Lecciones de la India: el people-centric impulsa una nueva ola de inclusión digital

La India es un coloso de casi 1.310 millones de personas que ha vivido el último medio siglo con muchos sobresaltos. Desde su independencia del Reino Unido en 1947, la nueva república ha enfrentado desde repetidas y severas crisis geopolíticas – algunas internas pero también con sus vecinos (China, Pakistán, Sri Lanka) – que casi la llevan a conflictos nucleares, hasta ataques terroristas que provocaron el asesinato de tres de los 18 primeros ministros que ha tenido el país, entre ellos el mítico Mahatma Gandhi, líder del movimiento político que terminó por consolidar la independencia.

Setenta años después de separarse de los británicos (el próximo 15 de agosto habrá festejos en todo el país), la India es un país que – a pesar de la gran desorganización que la atraviesa y  los problemas estructurales que la acechan – ha comenzado a resolver con simpleza algunos dilemas de la inclusión digital.

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El tráfico de todos los días en Hyderabad, la cuarta ciudad más grande de la India.

La India es como una autopista (muy congestionada por cierto) de varios pisos, en donde todo fluye pero mezclado y de un modo caótico. En la calle conviven animales, motos, autos, camionetas, “tuk tuk” y mucha (pero mucha) gente. A ello sumamos la complejidad que implican las más de 20 lenguas que coexisten (más no siempre conviven) en todo el país.

Como el tránsito, nada es tan simple de lograr en la India: desde querer tomar un taxi hasta pedir algo en la calle, mucho más aún lidiar con la burocracia estatal o la empresaria, puede llevar, a quien lo intente, a una especie de odisea hacia el espacio.

No hace mucho, algunos líderes políticos se dieron cuenta que este desorden tenía un alto costo para el país, tanto en el frente interno como el externo, y no sólo en términos monetarios. Las tecnologías digitales – muchas veces demonizadas y temidas por éste como otros gobiernos de la región – aparecieron como una solución rápida y accesible para intentar domar el caos.

Fue así que el Gobierno central decidió en 2015 impulsar una plataforma de conectividad, inclusión y alfabetización tecnológica, denominada Digital India, que en sus primeros años ya ha demandado una inversión superior a los 3.300 millones de dólares, a la vez que ha logrado captar no sólo el interés del sector privado – incluyendo a gigantes mundiales de la tecnología – sino también a las comunidades y el tercer sector.

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El Primer Ministro indio,  Narendra Modi, presenta el programa Digital India en San Jose, California (26 de septiembre de 2015). Fuente: Prensa PM Modi.

En este escenario emergió con más fuerza el hub tecnológico del sur indio, conocido como el Silicon Valley Triangle, integrado por Bangalore (a la cabeza), Hyderabad y Chennai. Allí, Google, Facebook, Microsoft, Amazon, Oracle, IBM, Apple, junto al gigante nacional Infosys, y otras empresas de diversa envergadura, impulsan una suerte de incubadoras de ideas y proyectos, a través de cientos de startups y decenas de proyectos de inversión que incluso están trascendiendo las fronteras del país.

Las administraciones públicas regionales no se han quedado al margen de este impulso de lo digital. Pude conocer personalmente los avances de los gobiernos de Andhra Pradesh,  Telangana y Karnataka – en el sur del país -, Estados que han desarrollado novedosas estrategias de e-governament incluyendo la participación activa de los ciudadanos en distintas etapas del proceso, una fortaleza que ha terminado por expandir el espectro de acción internet en actividades cotidianas a la vez que ha permitido el ingreso al mundo digital de millones de indios en la última década.

Recientemente la fiebre por el Big Data ha despertado el interés de los organismos públicos por aprovechar el potencial de los datos que producen a diario las millones de personas que se han conectado a la red en la última década. Así, no sólo empresas sino también algunos gobiernos regionales ya están experimentando con el Deep Planning, sostenido ya no únicamente en análisis predictivos de usuarios sino también en modelos prescriptivos de acción anticipada, a partir de sistemas que aprenden del comportamiento de los seres humanos y actúan en consecuencia.

Así se produce un desplazamiento interesante en el modelo digital de algunas oficinas de gobierno, que ya están transitando un pasaje que va del clásico e-governament (enfoque centrado en aplicativos y servicios) al Smart Governance, un sistema dinámico que integra diversas fuentes y herramientas para comprender mejor a los ciudadanos y actuar en tiempo real.

Estos programas – apoyados desde el gobierno central a partir de Digital India – abrazan la filosofía del people-centric, que propone el diseño de sistemas y aplicativos que giren en torno a necesidades reales de la gente, a un costo bajo, sobre la base del uso de dispositivos de acceso masivo. En oposición a la tecnología que gira en torno a los aparatos (thing-centric), la propuesta es ir hacia una “internet de la gente“, en palabras de Fernando Boavida (2015).

“Mobile phones are increasingly more powerful and disseminated. On the other hand, social networks and virtual worlds are experiencing an exploding popularity and have millions of users. These low-cost technologies can now be used to create an Internet of People (IoP), a dynamically configurable integration platform of connected smart objects that allows enhanced, people-centric applications”. Boavida, F. (2015)

En la India – explica el profesor Madhava Rao del National Institute of Rural Development (NIRD) con base en Hyderabad – internet ha venido a solucionar el grave problema que el país tiene con la gestión de los recursos (de todo tipo) para su enorme población, que según algunas proyecciones podría superar a la china en poco más de cinco años. El impulso digital “nos está ayudando a reducir los costos y tomar decisiones más efectivas; gracias a que la gente está comprendiendo de a poco que esta es una buena herramienta para cambiar lo que está mal. La infraestructura de telecomunicaciones puede hacer las cosas posible pero es la gente la que puede hacer que esas transformaciones ocurran”, concluye.

Los que gestionan las instituciones públicas ven en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) una oportunidad histórica para transformar para siembre la forma de hacer gobierno. “Para ser exitosos con la incursión de internet, tenemos que simplificar los procesos a los ciudadanos. Sabemos que si diseñamos procedimientos complejos produciremos el efecto contrario. Alentamos a que las administraciones públicas integren y simplifiquen sus plataformas en una sola ventana, es decir que la gente tenga que ir a un solo lugar para resolver el proceso”, me explicó el Dr. B. Murali del Departamento de Tecnologías de la Información del Gobierno de la India.

La brecha digital ya no puede entenderse sólo a partir del dilema del acceso; necesita problematizarse además en términos de usabilidad. “Internet tiene que cambiar la naturaleza del intercambio entre la gente y las empresas con el gobierno. Para ello es necesario descentralizar, diseñar experiencias de usuario centradas en sus necesidades, ir hacia una ‘citizen interface’ y así minimizar la brecha digital”, opina R. Chakradhar del Center for Good Governance 

El programa federal de impulso digital busca optimizar los servicios de gobierno pero al mismo tiempo favorecer el empoderamiento ciudadano de lo digital. Un pilar clave que integra esas dos dimensiones es la infraestructura de conectividad para lo cual los Estados se están sirviendo de alianzas con el sector privado para llevar telefonía, internet y datos móviles (principalmente) a los lugares que aún no tienen acceso.

El resultado de esta alianza no está resultando del todo bien. Usuarios de distintos ambientes con los que pude hablar mencionan que – al igual que en Sudamérica – las empresas sólo están conectado aquellos sitios que garantizan cierta rentabilidad, quedando las zonas rurales relegadas. Datos oficiales calculan que unas 43.000 pequeñas localidades en toda la India aún no poseen cobertura móvil, en un país en donde el 65% de la población vive en zonas rurales. Una mayor proporción aún ni tiene acceso a la electricidad: unos 150.000 pueblos en todo el país, calculan entes nacionales.

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A pesar de los desbalances, la conectividad móvil sigue extendiéndose en la India, aunque con marcos tarifarios costosos para la población promedio. Los planes tienen muchos minutos de voz pero pocos GB de datos. La “internet móvil ilimitada” vale oro en este país y no es comúnmente ofertada por los prestadores. 

En las zonas rurales el foco está en convencer a millones de personas sobre que internet puede hacer más fácil las cosas, cuestión que no resulta tan simple de lograr. Allí – en donde viven unos 851 millones, lo mismo que resultaría de sumar la gente que vive en Europa, Oceanía y América Central – el desafío pasa por entender los miedos de los pobladores y proyectar luego aplicaciones simples y concretas.

En este escenario los desarrolladores se están topando con los desafíos de la diversidad multilingüe del país y la grave pobreza que aún persiste (sin quitar mérito a los grandes avances en su mitigación), a la vez que con la necesidad de diseñar sistemas híbridos que logren desempeñarse en ambientes de conectividad inestable como así también capaces de integrarse con tecnologías anteriores como el SMS y dispositivos rústicos, adultos mayores en un mercado dominado por los smartphones. El desafìo está pasando – entonces – por impulsar la inclusividad digital de la mano de la gestión y el respeto de la diversidad cultural.

El gobierno de Telangana viene trabajando en esta línea y en los últimos años ha instalado unos 4.500 centros de acceso a internet y generado unos 600 servicios online a disposición de sus pobladores. Esto los ha llevado a ser el Estado con más transacciones online cada mil habitantes de toda India.

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Las mujeres vienen protagonizando muchas de las transformaciones recientes en la agricultura familiar de la India; incluso en el plano de lo digital. 

 

Si bien el fenómeno es relativamente reciente, me aventuro a pensar que la India ha experimentado una de las expansiones más importantes de internet en los últimos años.

Los datos de Internet Live Stats muestran de hecho un salto gigantesco: de 5.5 millones de personas conectadas en el año 2000 a los 462.1 millones actuales (más que toda la población de Sudamérica). En términos de porcentaje esto significa una evolución de la penetración del 0,5% al 35% de la población en menos de dos décadas.

A esta postal hay que sumar el panorama de la telefonía móvil, que sigue su avance vertiginoso y ya ha superado las 1.000 millones de suscripciones, de las cuales unas 371 millones incluyen acceso a la red (lo que equivale al 80% de todos los usuarios que se conectan en el país). Los números fantásticos no terminan aquí; por citar sólo dos más: sólo en el último año (2016) India sumó 65 millones de nuevos usuarios de internet móvil; un año antes, en 2015, los negocios despacharon unos 95 millones de smartphones nuevos.

“Tenemos que amalgamar el conocimiento local incubado en estos años por la comunidad con las herramientas digitales. Hay que avanzar pero conscientes de que las TIC ofrecen sólo una parte de la solución; debemos conectar la tecnología con los problemas, necesidades y posibilidades reales de nuestra gente para que esta transformación aspire a un mediano plazo”, explica Kathiresan Chinnusamy, coordinador de un proyecto de agricultura de precisión que combina IoT, inteligencia artificial y prototipos de conectividad rural.

En su contacto con productores agropecuarios, Kathiresan aprendió una lección que se encuentra en el corazón del modelo people-centric que está marcando a fuego una nueva ola de inclusión digital en la India: “la tecnología tiene que gozar de credibilidad del usuario; por más que nosotros estemos convencidos de que internet puede cambiarlo todo, la credibilidad social en los dispositivos que diseñemos determinará, en definitiva, la usabilidad y la utilidad social de la tecnología”, concluye.

Desafíos por delante? Muchos. Por sólo mencionar algunos:

  • No darse por satisfecho y continuar trabajando para incluir a un porcentaje mayor de la población.
  • La enorme población que no para de crecer es cada vez más voraz de datos, lo cual demanda la necesidad de encontrar alternativas de almacenaje y gestión de datos a costos que el país pueda afrontar.
  • La conectividad rural necesita incrementarse de la mano de una regulación estatal más intensa.
  • Las altas tarifas están impidiendo el aprovechamiento de las enormes potencialidades de internet en una importante porción de la sociedad conectada.
  • Con tanta gente conectada en tan poco tiempo, la ciberseguridad necesita incrementarse y pensarse como un componente más de la alfabetización digital.
  • Es necesario mejorar la calidad en la captura, proceso y publicación de la información.
  • Generar contenidos diversificados es una de las grandes deudas del programa de incentivo digital, que en esta etapa está más preocupado en el acceso y los servicios.
  • El Gobierno indio bloquea actualmente algunos sitios por considerarlos inapropiados. No hay ninguna política digital que pueda prevalecer a largo plazo sobre la base de la censura previa.
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En los últimos años se han abierto cientos de centros de formación vinculados a las TIC, sobre todo en el sur de la India. Este es el ejemplo de un instituto del NIRD que se dedica a fortalecer las capacidades de profesionales vinculados al desarrollo agropecuario y rural del país. 

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La economía digital y la emergencia de una cuarta revolución industrial

Cada medio siglo, la economía mundial es transformada por una revolución tecnológica, dice Schumpeter. Cada una de estas revoluciones combina nuevas tecnologías multipropósito, una red de infraestructura que extiende y acelera el comercio y las comunicaciones, y un nuevo paradigma de óptima práctica organizativa y de innovación

Varios analistas coinciden en apuntar que en la actualidad estamos dejando atrás la revolución de la producción en masa, también llamada fordista o del automóvil , y entrando de lleno en la revolución de las llamadas TIC, las tecnologías de la información y la comunicación.

El paradigma fordista estaba basado en la energía barata para el transporte, la electricidad y los materiales sintéticos; mientras que el actual paradigma de las TIC se basa en la información, las telecomunicaciones y la microelectrónica a bajo costo, más allá de los cambios políticos, económicos, sociales y culturales, que al mismo tiempo vienen impulsando en diversas esferas de la vida y la actividad humana.

Académicos y empresarios globales marcan el inicio de la Industria 4.0, una especie de Cuarta Revolución Industrial, que se ve potenciada por las tecnologías digitales. Este año, en diversos foros mundiales, sobre todo en el Davos, empresas e industrias líderes coincidieron en que se aproxima una nueva gran ola de innovaciones que profundizarán más aún la digitalización del comercio, la industria y la producción.

Al desarrollo de la digitalización y la generalización de la TIC se unen ahora la producción y la conectividad de red, haciendo posible las fábricas “inteligentes”, donde las máquinas se comunican entre sí. Las empresas pueden adaptar productos y servicios individuales para los clientes en cualquier parte del mundo y los clientes, ajustar la configuración de fábrica para crear sus propios productos, publica en su web Expense Reduction Analyst.

Uno de los fundadores del World Economic Forum, Klaus Schwab, ha publicado recientemente el libro “The Fourth Industrial Revolution” (2016, WEF). A propósito de esta publicación, un editor del Financial Times concluye que bajo el paradigma de lo digital las relaciones históricas entre oferta y demanda mutan tanto como los modelos de negocio se reconvierten cuantas veces sea necesario para ajustarse a la nueva economía digital de las relaciones. Ya no es necesario poseer el gran capital para garantizar el éxito; una (excelente) idea basta.

“New technologies are hitting both the supply and the demand side of business, meaning it is often far better to own a platform that brings consumers together than the underlying asset. Citing an article on the TechCrunch website, he notes that Uber, the world’s largest taxi company, owns no vehicles; Facebook, the most popular media owner, creates no content; Alibaba, the most valuable retailer, has no inventory; and Airbnb, the largest accommodation provider, owns no property” (John Thornhill, Financial Times, 2016).

Detrás de esta agitada revolución se esconde el apogeo de la internet de las cosas, un concepto acuñado por Kevin Ashton del MIT a finales del siglo pasado que se refiere a la interconexión digital de objetos cotidianos con internet. En efecto, bajo este paraguas el mundo interconectado está creciendo exponencialmente y podría llegar a los 25.000 millones de dispositivos conectados en el año 2020, según las proyecciones de Gartner.

En su reciente visita a la Argentina, Manuel Castells, el académico más citado del mundo en torno a las TIC, no pasó por alto la actual encrucijada entre humanidad, modelos de desarrollo y tecnologías:

En  1991, había 16 millones de abonados de teléfonos móviles en el mundo; actualmente hay 7.000 millones. En Argentina, la tasa de penetración de celulares en este momento es de 140 por ciento, es decir, existen más números de teléfonos móviles que personas. Y la mayoría de esos aparatos son inteligentes, son computadoras en la mano. Estamos en la fase de la interconexión total de la población humana: hay 3.500 millones de personas conectadas a las redes sociales (…) Estamos entrando en una nueva etapa, a la que llamo Internet de las cosas, en la que todos los objetos que nos rodean estarán gradualmente conectados entre sí, por lo tanto, la interconexión de la sociedad humana se completó y está comenzando la conexión de los objetos con los que convivimos. (Manuel Castells, UNC, 2016)

El panorama optimista se presenta (y se extiende) aún cuando hoy casi el 60% de la población mundial sigue sin acceder a internet; o incluso aún cuando ni el sector público ni el privado terminan de resolver efectivamente y coordinadamente la integración urbano – rural en la infraestructura de datos.

Sucede que hablar de TIC está de moda: primero fue los círculos de las ciencias humanas y sociales; y más recientemente el tema se hace cada vez omnipreste al momento de discutir desde procesos productivos hasta los modelos de desarrollo.

Lo cierto es que el avance hacia tecnologías como éstas se produce a espaldas de muchos de sus beneficios: desde su bajo impacto ambiental hasta las posibilidades que se abren para la automatización de procesos.

Y está comprobado que la aplicación de TIC resulta no sólo en grandes industrias como las que participan en Davos; también en todo tipo de escalas productivas. En el ámbito agropecuario, puntualmente, investigaciones del INTA a nivel provincial y regional dan cuenta que las TIC vienen configurado nuevas experiencias en empresas familiares, transformando no sólo ciertas prácticas de producción sino también modos de comunicación, gestión y organización en explotaciones de diversas escalas.

También es cierto -y es necesario saberlo – que no toda introducción de TIC es necesariamente positiva, es decir, resulta en una buena experiencia. En la última conferencia que ofreció en Buenos Aires, Manuel Castells hizo referencia a un estudio del MIT que – sobre la base de 800 casos de empresas – determinó que las TIC sólo producen mejoras en organizaciones flexibles con modelos de gestión horizontal; en las estructuras verticalistas y rígidas, las tecnologías empeoran más aún el panorama y profundizan la burocratización de los procesos. Es decir, con la tecnología y los recursos disponibles no alcanza del todo; la adaptación organizacional, la visión y la apertura, entre muchos otros factores, también tienen un peso decisivo.

¿Son las TIC una solución para muchos de nuestros problemas productivos o económicos cotidianos?¿Todos los cambios que experimentamos cotidianamente son lo suficientemente profundos como para pensar que el mundo ha cambiado a partir de las TIC, que la economía ya no volverá a ser la misma sin estos dispositivos y aplicativos?

Creo en este sentido que el debate debe avanzar hacia un segundo (tercer o cuarto) nivel: poner en foco el aporte real y concreto que estas tecnologías pueden aportar a nuestro mundo, a nuestras sociedades, no sólo para que nuestra vida sea más fácil y cómoda, sino para progresar hacia sistemas de producción, consumo y distribución más innovadores y eficientes, pero al mismo tiempo inclusivos y ambientalmente responsables.-