procesos a los ciudadanos. Sabemos que si diseñamos procedimientos complejos produciremos el efecto contrario. Alentamos a que las administraciones públicas integren y simplifiquen sus plataformas en una sola ventana, es decir que la gente tenga que ir a un solo lugar para resolver el proceso”, me explicó el Dr. B. Murali del Departamento de Tecnologías de la Información del Gobierno de la India.

La brecha digital ya no puede entenderse sólo a partir del dilema del acceso; necesita problematizarse además en términos de usabilidad. “Internet tiene que cambiar la naturaleza del intercambio entre la gente y las empresas con el gobierno. Para ello es necesario descentralizar, diseñar experiencias de usuario centradas en sus necesidades, ir hacia una ‘citizen interface’ y así minimizar la brecha digital”, opina R. Chakradhar del Center for Good Governance 

El programa federal de impulso digital busca optimizar los servicios de gobierno pero al mismo tiempo favorecer el empoderamiento ciudadano de lo digital. Un pilar clave que integra esas dos dimensiones es la infraestructura de conectividad para lo cual los Estados se están sirviendo de alianzas con el sector privado para llevar telefonía, internet y datos móviles (principalmente) a los lugares que aún no tienen acceso.

El resultado de esta alianza no está resultando del todo bien. Usuarios de distintos ambientes con los que pude hablar mencionan que – al igual que en Sudamérica – las empresas sólo están conectado aquellos sitios que garantizan cierta rentabilidad, quedando las zonas rurales relegadas. Datos oficiales calculan que unas 43.000 pequeñas localidades en toda la India aún no poseen cobertura móvil, en un país en donde el 65% de la población vive en zonas rurales. Una mayor proporción aún ni tiene acceso a la electricidad: unos 150.000 pueblos en todo el país, calculan entes nacionales.

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A pesar de los desbalances, la conectividad móvil sigue extendiéndose en la India, aunque con marcos tarifarios costosos para la población promedio. Los planes tienen muchos minutos de voz pero pocos GB de datos. La “internet móvil ilimitada” vale oro en este país y no es comúnmente ofertada por los prestadores. 

En las zonas rurales el foco está en convencer a millones de personas sobre que internet puede hacer más fácil las cosas, cuestión que no resulta tan simple de lograr. Allí – en donde viven unos 851 millones, lo mismo que resultaría de sumar la gente que vive en Europa, Oceanía y América Central – el desafío pasa por entender los miedos de los pobladores y proyectar luego aplicaciones simples y concretas.

En este escenario los desarrolladores se están topando con los desafíos de la diversidad multilingüe del país y la grave pobreza que aún persiste (sin quitar mérito a los grandes avances en su mitigación), a la vez que con la necesidad de diseñar sistemas híbridos que logren desempeñarse en ambientes de conectividad inestable como así también capaces de integrarse con tecnologías anteriores como el SMS y dispositivos rústicos, adultos mayores en un mercado dominado por los smartphones. El desafìo está pasando – entonces – por impulsar la inclusividad digital de la mano de la gestión y el respeto de la diversidad cultural.

El gobierno de Telangana viene trabajando en esta línea y en los últimos años ha instalado unos 4.500 centros de acceso a internet y generado unos 600 servicios online a disposición de sus pobladores. Esto los ha llevado a ser el Estado con más transacciones online cada mil habitantes de toda India.

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Las mujeres vienen protagonizando muchas de las transformaciones recientes en la agricultura familiar de la India; incluso en el plano de lo digital. 

 

Si bien el fenómeno es relativamente reciente, me aventuro a pensar que la India ha experimentado una de las expansiones más importantes de internet en los últimos años.

Los datos de Internet Live Stats muestran de hecho un salto gigantesco: de 5.5 millones de personas conectadas en el año 2000 a los 462.1 millones actuales (más que toda la población de Sudamérica). En términos de porcentaje esto significa una evolución de la penetración del 0,5% al 35% de la población en menos de dos décadas.

A esta postal hay que sumar el panorama de la telefonía móvil, que sigue su avance vertiginoso y ya ha superado las 1.000 millones de suscripciones, de las cuales unas 371 millones incluyen acceso a la red (lo que equivale al 80% de todos los usuarios que se conectan en el país). Los números fantásticos no terminan aquí; por citar sólo dos más: sólo en el último año (2016) India sumó 65 millones de nuevos usuarios de internet móvil; un año antes, en 2015, los negocios despacharon unos 95 millones de smartphones nuevos.

“Tenemos que amalgamar el conocimiento local incubado en estos años por la comunidad con las herramientas digitales. Hay que avanzar pero conscientes de que las TIC ofrecen sólo una parte de la solución; debemos conectar la tecnología con los problemas, necesidades y posibilidades reales de nuestra gente para que esta transformación aspire a un mediano plazo”, explica Kathiresan Chinnusamy, coordinador de un proyecto de agricultura de precisión que combina IoT, inteligencia artificial y prototipos de conectividad rural.

En su contacto con productores agropecuarios, Kathiresan aprendió una lección que se encuentra en el corazón del modelo people-centric que está marcando a fuego una nueva ola de inclusión digital en la India: “la tecnología tiene que gozar de credibilidad del usuario; por más que nosotros estemos convencidos de que internet puede cambiarlo todo, la credibilidad social en los dispositivos que diseñemos determinará, en definitiva, la usabilidad y la utilidad social de la tecnología”, concluye.

Desafíos por delante? Muchos. Por sólo mencionar algunos:

  • No darse por satisfecho y continuar trabajando para incluir a un porcentaje mayor de la población.
  • La enorme población que no para de crecer es cada vez más voraz de datos, lo cual demanda la necesidad de encontrar alternativas de almacenaje y gestión de datos a costos que el país pueda afrontar.
  • La conectividad rural necesita incrementarse de la mano de una regulación estatal más intensa.
  • Las altas tarifas están impidiendo el aprovechamiento de las enormes potencialidades de internet en una importante porción de la sociedad conectada.
  • Con tanta gente conectada en tan poco tiempo, la ciberseguridad necesita incrementarse y pensarse como un componente más de la alfabetización digital.
  • Es necesario mejorar la calidad en la captura, proceso y publicación de la información.
  • Generar contenidos diversificados es una de las grandes deudas del programa de incentivo digital, que en esta etapa está más preocupado en el acceso y los servicios.
  • El Gobierno indio bloquea actualmente algunos sitios por considerarlos inapropiados. No hay ninguna política digital que pueda prevalecer a largo plazo sobre la base de la censura previa.
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En los últimos años se han abierto cientos de centros de formación vinculados a las TIC, sobre todo en el sur de la India. Este es el ejemplo de un instituto del NIRD que se dedica a fortalecer las capacidades de profesionales vinculados al desarrollo agropecuario y rural del país. 

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Davos y la transformación digital: ¿fábula, sueño de un futuro probable o realidad?

A propósito de la cumbre en Davos, uno de los temas de la agenda de este año en el World Economic Forum (WEF) es el futuro de internet. ¿Internet tiene el potencial suficiente para beneficiar a la raza humana? ¿La transformación digital es tal o sólo un buen cuento para irse a dormir más tranquilos y esperanzados? ¿Todos los cambios que experimentamos cotidianamente son lo suficientemente profundos como para pensar que el mundo ha cambiado a partir de las TIC, que la economía ya no volverá a ser la misma sin estos dispositivos y aplicativos? En definitiva: internet ¿fábula, sueño de un futuro probable o realidad? Cómo si tuviera que dar una respuesta rápida a mi pequeña hija, les diría que sí a las tres opciones (simultáneamente).

Que las tecnologías han introducido cambios, no es ninguna novedad. Ahora, la duda es cuán generalizadas y profundas son las transformaciones derivadas de una tecnología que tiene ya varias décadas de vida.

Si le peguntamos a las organizaciones globales, aparecen las respuestas más alentadoras. Un reporte reciente del WEF sostiene que internet no sólo ha cambiado la forma de vivir y trabajar, sino que también ha modificado para siempre la forma de producir y consumir.

“The internet is changing the way we live, work, produce and consume. With such extensive reach, digital technologies cannot help but disrupt many of our existing models of business and government.” (WEF, 2016)

El Foro de Davos ha construido una agenda con cinco puntos clave (acertados) a los que deberíamos prestar atención cuando planteamos la relación entre internet, desarrollo y sociedad: la gobernanza digital, el cyber-crimen, el acceso a la red de todos los seres humanos, el mejoramiento de la información disponible para una optimización de la toma de decisiones y la transformación digital de las industrias. Cinco puntos que sin duda son los grandes desafíos aún pendientes de resolver por los distintos actores involucrados: no sólo los gobiernos, sino también las empresas, el tercer sector y la población civil.

“As a society, we are entering uncharted territory – a new world in which governments, business leaders, the scientific community and citizens need to work together to define the paths that direct these technologies at improving the human condition and minimizing the risks”. Marc Benioff – “The digital transformation of industries” Panel (WEF, 2016)

Los empresarios globales insisten en que asistimos a una Cuarta Revolución Industrial de la mano de las tecnologías digitales. Los ejecutivos reunidos en Davos coincidieron en que se aproxima una nueva gran ola de innovaciones que profundizarán más aún la digitalización del comercio, la industria y la producción. En esta etapa (como en muchas otras encrucijadas que suele plantear la globalización) no habrá mucha opción o salidas alternativas como se venían planteando hasta ahora: no subirse al tren de la automatización y la digitalización tendrá drásticas consecuencias para todo tipo de compañías, advierten los expertos.
Este año el interés de muchos empresarios y gobiernos fue debatir en concreto cuáles son los desafíos del sector productivo ante un mundo que cada vez será más digital. En el panel “The digital transformation of industries“, se habló de siete tecnologías clave para responder a esta incógnita: el computing en su más amplio espectro, el célebre big data, la salud digital, las impresiones 3D, los sensores y la automatización digital, las cadenas de producción interconectadas y los artículos cotidianos conectados a internet (la vestimenta es la gran novedad).
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Imagen: World Economic Forum (2016)

“From intelligent robots and self-driving cars to gene editing and 3D printing, dramatic technological change is happening at lightning speed all around us. The Fourth Industrial Revolution is being driven by a staggering range of new technologies that are blurring the boundaries between people, the internet and the physical world. It’s a convergence of the digital, physical and biological spheres. It’s a transformation in the way we live, work and relate to one another in the coming years, affecting entire industries and economies, and even challenging our notion of what it means to be human.” –Fulvia Montresor, Director, Head of Technology Pioneers for the World Economic Forum (WEF, 2016)

Como contraparte, hay que pensar en que millones de personas siguen aún sin acceso a la red, y ese es el gran desafío de quienes quieren impulsar una real digitalización de las sociedades. No es que quiera negar los beneficios que las TIC han desplegado en distintos niveles de la vida humana, sino que invito a tener una mirada que vaya más allá de las comodidades, los beneficios, los mercados y utilidades que posibilitan las tecnologías hoy, integrando los grandes y complejos desafíos aún pendientes.

Como alguna vez advirtió Dominique Wolton, la digitalización aumenta, cambian ciertas prácticas, pero los grandes problemas de la humanidad subsisten, con las guerras y sus muertos inocentes, el daño ambiental en crecimiento permanente, millones de pobres repartidos en todas las latitudes, corrupción latente y un sinfín de desigualdades más. ¿Qué ha aportado internet y sus maravillas para cambiar estos problemas de fondo? Si enfocamos la mirada hacia este rincón, pues los cambios de la “revolución digital” no han sido tan revolucionarios.

Igualmente, algunos avances se van notando: cifras reveladas el año pasado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) muestran que la penetración de internet a nivel global creció siete veces en los últimos quince años. La cobertura de internet móvil es la que más rápido se está propagando, menciona el informe: el 3G pasó del 45% de cobertura en 2011 al 69% en 2015.

Es innegable también el avance en sectores como el de la salud, donde la transformación digital “es dramática”, advirtió Bernard Tyson en Davos, pues ahorra preciados minutos y segundos que ayudan a salvar vidas (en serio): desde la atención temprana de urgencias médicas vía Twitter (una experiencia que lleva a cabo con gran éxito la Universidad Católica de Chile) hasta la nanomedicina que permite encontrar soluciones nunca antes vistas.

En sectores marginados de la economía formal, las TIC están aportando algunas soluciones interesantes. Un estudio reciente realizado en México, que coincide parcialmente con otros desarrollados en Barcelona, Londres y Madrid, analiza cómo los jóvenes emprendedores culturales encuentran en el arte, el diseño y la comunicación una salida no tradicional a los mercados que tienden a excluirlos o tomarlos en precarias condiciones. Los llamados trendsetter hábiles para combinar el capitalismo conectivo y la incertidumbre, se destacan por sus modos novedosos de desplazarse del consumo al acceso, de la realización de carreras a proyectos inestables.

Algunos especialistas inscriben este fenómeno en el marco de la irrupción de una “economía creativa”, que en Estados Unidos y Europa llega a contener al 25% o 30% de la fuerza laboral (García Canclini y Urteaga, 2012). La mutación es comparada con la que se vivió al pasar de una economía agrícola a una industrial, sobre la base de una transformación que algunos pensadores contemporáneos asocian a la inteligencia del conocimiento y la creatividad.

La otra cara de estos cambios repercute en la economía tradicional. Un ejemplo simple que lo he podido observar en mi contexto local, cotidiano. En San Luis, centro-oeste de la Argentina, las ventas navideñas no fueron las esperadas. Una amiga que trabajaba desde hace diez años en una de las cadenas líderes de venta de electrodomésticos con presencia en la capital de la Provincia se quedó sin trabajo este fin de año: la marca nacional en cuestión le ofreció un nuevo contrato que en su bolsillo repercutía drásticamente, significando hasta el 50% menos de lo que habitualmente ganaba con sus comisiones por ventas. El motivo: las ventas de la cadena se realizan en su mayoría por internet y la empresa necesita reconvertir su negocio reduciendo el personal de las tiendas físicas que en esta Navidad vendieron hasta un 30% menos que el año pasado, según pudo constatar personalmente en el balance temporario del local.

Tensiones como las que se plantearon en esta tienda de una ciudad de 200 mil habitantes, sumado a lo debatido hasta hoy en Davos, me hacen terminar esta reflexión con la sensación (y preocupación) de que en las próximas horas, meses, años la transición del sistema tradicional al digital, el tránsito hacia la digitalización plena de la economía y la producción se acelerará severamente dejando nuevos desplazados. Cueste lo que cueste.

 

Con las TIC, los jóvenes impulsan algunos cambios en la agricultura familiar

Traduccion del original

El trabajo familiar es un modo de trabajo muy común en la agricultura de muchos países, con mas de 500 millones de unidades productivas en el mundo entero, de acuerdo a la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO), institución que en 2014 esta promocionando el año de la agricultura familiar.

Esta particular forma de hacer agricultura se caracteriza por emprendimientos gestionados por miembros de una familia, generalmente de escala pequeña o mediana, tanto en tamaño como en productividad.

Por mucho tiempo, muchos imaginaron a los productores agropecuarios y a los pobladores rurales como desconectados del “mundo moderno”. Este modo de pensar a los campesinos y la ruralidad concibe a las ciudades, en donde la modernidad ocurre, y el campo, marcado por el atraso, como dos espacios completamente opuestos.

En las ultimas décadas, algunas instituciones comenzaron a estudiar este escenario y descubrieron todo lo contrario. La globalización, la evolución de los mercados y el trabajo y los nuevos flujos poblacionales, entre muchos otros factores, ayudan a entender que lo rural y lo urbano son dos espacios que están más conectados de lo que mucha gente piensa.

Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) están jugando un rol clave en esta situación. Las nuevas generaciones de productores agropecuarios no sólo incorporan estas tecnologías a su actividad, cambiando incluso muchos de los modos tradicionales de hacer agricultura, sino que también conciben a estos dos “espacios” como complementarios. Los teléfonos móviles, en especial, se constituyen como una excelente plataforma para conectar la “rurbanidad”, un nuevo (y clave) concepto que ayuda a entender este tipo de espacios híbridos en donde la ciudad y el campo son parte de una misma realidad social.

La investigación que me encuentro desarrollando en Argentina, Estados Unidos y Europa, busca comprender mejor cómo las TIC están impactando en la agricultura familiar, focalizando en el rol que está jugando la juventud en un escenario complejo donde las transformaciones sociales están reconceptualizando las formas de hacer agricultura y redefiniendo trayectorias sociales, económicas y culturales de las sociedades en contextos híbridos.

Algunos hallazgos preliminares del trabajo realizado en el Estado de Washington (Estados Unidos) permiten comprender mejor el tipo de apropiaciones que se están observando en las practicas de la agricultura familiar. Por primer vez, los campesinos tienen la oportunidad de contar su propia historia a través de los medios sociales o la web, espacios creados y gestionados por ellos mismos. En consecuencia, las narrativas de la agricultura familiar se renuevan, toman nuevas formas y son re-imaginadas.

Los jóvenes son actores críticos en este proceso. A través de sus experiencias, podemos comprender mejor las transformaciones de la agricultura familiar, en tanto sus estilos de vida y decisiones están formateando la agricultura del futuro.

Mas información sobre este avance de investigación en el post original, publicado en la web del Technology & Social Change Group de la Universidad de Washington (incluye presentación con hallazgos preliminares de investigación):

http://tascha.uw.edu/2014/08/young-farmers-and-icts-new-research-from-tascha-visitor/

 

 

Con internet, es hora de replantear el horario de oficina

Internet ha cambiado muchas cosas, pero no todas. Algunas prácticas culturales, sociales y un largo etcétera se han acomodado a los tiempos digitales; otras simplemente permanecen estancas, impermeables a los cambios. Las extensas jornadas laborales que cientos de miles de trabajadores desarrollan en las oficinas ya no garantizan productividad. Y si bien internet y el teletrabajo podrían aportar una gran solución a este problema, la mayoría de las compañías miran hacia otro lado. Se aferran a las tecnologías, pero no tanto. No se atreven a dar el salto. En palabras de Gramsci (1996): se podría decir que son tiempos con preeminencias tecnológicas, donde lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer (Lardone, 2013).

Hace unos 2.500 años, el sabio chino Lao Tse escribió que “aquel que se aferra al trabajo no creará nada perdurable. Si quieres vivir según el Tao, limítate a hacer tu trabajo y después olvídate”. Pero es más fácil decirlo que hacerlo. En la antigua China no había internet ni actualizaciones instantáneas del mercado bursátil, dice Peter Catapano en un artículo de opinión publicado este año en el New York Times.

Recientes descubrimientos indican que la forma más eficiente de hacer las cosas podría ser dedicar más tiempo a hacer menos. “Un nuevo y creciente cuerpo de investigación multidisciplinaria indica que la renovación estratégica -que comprende ejercicio diurno, breves siestas por la tarde, más horas de sueño, más tiempo fuera de la oficina y vacaciones más largas y frecuentes- mejora la productividad, el desempeño laboral y, por supuesto, la salud, escribió en el NYTimes Tony Schwartz, un consultor de manejo del tiempo.

Los imperios se construyeron sobre la base de “más es más”. Schwartz y muchos otros -describe Catapano- no están de acuerdo con esto. Destaca que el exceso de trabajo, que suele derivar en muy poco sueño, no sólo afecta a los empleados sino también a las empresas en las que trabajan. Un reciente estudio de la Universidad de Harvard calculó que la falta de sueño de los empleados costaba a las empresas estadounidenses 63.200 millones de dólares por año en productividad perdida.

Otro trabajo determinó que las siestas aumentaban la productividad. En tanto una investigación de la Universidad del Estado de la Florida, encontró que quienes tenían un mejor desempeño -músicos, atletas y actores de elite- tendían a trabajar mejor en intervalos de noventa minutos, rara vez más de tres veces por día, con pausas regulares. En esta sintonía, la jornada laboral de doce horas ininterrumpidas no aparece como una opción razonable.

Estos resultados hablan a las claras de la necesidad de replantear los horarios laborales teniendo a disposición tantos aplicativos y tecnologías que permiten realizar lo mismo (y hasta mejor) sin necesidad de encerrarnos ocho, diez y hasta doce horas en un cuadrilatero de vidrio, cables, papeles, personas y pantallas. Internet como herramienta de teletrabajo no es un tema que haya modificado sustantivamente la vida corporativa, al menos en su dinámica interna.

Muchas compañías dicen estar a la vanguardia en materia de recursos humanos, otras ostentan los mejores espacios para trabajar, pero casi ninguna se atreve al gran salto que significa descentralizar y redefinir el trabajo presencial. La contradicción más grande es que compañías del mercado digital estén alimentando esta tendencia, tal el caso de Yahoo! Su flamante CEO de 37 años, Marissa Mayer, decidió eliminar el teletrabajo porque para ella es mejor trabajar cara a cara. “No creo que el agotamiento ocurra por la falta de sueño o por no hacer suficientes comidas adecuadas. Creo que el agotamiento proviene del resentimiento (?!). Es posible que trabajes demasiado, pero tiene que descubrir qué es lo que necesitas realmente para mantenerte activo, con energía, para no volverte resentido”, explicó.

“La libertad de trabajar fuera de una oficina fue una de las razones principales por las que dejé el mundo corporativo, hace ocho años (…) La idea de que todos los empleados deben permanecer sentados en el mismo lugar ocho horas al día, cinco días a la semana, me parecía ineficiente. Sabía que alcanzaba mi nivel máximo de productividad en ciertos momentos”, dijo Prerna Gupta al NYTimes.

La idea de que todo empleado debe estar en una oficina cinco días por semana se remonta a una época en la que los trabajadores no contaban con las herramientas adecuadas para trabajar desde su casa. Pero hoy en día, vivimos en un mundo muy diferente. Gupta está convencida de que en el mundo actual, en el que estamos constantemente conectados, la oficina debe ser reconcebida como un lugar de reunión para comunicar ideas y reforzar los vínculos personales.

En su empresa (Kush – comprada luego por Smule) los empleados van a la oficina tres días a la semana, durante cinco horas al día, más o menos a partir del mediodía. Todo el resto del trabajo lo hacen desde su casa, un café, una plaza, o cualquier otro sitio donde exista una conexión a internet.

Y añade: “a los empleados se les debe dar el respeto y la responsabilidad de administrar sus propios horarios y completar su trabajo en su propio tiempo (…) Las personas inteligentes siguen teniendo un mejor desempeño cuando pueden escoger cuándo y dónde trabajan (…) Las compañías deben desarrollar estrategias para eliminar los obstáculos restantes para trabajar desde casa”.

 

 

Verdades e ilusiones de un nativo digital: “estamos teniendo la conversación más grande de la historia”

Los jóvenes no solamente tienen voluntad de cambio, sino también de poder. Los jóvenes de verdad habitan en las redes sociales, en donde están protagonizando la conversación más grande de la historia. Los pensamientos se disparan de la mente acelerada de uno de los emprendedores más exitosos de la Argentina. Santiago Siri tiene 29 años y apuesta a la “ebullición creativa” de la web e imagina un futuro en el que el software amplíe y mejore la participación democrática.

La entrevista a Santiago publicada en el diario La Nación me llevó a dos lugares: una vieja sala de cine en dónde se proyectaban velozmente una saga de verdades en un lenguaje directo y sin rebusques (característico de las nuevas generaciones), y una isla desierta, con espejismos incluidos.

Empecemos por la sala de cine. Este emprendedor, que en sólo una década de juventud fundó una decena de iniciativas (actualmente lidera Grupo 42), cantó las cuarenta en una página entera que le dedicó el suplemento Enfoques, aunque a continuación sólo liste sólo siete de los comentarios que me parecieron más interesantes:

  • “Concebir internet con mentalidad del almacenero que quiere hacer plata es una interpretación muy burda. La economía basada en lo industrial, la economía del siglo XIX o XX, busca fundamentalmente ser eficiente porque los recursos eran escasos y la escasez requiere de eficacia. Pero en internet no hay recursos escasos. Al contrario, hay abundancia de información”.
  • “Van a surgir miles de Leonardos. Hoy entendemos que no es que el negocio es una cosa, el arte es otra y la ciencia es otra, sino que son los tres partes del mismo misterio”.
  • “Hubo un despertar generacional muy global a partir del uso de las redes sociales”.
  • Pensar que Axel Kicillof es un funcionario joven no tiene sentido. Kiciloff sólo es joven a los ojos de Cristina. Es un joven con patillas, una camisa que parece de Sandro y tiene 41 años. Es representante de lo que era la juventud de los 70, no de lo que es la juventud ahora. La Cámpora se inspira en un político que era un presidente en el año 73, hace 40 años. La juventud para mí, está en las redes sociales”.
  • “Los jóvenes de otras épocas -los hippies, los del Mayo Francés- tenían las ideas y las ganas, pero no tenían los instrumentos. Nuestra generación no solamente tiene la voluntad de cambio y el romanticismo inherente a la juventud sino que también tenemos el poder. Poder son las redes sociales. Nosotros las manejamos mejor que nadie“.
  • “La imprenta disrumpe cultura, economía y política como ningún otra. Pero es una tecnología de información de hace cinco siglos atrás. Ya no sirve más porque la realidad de hoy es mucho más dinámica. Por ejemplo, esta clase política está hecha en un 80% de abogados, porque el abogado es el hacker del viejo sistema. El abogado es el que entiende cómo manipular el contrato”.
  • “Un tuit es una unidad de pensamiento y, cuando retuitea, está “sinapsando” en una red de personas. Cada persona es una neurona en ese gran cerebro social. Estamos teniendo en Twitter la conversación más grande de la historia“.

Pero no todos fueron aciertos, según mi punto de vista. A veces, la pasión por algo lleva a pensar las cosas desde el pago chico y nos impide ver más allá. Eso sucede a menudo con quienes piensan velozmente el gran fenómeno que supone lo digital y el avance de lo inalámbrico. Así, en la isla me encontré sentado mirando al horizonte, con el sol apuntando directo a mis ojos. Encegecido.

La periodista que lo entrevistó lo describió como un “optimista del mundo en red”. Y realmente lo es. “Antes de que termine la década, internet y las redes sociales van a llegar al cien por ciento de la sociedad”, dijo. “Hay que expandir el ancho de banda de la participación democrática. Lo queremos hacer hackeando el sistema de una forma elegante, respetando las normas de lo que heredamos y disrrumpiéndolo de una forma sana”, sentenció. –¿No queda toda una sociedad que vive en condiciones más desesperantes fuera de todo esto?, preguntó Luciana Vázquez de La Nación. – “Eso es un mito. En Kenya se vendieron 350.000 smartphones en un día. El smartphone llega a lugares donde el Estado no llega y genera un acceso a la información, a la cultura. La idea de que la tecnología es lujo es una estupidez”, remató Siri. Y agregó después más optimista aún: “La penetración de smartphones en la Argentina está en el orden del 20 por ciento y se calcula que va a llegar al 70 por ciento para 2015”.

La realidad es que en Kenya, en donde la gente tiene una expectativa de vida de no más de 57 años, casi el 70% vive con menos de dos dólares por día (datos del Banco Mundial), difícilmente todo el mundo pueda comprar y mantener un smartphone. Hablamos de Kenya pero es la realidad de muchos otros países más.  Sin ir más lejos, en Argentina, mantener y usar a full un smartphone requiere como mínimo pagar un plan mensual de entre $150 y $200. Sinceramente no veo al 70% de la población pagando eso por mes y sólo en dos o tres años.

La verdad que muchas veces no se quiere ver es que así como internet y todas las tecnologías de la información despiertan nuevos fenómenos sociales y amplían las oportunidades de muchas personas, al mismo tiempo excluyen a otras tantas. Están en marcha muchas políticas inclusivas que buscan introducir las TIC en comunidades social y económicamente vulnerables, pero lo cierto es que la batalla aún está lejos de ganarse.

Odio pronunciar una frase adulta que otras veces me ha ofuscado, pero la creo conveniente a esta altura: hay una realidad muy distinta más allá de las pantallas.

Rural y urbano: una diferenciación que ya no tiene sentido

La tecnología móvil, recientemente, ha permitido el ingreso de millones de personas al mundo interconectado. Las redes sociales cautivan a personas de todas las edades y geografías. La señal de internet se caza en cafés, plazas, colectivos, escuelas del campo y la ciudad, mientras nos movemos por una ruta, tranqueras adentro, en algunos casos. Es por eso que en el campo de las TIC (aunque también en muchos otros) buscar diferencias entre lo urbano y lo rural casi ya no tienen sentido.

La explosión de las conexiones a través de la Red no sólo ha cambiado la manera de interactuar en las grandes ciudades. También las zonas rurales están siendo transformadas por la aparición de estas nuevas herramientas tecnológicas, destaca un informe de la BBC.

Un indicio de la popularidad que adquirieron las redes sociales en el campo es la aparición de sitios específicamente pensados para productores agrarios.  A finales de 2011 el Cono Sur tuvo su propia red social rural: Sojabook, un sitio creado por el argentino Mariano Torrubiano, que mezcla modalidades de las dos redes sociales más populares del mundo, Facebook y Twitter. En sólo unos meses el sitio atrajo a más de 13.000 usuarios.

La feria virtual de productos, artesanías y servicios para la agrofamilia creada por el INTA de Corrientes; la red de intercambio de información Yo Agricultor, impulsada por el Gobierno de Chile, son otros dos ejemplos que se suman a una extensa lista de experiencias sostenidas en TIC’s que tienen como protagonista a los actores de la ruralidad.

Torrubiano dijo a BBC Mundo que redes sociales como la suya están transformado la vida de muchos productores rurales, permitiendo un contacto entre campesinos de todo el mundo que hace pocos años hubiera sido imposible y cambiando la forma de trabajar de muchos.

Hace dos semanas atrás, en un seminario sobre la vida digital, organizado en San Luis por el INTA y la Universidad Católica de Cuyo, aparecieron opiniones (ver video con testimonios) y debates que abonan la idea de borrar los límites entre lo urbano y lo rural.

“Antes de mi incorporación al mundo tecnológico, uno de los problemas que veía era el aislamiento que vivía el productor agropecuario al estar mucho tiempo en el campo. Ahora tenemos la posibilidad de estar trabajando online mediante el uso de estas tecnologías”, opinó Ricardo, un productor agropecuario del centro de la provincia de San Luis, que elige a la Blackberry como su tecnología favorita ya que le permite gestionar su explotación a distancia, sin importar por dónde se encuentre.

Con una mirada desde la urbe, una profesional opinó parecido: “Si tuviera que pensar en alguna limitación entre el acceso a las tecnologías de la gente que está en la ciudad y la gente que está en el campo en realidad creo que hoy el acceso a las tecnologías está dado para todos por igual”.

Como limitación aún vigente apareció la cobertura de internet y telefonía móvil aún deficientes en algunos sectores de la ruralidad. “Yo creo que dentro de algunos años (la vida digital) no se daría sólo en la ciudad sino que también en el campo, y todos utilizaríamos la mayor parte del tiempo estas tecnologías”, concluyó un profesional informático.

Lo rural en lo urbano, lo urbano en lo rural. Una dimensión impacta a la otra, generando nuevas relaciones, vínculos y concepciones intermedias y más inclusivas, como la denominada rurbanidad. Lo urbano como reservorio de la modernidad y lo rural como sinónimo del atraso, es otra mirada que también debe formar parte del pasado. El acceso y disponibilidad de las tecnologías es sólo un ejemplo de cuán errónea resulta dicha afirmación.

Una simbiosis que no nace exclusivamente a partir de las nuevas tecnologías sino que se inscribe en un marco más general que tiene que ver con una nueva ruralidad que viene emergiendo con fuerza en América Latina y otros rincones del mundo.