La economía digital y la emergencia de una cuarta revolución industrial

Cada medio siglo, la economía mundial es transformada por una revolución tecnológica, dice Schumpeter. Cada una de estas revoluciones combina nuevas tecnologías multipropósito, una red de infraestructura que extiende y acelera el comercio y las comunicaciones, y un nuevo paradigma de óptima práctica organizativa y de innovación

Varios analistas coinciden en apuntar que en la actualidad estamos dejando atrás la revolución de la producción en masa, también llamada fordista o del automóvil , y entrando de lleno en la revolución de las llamadas TIC, las tecnologías de la información y la comunicación.

El paradigma fordista estaba basado en la energía barata para el transporte, la electricidad y los materiales sintéticos; mientras que el actual paradigma de las TIC se basa en la información, las telecomunicaciones y la microelectrónica a bajo costo, más allá de los cambios políticos, económicos, sociales y culturales, que al mismo tiempo vienen impulsando en diversas esferas de la vida y la actividad humana.

Académicos y empresarios globales marcan el inicio de la Industria 4.0, una especie de Cuarta Revolución Industrial, que se ve potenciada por las tecnologías digitales. Este año, en diversos foros mundiales, sobre todo en el Davos, empresas e industrias líderes coincidieron en que se aproxima una nueva gran ola de innovaciones que profundizarán más aún la digitalización del comercio, la industria y la producción.

Al desarrollo de la digitalización y la generalización de la TIC se unen ahora la producción y la conectividad de red, haciendo posible las fábricas “inteligentes”, donde las máquinas se comunican entre sí. Las empresas pueden adaptar productos y servicios individuales para los clientes en cualquier parte del mundo y los clientes, ajustar la configuración de fábrica para crear sus propios productos, publica en su web Expense Reduction Analyst.

Uno de los fundadores del World Economic Forum, Klaus Schwab, ha publicado recientemente el libro “The Fourth Industrial Revolution” (2016, WEF). A propósito de esta publicación, un editor del Financial Times concluye que bajo el paradigma de lo digital las relaciones históricas entre oferta y demanda mutan tanto como los modelos de negocio se reconvierten cuantas veces sea necesario para ajustarse a la nueva economía digital de las relaciones. Ya no es necesario poseer el gran capital para garantizar el éxito; una (excelente) idea basta.

“New technologies are hitting both the supply and the demand side of business, meaning it is often far better to own a platform that brings consumers together than the underlying asset. Citing an article on the TechCrunch website, he notes that Uber, the world’s largest taxi company, owns no vehicles; Facebook, the most popular media owner, creates no content; Alibaba, the most valuable retailer, has no inventory; and Airbnb, the largest accommodation provider, owns no property” (John Thornhill, Financial Times, 2016).

Detrás de esta agitada revolución se esconde el apogeo de la internet de las cosas, un concepto acuñado por Kevin Ashton del MIT a finales del siglo pasado que se refiere a la interconexión digital de objetos cotidianos con internet. En efecto, bajo este paraguas el mundo interconectado está creciendo exponencialmente y podría llegar a los 25.000 millones de dispositivos conectados en el año 2020, según las proyecciones de Gartner.

En su reciente visita a la Argentina, Manuel Castells, el académico más citado del mundo en torno a las TIC, no pasó por alto la actual encrucijada entre humanidad, modelos de desarrollo y tecnologías:

En  1991, había 16 millones de abonados de teléfonos móviles en el mundo; actualmente hay 7.000 millones. En Argentina, la tasa de penetración de celulares en este momento es de 140 por ciento, es decir, existen más números de teléfonos móviles que personas. Y la mayoría de esos aparatos son inteligentes, son computadoras en la mano. Estamos en la fase de la interconexión total de la población humana: hay 3.500 millones de personas conectadas a las redes sociales (…) Estamos entrando en una nueva etapa, a la que llamo Internet de las cosas, en la que todos los objetos que nos rodean estarán gradualmente conectados entre sí, por lo tanto, la interconexión de la sociedad humana se completó y está comenzando la conexión de los objetos con los que convivimos. (Manuel Castells, UNC, 2016)

El panorama optimista se presenta (y se extiende) aún cuando hoy casi el 60% de la población mundial sigue sin acceder a internet; o incluso aún cuando ni el sector público ni el privado terminan de resolver efectivamente y coordinadamente la integración urbano – rural en la infraestructura de datos.

Sucede que hablar de TIC está de moda: primero fue los círculos de las ciencias humanas y sociales; y más recientemente el tema se hace cada vez omnipreste al momento de discutir desde procesos productivos hasta los modelos de desarrollo.

Lo cierto es que el avance hacia tecnologías como éstas se produce a espaldas de muchos de sus beneficios: desde su bajo impacto ambiental hasta las posibilidades que se abren para la automatización de procesos.

Y está comprobado que la aplicación de TIC resulta no sólo en grandes industrias como las que participan en Davos; también en todo tipo de escalas productivas. En el ámbito agropecuario, puntualmente, investigaciones del INTA a nivel provincial y regional dan cuenta que las TIC vienen configurado nuevas experiencias en empresas familiares, transformando no sólo ciertas prácticas de producción sino también modos de comunicación, gestión y organización en explotaciones de diversas escalas.

También es cierto -y es necesario saberlo – que no toda introducción de TIC es necesariamente positiva, es decir, resulta en una buena experiencia. En la última conferencia que ofreció en Buenos Aires, Manuel Castells hizo referencia a un estudio del MIT que – sobre la base de 800 casos de empresas – determinó que las TIC sólo producen mejoras en organizaciones flexibles con modelos de gestión horizontal; en las estructuras verticalistas y rígidas, las tecnologías empeoran más aún el panorama y profundizan la burocratización de los procesos. Es decir, con la tecnología y los recursos disponibles no alcanza del todo; la adaptación organizacional, la visión y la apertura, entre muchos otros factores, también tienen un peso decisivo.

¿Son las TIC una solución para muchos de nuestros problemas productivos o económicos cotidianos?¿Todos los cambios que experimentamos cotidianamente son lo suficientemente profundos como para pensar que el mundo ha cambiado a partir de las TIC, que la economía ya no volverá a ser la misma sin estos dispositivos y aplicativos?

Creo en este sentido que el debate debe avanzar hacia un segundo (tercer o cuarto) nivel: poner en foco el aporte real y concreto que estas tecnologías pueden aportar a nuestro mundo, a nuestras sociedades, no sólo para que nuestra vida sea más fácil y cómoda, sino para progresar hacia sistemas de producción, consumo y distribución más innovadores y eficientes, pero al mismo tiempo inclusivos y ambientalmente responsables.-

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